WELTSCHMERZ - A veces el mundo duele. 03.1

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La anciana tenía una mirada solitaria, el cruel mundo no le bendijo, la mala suerte le hizo conocer la felicidad de otros. Si ellos podían ser felices, sonreír con la familia, tener a una que le reciba en las noches y en las mañanas, compartir comidas mientras contaban graciosas anécdotas, una familia feliz, una casa con vida, una mirada con brillo, que el Sol sea significado de poder disfrutar un día más la vida y sea la Luna el momento de abrazarlos para arroparlos. Y no el Sol la búsqueda de malas fortunas de otros y la Luna el recordatorio de la soledad como único huésped no deseado, pero el que es el mas fiel, siempre esta ahí para uno y eso es lo más triste, que, ante la falta de la calidez de los vivos, la soledad nos abrace con sus ropajes fríos, que solo nos hace sentir estar muertos, ese frío que nos recorre el cuerpo. La soledad tiene una mascota muy molesta, “Malos Pensamientos”, caer en el odio, la codicia, avaricia, ira, renegar del presente y del mundo, de todos. Culpar a cualquiera de los problemas propios, un sin sentido, pero eso le alivia, toda esta cadena de pensamiento terminaría en llantos, como lo era antes, sino fuera por él. El era su Sol artificial que desesperadamente abrazaba para escapar del ropaje gélido que le acosaba. Como a todos los que siempre quieren escapar de ese sentimiento que los aflige, hacer esto era natural y comprensible. Somos seres frágiles. Connatural es ser social y que éste sea la manera de nuestro desarrollo.

-¡Abuela, ya llegue!.

 Saludaba el niño alegre tras cruzar la puerta, dirigiéndose a la persona que estaba por cruzar la puerta de las Sombras, cerca de convertirse en una. A esa persona solo el reflejo de la llama de la chimenea les daba brillo a sus ojos. El niño lo sabía, si el pudiese aplacar ese sentimiento, si solo pudiese. Pero hay algo que él no puede dar, calor.

–¡Abuela!, ¡Ya estoy aquí! – Sabía dónde estaba. Siempre sola en la chimenea.

La anciana volteo su mirada para encontrarse con la del niño, él le devolvió sonriendo. Ella solo lo miro mientras brotaban lagrimas de sus ojos, se levantó de su sofá y apresuro el paso hasta estar frente de él.  Ambos sonreían, solo uno lloraba. Una sonrisa de ternura, otra de esperanza; que se reanimaba cada noche, siempre con el mismo resultado. La sonrisa de la anciana se quebró en el momento de que lo confirmo, pero como era ya rutina, le invitaba a pasar a comer, “Debes estar hambriento”, decía la anciana, a lo que el niño le contestaba “¡Sip!, debería de estarlo, jeje”. Ese inocencia; cruel inocencia de los niños, a lo que la anciana solo le devolvía una sonrisa, “Si él no se mortifica por ese comentario, menos lo debería de hacer un adulto, mencionarlo solo sería arruinar el ambiente. . más de lo que ya está” pensaba la anciana.

–¿Abuela? –Decía el niño ante la mirada perdida de la anciana que se detuvo.

–¡Eh! ¡Oh!, si, sí, vamos al comedor para que me cuentes que tal tu día. ¿Está bien? Vamos.

Pasaron a la mesa donde el niño tomo asiento mientras la anciana traía té que tomarían mientras platicaban, todos los días eran así. Al final el hombre es un ser de hábitos, viven día a día y cuando quieren hacer otra cosa, mueren.

– Hoy conocí alguien muy extraña – le dijo el niño sonriente a la anciana – Era una niña con dos grandes maletas y tenía un animal extraño en su cabeza, una rata. Jaja. ¿Te imaginas tener una rata en tu cabeza? Jaja, es muy extraño, como necesitaba ayuda, y yo soy un niño muy bueno, le ayudé, ¿Verdad qué hice bien? Y ¿Sabes qué más vi? Una niña montando una vaca. ¡Oh! También a ese Perro negro, no me agrado lo que hacía, pero olvidemos a éste. Volvamos a la niña y la vaca…

Pasaron un largo tiempo platicando sobre las aventuras y descubrimientos del niño de la ciudad. Hablaba con voz animada, con cierto ímpetu. La anciana lo escuchaba alegre todo lo que el niño tenía por decir. ¿Así sería si el mundo no le hubiera vedado del placer? Alegre por escuchar la “vivez” de un niño. El seguía hablando, cada palabra estaba acompañado de un movimiento de mano. Si, solo es un niño. ¿No?

Después de su largo reporte de lo que observo en el día la anciana al ver que el niño se sentía con ciertas ansias de salir a jugar, ésta le permitió diciendo “Si quieres ir a jugar, puedes ir. Pero ten cuidado”. El niño un poco apenado con que sus pensamientos sean leídos por la anciana se retira con pasos lentos, mirando hacia ella en consentimiento. Ella solo sonreía y asentía con la cabeza. Rutinas.

Mientras que ella escuchaba sus pasos alejándose, siendo estos limitados por la misma edad, se preguntó:

–¿Todos los niños juegan fuera de casa a media noche? Si que deben estar llenos de energías para hacer eso. ¡Ah!, en mi época de niñez yo no podía lograr eso. Los tiempos cambian …  Espera, ¿Alguien podía ver a Albert?

A la anciana le dio un dolor de cabeza. Y olvidando su conjetura. Se encamino a dormir, “Debo estar cansada, me duele la cabeza”

La vida no es siempre como uno quiere, pero uno lo puede interpretar como quiere, hasta la puede tergiversar. Así es, los humanos siempre queremos oír lo que queremos. La esperanza debe ser lo último que perdamos, y nos esforzamos mucho cuando esta por perderse. El mundo puede ser del color del que uno quiera pintarlo, si es que se quiere engañar. Fantasía. Si no lo pensamos, existe.


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