WELTSCHMERZ - A veces el mundo duele. 02.5

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-¡Wow!, tan grande. ¿Por qué es tan grande?

- Pues claro que tiene que ser así, como sino explicarías que yo, el ¡Gran Odre Sama!, pueda decidir en algo menos digno que esto, imposible, ¿Verdad? Pues eso mismo pensó el ¡Gran Yo! en el pasado cuando vi por primera vez este gran palacio, me dije "Aquí viviré, pues solo esto es digno de mi", y ya ves que si se cumplió. Para lograr que tus sueños se vuelvan realidad necesitas solo dos cosas: Uno, esforzarte de manera extraordinaria y dos, solo tienes que ser el ¡Gran Odre Sama! Y lo demás solo fue cuestión de tiempo, como podrás notar. Entonces, ¿Cumples con las cosas ya dichas por el ¡Gran Odre Sama! - Preguntaba dirigiéndose a la pequeña Bruja, mientras él se encontraba en una pose triunfal, como si fuera natural que tenga todo.

- Bueno, la primera lo puedo cumplir, pero el segundo supongo que me será imposible.

- Si, es natural que pienses eso. No todos pueden ser el ¡Gran Odre Sama!, sino imagínate como seria el mundo, ¡Un mundo fantástico, claro que sí!, pero ya ves que el mundo no es así, por eso el mundo no tiene a muchas personas como el ¡Gran Odre Sama!, no, señor, obvio que no. -Con voz condescendiente le dice- Pero no te preocupes, no te pongas triste por no poder cumplir las condiciones.  Mira. - Señalándose- Tienes a un ¡Gran Odre Sama! frente tuyo. Aunque tu no puedas serlo, yo sí. Por eso es que la gente recurre a mi cuando necesita algo, porque soy el ¡Gran Odre Sama! Muy bien, ¡Ingresemos!

Al entrar al Palacio Khalif, como Odre le gustaba llamarlo, se dirigieron a su despacho del Alcalde, Mercy se extrañó mucho por eso, pensando que el mejor lugar donde demostrar seria el patio, pero todo esto fue un sin sentido porque Odre simplemente le dijo de que no sería necesario porque era la ABUELA quien le recomendar hacer esto. Odre se acercó a su escritorio donde busco en un cajón las llaves, antes de entregarlo a Mercy, le pregunto quién era el nieto de la ABUELA, porque no puede haber abuela sin un nieto, por lo que le resulto fácil responder pues sabía la respuesta "Salvador". El Alcalde le entregó las llaves y le dijo la dirección, entregándole un mapa y señalando el camino desde el Palacio Khalif, serán unos diez minutos hacia ahí, donde estaba el departamento que podía utilizarlo para brindar servicios, le dijo de que ya estaba equipado, que podía botar las cosas que le parecía que no tenían uso, pero le recomendó "saber qué es lo que bota", también que obvias razones tendría que limpiarlo y que más tarde enviaría a un técnico a instalar los servicios como agua y electricidad. El pago por alquiler quedaba solo en un favor, que esperaba que cuando le necesitase ella esté dispuesta ayudarlo. Ella se extrañó por el pedido, pero acepto por lo conveniente que era. Y antes de que finalmente ella se marchase le dijo "Mucha suerte te desea el ¡Gran Odre Sama!, lo necesitaras."

En la soledad del despacho, Odre se encontraba sentado mirando a la ventana detrás de su escritorio. Mirando a la ciudad y el pasaje que solo se reservaba para él. Tenía en su mano el orbe que bajo la sombra se tornaba esmeralda y a la luz del sol, de un color azul. Lo sostenía entre sus manos. Sonreía alegre de que el mundo le diese otra oportunidad, esta vez será distinto, empezaría con el pie derecho. Sabía que esto pasaría, debía, el mundo tiene grandes cosas para él, si, solo para Odre Ichistowski. No podría aceptar el fracaso de nuevo. No habría otra próxima. Ya me estoy volviendo viejo, no tengo tiempo, se decía así mismo.   

* * *

En la ciudad se miraba a una pequeña niña caminando mientras llevaba dos maletas, cada cierto tiempo la niña se detenía para observar el mapa que llevaba, cosa que le entrego el Alcalde. Ya casi era medio día y el Sol se encaminaba a posicionarse en cenit. Noto que el calor que puede llegar la ciudad es mayor a comparación de su pueblo natal que era más fresco pese a estar en verano, suponía que era debido a que se encontraba ahora en un lugar portuario. La brisa, la humedad del aire y el Sol, eran mayor a lo que estaba acostumbrada. "Cosas de la ciudad", pensó.

Pronto pudo llegar a su destino, que era un departamento de dos plantas. La primera por lo que observaba está dispuesta para establecimiento, por las grandes ventanas características de un lugar que oferta. Tenía un diseño modesto, simple, pero a la vez muy elegante y acogedora. "¿Todas las casas de la ciudad son así en la ciudad?", se preguntaba impresionada, pues las casas que pudo observar mientras caminaban solo afirmaban y sustentaban sus palabras.

- Bueno, este desde ahora será mi hogar, por cinco años viviremos juntos. Espero llevarnos bien, Casa.

Mercy sentía cierta emoción al encontrarse frente a la puerta dispuesta abrirla. Su primera casa siendo independiente, pasaba por su cabeza que algunas personas se sentirían felices al tener su propia casa, aunque momentánea. Ella no podía evitar pensar en que estaría sola, lejos de casa, sin nadie que la conozca, "Pero esta la abuela". Asentía. Cinco años. ¿Después qué?, no podía simplemente ir a explorar el mundo para que luego volviese a su pueblo y se olvide de todo, eso no era para ella. Quería vivir, ver la realidad, actualizarse a la par con el mundo. Eso. ¿Ser feliz?, no puede dar una respuesta si puedo ser feliz en la ciudad, en todos los lugares existirán gente fantástica y otros no tantos, por eso vivir es necesario. No puedo conocer el mundo solo a través de textos. Las cosas no se pueden expresar con totalidad con el lenguaje. Solo detallar las cualidades. Como el ojo no puede percibir olores ni sensaciones, las cosas no pueden ser comunicadas con solo palabras.

Ingreso a la casa. Con un solo vistazo se dio cuenta de que tendría que usar el resto del día para dejarlo limpio, treinta años sí que se dejan notar. La primera planta tenía un modelo simple, estaba dividido en dos, la primera parte funcionaba como la recepción donde podría tratar con los clientes, pues había un cajero. Y la otra parte era un comedor y cocina. En las paredes había paisajes de lugares que desconocía, eran ocho cuadros; siete eran de ciudades y el restante era de una familia de tres miembros, era imposible visualizar los rostros, por lo maltratado que estaba, como chamuscado. Todo estaba lleno de arañas reclamaron como sus posiciones las esquinas de las casas y a lo largo de este. Por suerte las paredes se encontraban en buen estado, sería difícil vivir en un lugar que en cualquier momento pueda derrumbarse, no podría conciliar el sueño sin que me despierte cualquier mínimo sonido proveniente de las vigas.

 


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