Una noche complicada (mi historia real 1)

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Esa noche fue una de las más complicadas de mi vida (que yo recuerde). Luego de lo que sucedió, me hizo plantear el valor real de un buen café.

            Ahora entiendo porque –dependiendo de lo que se quiera- es más importante invitar un café que un trago a una persona, de la cual necesitas y esperas respuesta. Desde ese día, cada vez que me tomo un café y me mentalizo en ese 19 de febrero en la noche, se me vienen a la cabeza todas esas sensaciones (eso sí, tengo que estimularme con el olor de aquel elixir negro).

            Fue una noche complicada debido a mi situación sentimental del momento; me sentía muy mal. Una porque estaba rompiendo 2 de mis códigos más preciados y que llevo grabados a fuego en mi conciencia: “lealtad y respeto”. Por otro lado, mi pecho estaba apretado, me sentía asfixiado, no podía respirar. Mi corazón estaba apretado en mi caja torácica, pero era este mismo el que me obligaba estar ahí. Bueno, se sabe, nada puede contra las cosas del corazón (escapan a toda lógica y razón).

            Mientras pasaban los minutos, en el fondo de mi razonamiento estaba el crear una excusa para entregar en casa (lamentablemente siempre fui malo para las mentiras). Puedo inventar muchas cosas, crear historias de espadas y dragones, pero no las puedo decir mirando a los ojos cuando estas dañan a las personas (esa es mi pequeña gran deficiencia). Aunque debo decir que confíe en el azar; esa noche llegaría tarde a casa y existía una gran probabilidad de que no me preguntaran nada por lo avanzado de la noche. Ya pasada la noche y al día siguiente, esa salida solo sería una anécdota mas.

            Desde que Camila subió al auto –luego del incidente del transfer que casi arruina la cita- fue un tormento de dudas sobre la situación. Ella en nada ayudaba, su silencio era devastador para mí. No podía leer sus actitudes, no sabía si ella estaba nerviosa, aburrida, desilusionada, no podía saberlo y eso me mataba psicológicamente. Me colgué de lo ocurrido con el transfer y pudimos romper de cierta manera el hielo (igual fue muy gracioso. Maldito internet del teléfono que me jugaba una mala pasada).  Al llegar al peaje había un taco de proporciones, que no nos dejaba avanzar. Lo terrible era que el tema del transfer ya pasaba de moda y se me acababan las palabras “interesantes” y lo único que deseaba en ese instante era no aburrir a mi invitada. Por suerte “creo” que pude lidiar con eso, las trivialidades siempre salvan en los momentos de silencios incómodos (en ocasiones lo simple le saca mucha ventaja a lo complejo).

            Llegamos al servicentro y recuerdo que tenía hambre. Le ofrecí a mi dama algo para acompañar el café que beberíamos, pero su respuesta fue negativa. ¡Maldición, me dijo que no! Mi personalidad me imposibilita de comer en frente de alguien que no lo hace; eso sí que es incomodo para mi (solo pensé algo: moriré de hambre). Su negativa de comer algo me hizo pensar que ella quería terminar luego con la conversación. A todo esto, ¿Íbamos a conversar algo en especifico? Yo solo la invité a un café, solo sería una conversación normal. Me di vergüenza, quizás me pasaba un montón de rollos, quizás me pasaba las películas más grandes de mi vida (fuck). Nos sentamos, comenzábamos a conversar, de hecho la conversación se puso muy amena y la hora pasaba volando, los minutos corrían a u ritmo acelerado. Es increíble como el estado de ánimo juegan con el tiempo y el espacio de las personas –Yo creo que ni Albert Einstein y su teoría de la relatividad podrían darle un razonamiento a lo ocurrido en ese momento.

            Poco a poco empezaron las miradas más serias, y no me di ni cuenta cuando ya estábamos en tierra derecha. ¿Tierra derecha de qué? ¿Sobre lo que me pasaba?¿Sobre lo que le pasaba? Fue extraño todo lo que me pasaba.

            Siempre fui reservado en mis intimidades, y de hecho hasta el día de hoy lo soy. Pero esa noche fue distinto, muy rara. Sentía la necesidad de abrirme; mis sentimientos me jugaban una mala pasada, o quizás era buena. Hasta ese momento no lo sabía, e incluso hasta hoy no lo sé, pero lo hecho, hecho está.

           Esta historia continua...


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