Tsunami en la ducha

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No quiero decirte nada que produzca movimiento en tu interior. Intento ser lo más sigilosa posible para pasar por tu lado sin provocar un tsunami de sensaciones.

Pero una leve vibración en el aire te rodea y envuelve.

Y esa vibración te enerva. 

Y tu mirada me sigue, tu mirada me atrapa.

Sabes que no puedo resistirme a ti.

Me dejo atrapar por esa mirada. es imposible rechazarla. Cuando te levantas observo una erección en tu bóxer. ¡Vaya! Ahora sí que habrá tema.

Yo iba hacia la ducha, tú te levantas del sofá.

En el baño, enciendo la llave del agua caliente... mmm, caliente como tú, con ese atributo enorme escondido bajo algodón fino.

Me deshago de la corta bata que no cubre más allá de mi trasero, y desnuda, me introduzco en la ducha. Sé que me seguirás, y te espero. 

Me dejo mojar el pelo y la cara. Voy enjabonando mi cuerpo, mis manos me acarician resbalando por la piel. Mis senos endurecen a medida que aprieto esas masas esponjosas pero firmes, con los pezones enhiestos, mi boca se entreabre... mi interior empieza a latir.

A través de la mampara transparente, con los ojos entrecerrados te veo entrar en el cuarto de baño. Estás desnudo. Tu inflamación es enorme. Joder, me encanta esa verga tiesa, dura. Me miras mientras te diriges a la puerta. La abres y te introduces bajo el agua. 

Tus manos se dirigen directas a mis pechos. Los deseas, lo sé. Y yo deseo que los desees. Extiendes el jabón que queda en ellos y con un largo masaje que me hace arder acabas libando los pezones con auténtico afán, los estiras mientras diriges tu mirada hacia mi rostro. Tu polla está más tiesa todavía, si es que eso es posible.

Las mejillas coloradas, el ardor de mi sexo, mis ojos cerrados bajo el agua que continúa cayendo y recorriéndome, otra caricia más que siento, mis manos sobre tu cabeza, acariciando tu pelo, mmm y tú que me miras... y sin poder resistirte, me apoyas en la pared y haces que tu boca arrase la mía, pegando tu cuerpo contra mí, abrazándome y haciéndome sentir tu virilidad sobre mi vientre. Tu lengua me posee mientras tus caricias me abrasan. Mis manos te recorren por donde pueden, con ansia de tocarte y sentirte, toda tu piel es válida, pero cuando llego a los testículos gimes, te separas de mi boca unos centímetros y me susurras: —sigue, así, mmmmm.

No hay intención de esperar. El deseo nos pierde, mi interior te llama y me sientas sobre tu pene.

Lo haces entrar en mi lubricada vagina, despacio, abriéndose paso entre las paredes suaves de mi interior, ooooh, siiiiii, y llega hasta el fondo de mi a suaves embestidas.

Vamos acrecentando el ritmo, entre besos mojados, palabras ardientes... siento como entras y sales de mi, cómo el roce me llena de calor, la sensación placentera se acrecienta, hasta que nos sobrepasa, me avisas de que te es imposible aguantar más y el éxtasis nos eleva y nos hace estallar en un placer compartido, entre temblores y sacudidas, gemidos y suspiros.

Derrotados, nos sostenemos el uno al otro... más bien me sostienes tú a mí, desfallecida, que agarrada a ti todavía te siento en mi interior, sin ninguna gana de dejarte salir. 


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