WELTSCHMERZ - A veces el mundo duele. 02.7

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Simulando una conversación con lo que sería una presentación de nueva vecina. Ella toca la puerta. TOC-TOC, sería el sonido de la puerta, al menos que tenga timbre debería sonar, BIRR-BIRR, si, algo así. Luego saldría una tierna abuelita, me diría "Hola, hijita, ¿Qué te trae aquí?", yo le saludaría sonriendo, si, demostrar confianza, y le diría que desde ahora seré su nueva vecina. Ella se sorprendería y me diría que pase para invitarme algún platillo. Naturalmente declinaría la prima oferta, pero la segunda si aceptaría, pues aún no había almorzado y la comida ofrecida con buena voluntad de una adorable anciana no podía ser rechazada, eso rompería su frágil corazón de abuelita, "Mejor no hacerla sufrir” se reconfortaba pensando que comería. Tengo hambre. Mientras comemos ella me preguntaría de que casa vecina soy, "No sabía que los Foster se habían mudado" me diría pensando que vengo de la casa a su izquierda, yo le diría que vengo de la derecha, la casa de la Bruja. Ella se sorprendería y me diría de que fuera una bruja, me contaría de que conoció a la Bruja que una vez vivió ahí, yo le preguntaría de cómo era.

- Pequeña Bruja.

Oh, ¿Era más pequeña que yo? Si, entonces yo le respondería orgullosa de que en mi pueblo era la más alta, eso sí. Entonces debía de ser una Bruja talla bajo el promedio. Jajaja. ¿Sabes?, estoy sobre el promedio, obviamente. ¿Qué?, ¿Qué tiene que ver con la historia?, nada, es mi imaginación y puedo hacer con ella lo que quiero, siguiendo. ¿Dónde estaba?...

- En que estas sobre la talla promedio.

- ¡Oh!, sí, sí. Y no tenía igual en - Deteniéndose y cambiando de color de tez - Pensaba en voz alta, ¿No?

- Pues sí. ¿Tienes algún complejo con tu talla?

- Desde. ¿Desde cuándo estas escuchando? -Pregunto con el rostro encendido.

-Hmm. Desde que hiciste esos sonidos imitando el timbre. ¿Cómo lo hacías? ¿BRIRR? Pobre, no tienes amigos. - Hablaba en tono condescendiente, posando una mano en su hombro. - No te preocupes yo…

- No, no necesito tu amistad. No quiero ser amiga de alguien que escucha los monólogos de otros sin pedir permiso. - Rechazaba cortantemente la pequeña Bruja.

-¿Qué?. -Se río- Nooo, te equivocas, no vengo a ofrecerte mi amistad. Solo vine a traerte esto - Le mostraba una bolsa - Es comida, mi abuela supuso que no habías comido, parece que acertó. Por eso he aquí a tu Salvador, ¿Entendiste?, Salvador, soy tu salvador y es mi nombre. Jaja.¡Uff! que juego de palabras digno de Dioses...Hm. Es normal que no te rías, escapa de tu compresión. Pobre, no puedes apreciar las buenas bromas con el estómago vacío. ¡Oh!, y encontrarte no fue tan difícil, solo tenía que preguntar "¿Has visto a una pequeña niña con dos grandes maletas?" y cuando señalaron hacia esta dirección deduje que era esta casa. Bueno, ¿Qué opinas, quieres comer?, también hay para tu ... -Siendo fulminado con la mirada- Armiño.

Salvador le entrego la bolsa, viendo de que no parecían tener la intención de comer en casa le pregunto:

- ¿Por qué no ingresas a comer dentro? Se nota de que quieres comerlo, al igual que tú .. Armiño. Si. Parece que se percató del pequeño regalo que hay para él, eso es de Rudy. Por alguna razón quería agradécete, creo.

- Hmm. Es que ... Ahora están limpiando la casa y no puedo entrar... ¿No se puede comer en la calle?

- Bueno, no es que no puedas, de poder puedes, pero no sería lo correcto, ¿Qué es correcto?, no sé, entonces por qué no hacerlo. Pero la gente te podría mirar y tener una mala impresión tuya.  Digo, solo son etiquetas que dijo algún francés, pero, ¿Sabes?, nunca he visto a un francés, no deben de existir, como Papa Cola. De seguro es invento de una mega corporación de impronunciable nombre. - Repentinamente cambio su objetivo, mirando y hablando a alguien detrás de Mercy- ¡Oh!, Buenos días señora Hojeham. - Señalando a Mercy quien era la anciana que caminaba hacia su dirección-. Ella es la señora Hojeham, vive a lado tuyo, será tu vecina y es un poco sorda, mira. ¡Señora! - Agitando la mano para llamar su atención. - ¡Buenos días señora Hojeham! -Saludaba sonriéndola.

- ¡Qué no me grites, que no soy sorda!, estos muchachitos de hoy., sin educación. Espero que mi nieto no se junte con niños como tú.

- Lo siento, señora. Solo quería presentarla a...

- ¿Qué? Habla más fuerte, niño, que no te escucho, no murmures, habla claro.

- ¡Quería presentarla! -Señalaba a Mercy. - ¡Sera su nueva vecina!

-Ya te he dicho, no grites, Dios, estos niños no aprenden. - Mirando a la Bruja e ignorando a Salvador. - Hola, muchachita, ¿Eres nueva en el barrio?, espero que no te juntes con niños malcriados con Salvador, que su abuela me perdone.

- Ah. Si, sí, soy nueva, soy de esa casa. - Señalaba la Casa de la Bruja. - Me llamo Mercy, espero llevarnos bien, señora Hojeham. Si tiene un problema que pueda serle de ayuda no dude en venir a mi local. - Trataba de sonar segura pese a que empezo la presentación con timidez.

- ¡Oh!, que adorable niñita. Si vives ahí debes de ser una Bruja, ¿Verdad? Vaya, pasaron casi treinta años desde la última en el barrio, ella es una buena amiga mía, ¿Sabes? Pero desde lo que paso a su casa, ni hablar, no vuelve por estos barrios ni quiere verlo en pintura. Es razonable después de esa tragedia, espero que no hagas ninguna locura igual. ¡Oh!, veo que tienes ahi tu comida, ¿Por qué no pasas a comer en mi casa?, te invitare un poco de té para beber, son del mismo Huerto Mc´millany, pese a tener una granja, si que saben hacer un buen té.

Sin esperar respuesta de Mercy, la anciana le arrastraba a su casa, mientras sonreía y le decía:

-Vamos, vamos, pasa, el té es buenísimo, tienes que probarlo. Como también tienes que contarme de dónde vienes. No le has contado a nadie aún, ¿Verdad? Tengo que ser la primera en saberlo, es mi derecho como vecina el tener la premisa. Aunque no sé cómo lo tomara el resto de la ciudad, pero a mi si me agradan las Brujas, eh. Cada quien con lo que piensen, ¿Verdad?

Mientras Mercy era llevada por una fuerza mayor, ella miro atrás en búsqueda de Salvador, en ayuda. Pero Salvador estaba parado sin moverse en el mismo lugar, solo le sonría y acariciaba su vientre en señal de hambre. En ese momento Mercy lo entendió, es mejor no comer en la calle.

 

 


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