MIEDO A LA LIBERTAD 1

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Hace unos pocos días que fui al cine llevado más por la curiosidad del enfoque de parodia que se hico de una película sobre el NAZISMO que por el tan explotado tema en sí, la cual me dio qué pensar.

El protagonista es un niño que junto con otros compañeros de su misma edad son adoctrinados en la escuela en esta belicosa ideología para que sean unos soldados adictos al régimen y aprendan a hacer la guerra y a matar sin ningún escrúpulo.

Los niños que como es natural no tienen una personalidad lo suficientemente formada se toman aquellas enseñanzas como un juego sin apercibirse de lo que éstas significan.

Tanto es así que el protagonista tiene un "amigo imaginario"; un arquetipo mental que le hace de guía y le dice cómo tiene que comportarse en la vida para ser u buen nazi, el cual es nada menos que el propio Hitler.

Sin embargo su madre tiene escondida en su casa a una niña judía, y el chico al descubrirla y tratar con ella irá viendo que la joven lejos de pertenecer a una raza perversa y monstruosa como le habían inculcado los mandamases, es tan humana como cualquiera de nosotros con sus defectos y virtudes, por lo que los prejuicios racistas que el partido que gobierna a la nación respecto a los judíos va pregonando sin cesar se pone en evidencia que son tan falsos como demenciales.

Posteriormente al joven protgonista este modelo político tan nefasto se le desmorona de golpe cuando ve a su madre a quien por supuesto él la quería, asesinada por los nazis en plena vía pública.

De manera que cuando al niño se le vuelve a aparecer el "fantasma" de Hitler para manipular su vida éste le da una patada en el trasero y lo lanza de cabeza por la ventana a la calle.

Y en aquel momento yo tuve la convicción de que precisamente eso mismo es lo que una persona tiene que hacer si desea vivir en libertad. Sacudirse de encima cualquier doctrina dogmática, absorvente dictada desde el Poder, el cual se adjudica el papel de ser un "elegido" del destino. Y éste sabiendo además lo muy frágil que puede ser la voluntad humana, a través de una poderosa y grandilocuente propaganda que es capaz de imprimir una fuerte impresión egocéntrica en el inconsciente de la gente, cual una potente sugestión que la manipula para su conveniencia y para su causa sin respetar en absoluto lo que la conciencia humana pueda dar de sí en un sentido vital.

Pero esta manipulación política y de una ideología nacionalista en la población aunque sea de un otro color hoy en día en plena democracia se sigue practicando sea en los medios de comunicación y en bastantes escuelas.

A mucha gente le importa más el asumir sin discusión una doctrina, un cliché de un colectivismo gregario que pasa por alto la manera de ser autónoma de cada cual con el mismo dogmatismo religioso de épocas pasadas, que el analizar los pros y los contras de una situación dada.

Tan pronto como sacralizamos una cosa, a una idea nadamos contracorriente en el río de la vida, adoptamos una postura antinatural porque la conciencia humana desde el origen del lenguaje que le permite inventar, conlleva un dar de sí, un proyectarse hacia nuevos horizontes que contradice el inmovilismo que siempre subyace en el mito que se hace de cada cosa. Sea el sol o la Patria.

La cosa en sí misma en relación con el cosmos, con la Naturaleza en general bien poco nos puede decir. Es relativa. Pues todo tiene la importancia que subjetivamente un sujeto le quiera dar a dicha cosa, a partir de la impresión que ésta le produce y que asimismo puede ser engañosa, pero que a la vez está sujeta a intereses económicos y de poder.

No obstante hay miedo a la libertad desnuda. " Como el señor que está arriba tendrá una información que yo no poseo, lo que dice tiene que ser la gran VERDAD" - se piensa a menudo-. Por tanto a la gente común que vive en una crónica inseguridad anímica le resulta más fácil el agarrarse como a un clavo ardiendo a cualquier ideología de connotación sectaria que le guíe por donde tiene que ir. En consecuencia la democracia, el concepto de libertad se ha convertido en una utopía, en un formulismo para ir a votar cuando toque, pero que paradógicamente este votante sigue sacralizando a la cosa, a la idea como en el pasado. Y a esta sacralización en sí misma se la llama "libertad de pensamiento" cuando en realidad el pensamiento brilla por su ausencia.

No hace mucho que fui a una tertulia literaria en la que se comentó una magnífica novela llamada PATRIA que refleja el terrorismo de ETA en el pueblo vasco y sus consecuencias a nivel social. En esta novela se especifica muy bien que a la cosa, en este caso a la patria el hecho de que un grupo de gente exageradamente emotiva y muy poco racional subiera en un altar a la cosa, daba lugar a que estas personas cayeran en el ciego fanatismo y asesinaran sin piedad a quienes no estaban de acuerdo con su ideal.

Entonces una mujer de la tertulia explicó que había tenido un "simpático" amigo nacionalista vasco, pero que cuando ella le dijo que ninguna idea vale para cobrarse una vida; es decir que la vida humana con las posibilidades vitales de la conciencia siempre está por encima de una idea determinada o de una creencia, este "simpático" amigo la trató con un desprecio absoluto; como si ella fuese una pobre ilusa.

Lo muy bueno que tienen las tertulias literarias es que por medio del tema de la novela, por asociación de ideas se ponen sobre la mesa aspectos de la vida de quienes están allí y se reflexiona sobre los mismos; que es justamente este dar de sí de la conciencia humana.

Por eso es conveniente atender primero a nuestro yo personal antes que a la cosa, sea con el Arte, las relaciones humanas, la lectura y la escritura - como venimos haciendo- si queremos cultivar como una planta nuestra de sujetos, y no de objetos de nada ni de nadie.

 

 


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