Una mezcla peligrosa: amistad & atracción (1ª PARTE)

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Como cada mañana Abidey llegaba temprano a su nuevo trabajo. Había pasado tres duras entrevistas para conseguir el puesto de Coordinadora de Aduanas. Llevaba mucho tiempo preparándose y creía que ya podría ejercerlo casi tan bien como su predecesora. Era muy metódica y todos los días comenzaba su rutina de la misma manera. Dejaba el bolso, encendía el ordenador y se tomaba su primer café. La verdad es que había encajado muy bien con sus nuevos compañeros. Aunque su carácter también había ayudado mucho. Era muy risueña y siempre tenía una sonrisa para cualquiera que viniera a saludarla, pero especialmente para Alexis, uno de los compañeros de extranjería. No sabía muy bien cuándo, ni cómo, ni dónde, pero hacía varias semanas que se había dado cuenta que se sentía atraída por él. Por su profunda mirada, por su delgado pero tonificado cuerpo, su tímida sonrisa… pero sobre todo, por su conversación. A Abidey le encantaba una buena conversación, no importaba el tema, sino la esencia y la comodidad que sentía cuando conversaba con él. Alexis la tenía atrapada, hablaban de cualquier tema con total libertad, sin tabúes ni mediciones de palabras. Había conexión. La tenía fascinada. Una mañana, sentada frente a su ordenador, una voz masculina se acercó por detrás y le susurró al oído: -¿cuándo vas a dejarme que te dé un beso en la boca? Ante el inesperado comentario, dio un pequeño salto en la silla. Había reconocido aquella voz. Era Alexis. Abidey se quedó tan sorprendida como embriagada. Algo dio un vuelco en su interior que hizo que su temperatura aumentara desmesuradamente y se ruborizara por las sensaciones que acaban de despertarse en su cuerpo. Quiso girarse para contestarle, pero le dio tanta vergüenza que se limitó a sonreír sin apartar la mirada del ordenador y continuar trabajando. En realidad, estaba disimulando, porque no podría trabajar. Esas palabras le habían parecido tan osadas, pero a la vez, tan tan sugerentes… Le habían encantado y excitado. Fue tan sugerente que el cosquilleo aún continuaba en su interior. Alexis, solamente con esas palabras, había conseguido lo que nadie. Notaba sus pechos erectos y peor aún, su «pepita» se había quedado palpitando… ¿pero qué le estaba sucediendo? Ella misma estaba atónita con ella misma. Al escuchar que unos pasos se alejaban, se giró y vio a Alexis regresando a su despacho. Tenía un andar perfecto, se notaba que era atleta. Ese día llevaba unos vaqueros, una camisa de botones y un chaleco negro que le quedaban de escándalo. Abidey no sabía si era su mente o su cuerpo, pero en aquel momento, sentía una atracción feroz por él. Sus propios deseos la tenían totalmente escandalizada. El paso del día fue avanzando y no se volvieron a cruzar por la oficina. Ella hasta lo agradeció. Aún tenía el cuerpo «convaleciente» por aquella frase. Al llegar la noche, en la tranquilidad del hogar, decidió prepararse un baño relajante. Quería tiempo para ella, para saciar la sed de deseo que corría por su cuerpo. Aún sentía sus pezones duros y calientes. Necesitaba tocarse bajo el agua para aliviar su fuego interior. Se bajó las bragas húmedas y comentó a tocarse lento y profundo, mientras el agua llenaba la bañera. No aguantaba más. Estaba tan excitada que el roce de sus dedos sobre los labios no era suficiente. Entró en la bañera y se tumbó. El agua y las inmensas montañas de espuma ya cubrían su cuerpo. El calor del agua, había encendido aún más su zona central. Tomó el telefonillo de la ducha y se lo dirigió directamente a sus partes. La presión jugaba con sus labios haciéndolos vibrar. La imagen de Alexis surgió nuevamente en su mente. Abidey estaba sobreexcitada. Con sus manos se masajeaba los pechos y se apretaba los pezones casi hasta el punto del dolor. Imaginaba que era Alexis quien se los mordía y lamía intentando calmar su ardor. Su lengua rugosa y caliente formaba círculos alrededor de sus pezones cada vez más duros. Solamente con estos tocamientos estaba a punto de proporcionarle un orgasmo. Pero ella quería más, más intensidad, así que abandonó las caricias superiores dirigiéndolas a su zona inferior. Nuevamente sus manos simulaban las caricias de Alexis, quien tocaba su clítoris formando pequeños círculos, suaves y húmedos. Muy húmedos, no solo por el chorro del agua que chocaba contra éste fuertemente, sino por los jugos que Abidey expulsaba. Quería exponerse de lleno a Alexis. Así que tumbada en la bañera, abrió sus muslos y levantó las piernas al borde, sin dejar de flotarse, pero esta vez con más intensidad. El chorro caía fuertemente en su coño excitado. Cada vez lo apretaba más. De pronto una marea de espasmos comenzó a brotar de su interior. Introdujo dos dedos dentro y un tercero rozando externamente el orificio de su culito… - Sí, sí, vamos Alexis, sigue, ¡no pares, por favor! - gritó mientras aumentaba el ritmo de sus movimientos, haciéndolos, incluso, más bruscos, más duros… necesitaba apagar su deseo como fuera. Pasaron unos minutos hasta que Abidey se recompusiera. Comenzó a reír por la situación que acababa de vivir. Su imaginación le había jugado una mala pasada. A la mañana siguiente, no podría mirar a Alexis a la cara… o quizás sí, quizás le agradaría la situación. El morbo generado al tenerlo delante sabiendo que había sido el protagonista de sus pensamientos eróticos.

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