Con ellos se va

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Con ellos se van

Historias no contadas que en oportunidades incontables ya habían sido escuchadas.

Relatos fantásticos de cuándo yo era joven

Nostalgia imperante del ya no se hacen las cosas cómo antes

 

Con ellos se va

El esfuerzo para mantener la compostura frente al desastre obvio, aquella tarde que saliste con la gracia del primer novio. 

La alegría angustiosa de cuando cogiste las cosas para independizarte y ellos dijeron , porque les faltaron los argumentos para decir no. Por qué esperaban que te fuera bien, pero muy en secreto la madre quería que el destino se te torciera, para que volvieras. 

-Y seguramente  se reprochó por ello-.

¿Y si la vida no la trata bien?

Aquí estaremos, mujer -dijo tu padre-. Y tú lo supiste, lo sabías, pero ya muchos no lo saben. 

 

Con ellos se va.

El ritmo de algún rock and roll que terminó en cuestiones inconfesables. Sonrisa de sonrojo. Recuerdo corporal. Complicidades.

El amor no dicho de la juventud. El pendiente de arreglar la puerta. Los proyectos mil veces calculados, mil veces postergados.

Aquellos centavos que se le pidieron a mamá y que no debía contarle a papá, para que no se preocupará.

 

Con ellos se va 

El dinero de alguna bicicleta sorpresa que apartaron en el supermercado: Para el nieto –dijo cuando le preguntaron-. Eso incluye algunos raspones que no serán curados.

La tristeza pudorosa del pretexto ordinario –los hijos no vienen, demasiado trabajo-. Eso incluye las batallas acrecentadas contra esa gotera persistente en el lavabo.

Con ellos se acaba el sueño de un niño que quiso ser astronauta y terminó envejeciendo mientras vendía periódicos en el kiosco. Trabajos hermosos y míticos ambos.

 

Con ellos se va

 

Un futuro padre, un ingeniero de sistemas que se cree hacker, alguna chica hermosa que hablaba de marcianos y gustaba de los animales.

El árbitro al que nunca le creyeron que Maradona jugó en su barrio. Un hincha de Boca. Algún peñista del Atleti. Admiradora de Federer. Fan de Superman. Gerente de banco. Señora de la tienda. Doctora en geriatría. Conserje de escuela. Aquel político de mierda.

El buscador subsahariano de diamantes en el África. Vendedor de sushi en el mercado. Empresario joven. Empleado de acuario. 

 

Y paremos esta plegaria sin rosario.

Paremos de decir que se van, porque en realidad se quedan.

En tu pecho, en el mío y en miles de huellas genéticas.

Con ellos se va este escrito, para que sepan que alguien los ha pensado sin conocerlos. Soy yo, eres tú y todos los que quieran leerlo.

Aquí acabamos y nos vamos todos, porque una parte nuestra se fue con ellos.

Una parte nuestra se ha perdido, pero algún día la encontraremos.

 

*Para todos ellos.

 


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