Perfectos Desconocidos

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Enviado el , clasificado en Amor / Románticos
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Afuera llovía como la primera vez que la vi. Ese día me dirigía a la universidad y al bajar de la micro vi que también se bajaba ella pero que tenía toda la ropa mojada por la lluvia. Tenía el cabello rubio, tez blanca y vestía una parca rosada con jeans ajustados. Abrí el paraguas y me acerqué a ella, mientras sonreía, observé sus ojos claros que me dejaron perplejo por unos segundos.

-Gracias por compartir tu paraguas –me dijo- Dejé el mío en casa y tuve que irme corriendo al paradero para no mojarme tanto.

Entré en si y le pregunté a donde iba para acompañarla. Me dijo que tenía que comprar un regalo para su mamá que estaba de cumpleaños en unos días.

-Entonces te acompaño -le dije- Sino te vas a mojar más y terminarás resfriándote.

Pasamos toda la tarde juntos, la acompañé al mall a comprar el regalo para su mamá, luego la invité un café y paseamos por las calles. En ese momento poco importaba el paraguas, poco importaba ir a la U, éramos dos locos corriendo bajo la lluvia, jugando como niños pequeños sin importar que nos pudiéramos enfermar después. La gente nos miraba extrañados, pero no nos interesaba realmente, yo solo pensaba que nunca me había sentido como en aquel momento, con tanta vida, tanta alegría, tanto éxtasis en los pies y en las manos.

Pasó el cumple de su mamá y a los días después nos volvimos a juntar para ir al cine, otro día fuimos a jugar bowling y al siguiente fuimos a probar los pasteles de un nuevo café que se había abierto. Las conversaciones por whatsapp eran eternas, y cuando no podíamos juntarnos siempre estaba la opción de vernos por Skype y reírnos de cualquier cosa hasta altas horas de la noche.

Creo que sabes que estás enamorado cuando después de ver tanto tiempo a esa persona, aún sigues sintiendo ese extraño hormigueo por cada rincón de tu cuerpo, cuando sigues pensando en ella aunque no estés siempre a su lado y solo deseas verla feliz. Creo que sabes que te enamoraste cuando lo único que necesitas en tu día es ver una risa haciéndole cosquillas en el corazón y sus ojos entienden a la perfección la melodía de tus silencios.

Hasta que llegó el día en que se acabaría todo. Su familia quería que ella estudiara en una universidad privada pero ella siempre soñó con entrar a estudiar derecho en una universidad estatal. Lamentablemente, su puntaje solo le alcanzaba para estudiar fuera de Santiago y se peleó con toda su familia para poder marcharse.

Después de haberme contado que se iba, le pregunté donde se marchaba para poder ir a verla regularmente y le dije también que podía quedarse en mi casa cuando estuviera por acá en Santiago, pero ella solo movió la cabeza y me dijo que no mencionaría donde se iba porque sabía que si lo hacía, yo iría a buscarla. Peleamos durante todo ese rato y ella solo repetía que no quería hacerme daño, que ahora tenía muchas cosas en la cabeza y que lo nuestro nunca funcionaría a distancia.

-Por favor, perdóname, pero yo…no puedo –me dijo con lágrimas en los ojos mientras se despedía y la vi marchar por la calle aquella noche.

No la volví a ver desde ese día, se marchó sin decirme cuando ni a donde. Ni siquiera pude ir a despedirme de ella al terminal de buses. Les pregunté a sus padres pero ellos no me quisieron decir y me cerraron la puerta en la cara dejándome en claro que nunca más les volviera a preguntar. Ni hablar de su celular que cada vez que llamaba, me decía que el número marcado estaba fuera de servicio.

Han pasado 4 años y afuera sigue lloviendo. Decido salir a caminar para despejar mi mente y mientras paseo por las calles inundadas logro ver a lo lejos una chica rubia con parca rosada caminando de la mano con otro tipo en mi misma dirección. Él le habla y ella se ríe a carcajadas. ¡No puede ser! ¡Es ella! ¿Qué hace aquí? ¿Con quién va de la mano? Seguí caminando y nos topamos de frente, ella me mira y yo hago lo mismo, nuestras miradas se cruzan durante unos breves segundos y luego sigue hablando con el tipo que la acompaña mientras yo sigo caminando. Se ve feliz. Supongo que debemos seguir permaneciendo como perfectos desconocidos.


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