WELTSCHMERZ - A veces el mundo duele. 01.3

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Al regresar el pueblo me encontré con personas que, por lo pequeño del pueblo, se enteraron de mi partida, siendo objeto de bendiciones para encontrar una buena ciudad donde residir, otras diciéndome de que tenía que ser alguien tan buena como mi madre, quien les ayudaba en todo lo que podía con sus conocimientos de Hechicería siendo ella un especializada en las plantas, cosa que es magnífica para sus campos de cosecha, ¿solo es buena porque les beneficia?, y otros saludos deseándome lo mejor. De camino me encontré con mi grupo de amigas que no decían nada más que "ojala, encuentres chicos guapos, ya sabes, aquí todos son... todo lo contrario", comentario que ocasiono que todas nos riéramos, "Bueno, eres la única bruja de nuestra edad, por no decir la única, ¿qué será de nosotras sin tener de alguien que nos saque de los apuros? ¿Verdad que sí, chicas? - Todas asentían en afirmación- ¿Es realmente necesario que viajes?, te harás de extrañar.", no era la primera vez que me lo decían, entendía, trate de hacerlas entender, pero parece que ignoraban que esto era algo que esperaba por mucho. Dependencia. Por casi haber olvidado el hambre, este exige su satisfacción, apenada por interrumpir su conversación tan animada, me dispongo a continuar mi travesía para acabar con esta maldición que no me permite estar en una condición lucida y favorable para mi crecimiento. Marcho con prisa. Con mi casa tan cerca el apetito se muestra más violenta, que extraño ser, pienso, si hace poco exigía un sacrificio y ahora teme que lo haga. Ya con la mano en la perilla, abro la puerta.

- ¡Ya llegue, familia!, ¿ya está el ..? - Sin dejarme terminar mi pregunta, que ojala la respuesta sea positiva, mi familia; mis padres y mi hermana menor, repentinamente aparecen detrás de los muebles, mi atención se dirige a mi madre que esta con un pastel en sus manos, ¿Pastel? .SNIFF,* SNIFF*. ¿Pero qué percibo con este super desarrollado sentidos?, pastel de zanahoria, cien por ciento segura de ello. Mi favorito. Tengo hambre.

- ¡Feliz noche de Wallpugis!, pequeña brujita- Dijo mi madre, que sostenía en sus brazos el gran tesoro, pastel de zanahoria, mi pastel.

- ¡Feliz noche de Wallpugis!, hermana- Decía mi hermana menor mientras corría a abrazarme. ¡Rayos!, para tener catorce años ya casi esta de mi estatura. No crezcas más, por favor, no quiero ser el hobbit de la familia.

- ¡Feliz noche de Wallpugis!, ¡No te vayas, por favor! - Este es mi padre que lleva, desde que sabía la fecha de la luna llena que me iría, diciéndome de que no me vaya, que iría conmigo, para protegerme de los lobos de la ciudad. Decía esto mientras se acercaba llorando para abrazarme. Para continuar diciendo. -Mi hija, es ya toda una señorita y se ira de casa, ¡DE CASA! Repasemos, ¿Sabes lo que tienes que hacer si un chico desconocido te habla?

 -Si, papá, hacer como si no le hubiese escuchado y si insistencia correr.

-Correcto. - Alzaba el pulgar mi padre mientras aún me abrazaba- Ok, ahora, ¿ante un chico guapo en un auto?, esos son peligroso.

- Correr a la policía al primer contacto visual y denunciarlo por acoso.

- ¡Fantástico!, como esperaba para de mi hija. Ya sabes Heydi, escucha a tu hermana, es la voz de la razón. ¿Y si te encuentras con un cura de una iglesia?, ¡ya sabes!, evita si es posible que te mire, mejor que si no se entera de ti, si es posible cambia de ciudad si existe uno. Ya sabes lo que dicen; más vale prevenir que lamentar. Y con lo pequeña que eres te puede confundir, ¡no!,no!,no!. A correr, es la mejor opción. ¿Verdad que si?, mam..- Cuando padre buscaba la afirmación de mamá se dio de cuenta de que ella le estaba observando sonriendo, no de felicidad, era esa sonrisa de que cuando lo ves sabes lo que te espera en la privacidad.

- Claro, cariño - Dijo madre sin cambiar la expresión. Hablando a Heydi y a mi continuo- Pero, ¿por qué no pasas al comedor?, debes de tener hambre, vayan a comer, ¿Verdad, cariño?

- ¡S-Si!, afirmativo. Vamos a comer- Empujando nuestras espaldas nuestro padre nos dirigía al comedor y nos susurró- ayuda, no me abandonen.

- Papá, ¿a dónde te diriges?, tú ya comiste. ¿Verdad? Vamos a hablar. Arriba.

- ¡Oh!, ¿es así? Pero yo tengo aún hambre, comeremos en familia, vamos, vamos, caminemos niñas, caminemos. - Decía padre mientras forzaba una sonrisa. Cuando estábamos para ingresar a la cocina, madre le detuvo sosteniéndole de la ropa.

- Lo sentimos, niñas. Papá y yo iremos a hablar arriba, vayan comiendo, ya regresamos. ¿Verdad, CARIÑO?

-Si, ajaja, lo había olvidado, ahora regresamos, niñas. Recen por mí. - Lo último lo dijo es un susurro.

- R.I.P.  Fue un gran padre, no le faltaron nada a sus hijas. Bien, con esto dicho, ¿No tienes hambre, Heydi? Comamos, yo tengo mucha hambre.

No volvimos a ver a padre en toda la tarde. Parece que no oramos lo suficiente por él, ahora está en mejor vida, orare para que su alma encuentre la paz. Amén.

El sol ya se ocultaba tras el valle, el atardecer, aún estaba en la tarea de hacer el equipaje, que cosas llevar y que no, seleccionar la mejor ropa para la ciudad. Con un par de horas más ya lo tenía listo, también había dejado limpio mi cuarto, ¿Por qué?, no lo sé. Quizás quería tener un recuerdo más detallado de mi cuarto. Mis dos maletas esperan en mi puerta, sobre ellos está un curioso animal pequeño de blanco pelaje, ¿Hace frío? Un armiño, uno muy especial y está muy bien domesticado, aunque no le guste ser llamado "domesticado" prefiere "alma silvestre de coexistencia acérrima al pacifismo", pese a que nadie le toma lo suficiente enserio, es un buen acompañante y fiel amigo, lo tengo desde los diez años, si, este animal ya está viejo, quizás por eso su actitud gruñona y cambiante. Pasamos tanto tiempo juntos, toda mi juventud estuvo conmigo y ahora le estoy para su vejez. Quizás no vuelva a tener otra mascota aparte de él. Entonces es natural que le lleve conmigo en mi viaje a la ciudad. Me acerco y le acaricio mientras duerme sobre las maletas, por uno y muchos años más, ¿verdad? Mi aventura apenas empieza.

 

 


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