Hombre en Tacones. La Zapatería Parte 3

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LA ZAPATERÍA, PARTE 3.

Mi encuentro con Edgar me había dejado muy ansioso. Durante varios días había estado muy inquieto y ni masturbarme me hacía sentir liberado. Deseaba con ansias volverlo a ver y estar a solas con él. Se había convertido en una obsesión para mí, mi cuerpo y mis pensamientos.

Fue durante la tarde del sábado siguiente que mi impulso por verlo me llevo a visitar con urgencia la zapatería. Ese día estaba decidido a llevar mi pasión hasta las últimas consecuencias. Me duché y depilé y debajo de mis prendas había preparado un atuendo especial para él. De entre mis prendas de mujer decidí usar un conjunto de lencería que no había usado hasta el momento, pensando en reservarlo para una ocasión como esta. Me puse un coordinado de lencería blanco para novia que consistía en un brasier y tanga de encaje, junto con un liguero y unas medias naturales. Tan sólo sentir el roce de aquellas prendas me excitó al grado de tener que meter mis dedos por el ano para calmar mis ansias.

A diferencia de la vez anterior, en esta ocasión llegué a la tienda y entre con toda seguridad, dirigiéndome directamente a Edgar, a quien besé en la mejilla frente a toda la gente para luego entrar a la bodega. Ahí sin más, me despojé de mis atuendos de hombre y me puse cómodo en el banco en una posición seductora a la espera de mi hombre.

- Deseaba tanto verte. –Le dije a Edgar cuando entro a la Bodega.

- Yo también, te pensé toda la semana. –Me dijo arrodillándose a mis pies.

Edgar me encontró con tan sólo una camisa blanca encima y lo demás el conjunto de lencería que había preparado para él. Sus ojos se llenaron de brillo al verme con esas prendas y me comió con la mirada lleno de ansias. Él tomo mis manos las beso y enseguida se dirigió a mis pies enfundados con las medias para besarlos. Yo le correspondí acariciándolo con ellos y se los ofrecí para su disfruté.

- Tendré que cerrar la tienda. –Me dijo a la vez que besaba todos mis pies.

- Por favor. –Le pedí.

Edgar cerró la tienda y regresó para conmigo. Yo lo atraje hacia mí y busqué su miembro en el pantalón, lo comencé a acariciar para provocar su erección, pero Edgar se retiró y bajo nuevamente a mis pies para comerlos.

- Quítame la media. –Le dije desabrochando el portaligas.

Él me quito una de las medias y le ofrecí mi pie desnudo, el cual recibió todos sus besos para luego llenarlo de lengüetazos por todas partes. Su lengua recorrió todo mi pie hasta detenerse en mis dedos y chuparlos uno a uno, dejándolos bien ensalivados. Entonces el bajo la bragueta de su pantalón y saco su pene para ponerlo en mi pie. Tomó mi otro pie y con ellos comenzó a masturbarse. Yo le hice segunda y lo masturbé también con mis pies. Era un coqueto pues le gustaban mucho mis pies.

Me percaté que quería venirse y le retiré mis pies para yo acercarme a su miembro y chupárselo. Sabía delicioso pues estaba más que lubricado. Lo lamí lentamente para evitar que se viniera rápido. Luego le di la espalda y le insinué que quería que me tocará el culo.

- ¿Puedo? –Me preguntó.

- Es tuyo, haz lo que quieras. –Le respondí.

Hizo a un lado mi tanga de novia y comenzó a acariciar mi ano con un dedo, el cual lo recibió sin problemas pues había jugado yo antes con él. Metió un dedo y yo me sacudí de placer.

- ¿Te gusta? –Me preguntó.

- Me encanta. –Exclamé.

- ¿Qué quieres que te haga? –Volvió a preguntarme mientras metía y sacaba su dedo.

- Lo que quieras. Métemelo por favor. Ya no aguanto. –Le supliqué.

- Pero antes… -Me dijo.

Y bajo a mis nalgas para empezar a lamer mi ano. Al sentir yo su lengua, me perdí en un mar de placer. Lamía mi ano delicioso. De pronto sentí su pene en la entrada de mi ano y él se recargo en mí, metiéndomelo todo de una sola vez. Yo grité de dolor, pues a pesar de que yo jugaba con mi ano en la intimidad, nunca había sentido un pene dentro de mis entrañas. Su miembro era muy grueso y mi ano tuvo que soportar sus arremetidas. Me dolía, pero a la vez me gustaba. Edgar metía y sacaba su pene mientras yo gemía, no quería que parara hasta que sentí un líquido espeso llenarme todo el culo. Se había venido adentro.

- Quiero que seas mío siempre. –Me dijo sacando su pene de mi ano.

Yo me voltee hacía él y se lo lamí como buen sumiso.

Luego de aquello, tuve con Edgar un par de encuentros más.


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