LA GATITA

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Piel sedosa, ojos verdes, andar sinuoso, dientes blanquísimos detrás de unos labios eternamente rojos y cuando se despereza está reclamando tus caricias más encendidas, inflama tu pasión como se enciende una hoguera.

Ella es Eva. Sí, como la primera mujer que existió.

Y como ella, se pasea desnuda sin reparo por la estancia, esperando excitarte continuamente, para recibir tu atención completa. Vas a perder la razón porque sabes que te está tentando, te mueres por tocarla, por acariciarla y por saborear su más secreta humedad.

Te acercas despacio, la gatita remolonea caprichosa tumbada boca abajo en el diván, mostrándote su espalda, cruzada por el finísimo hilo del tanga, mirándose embelesada las largas uñas de las manos, esas manos que desearías que estuvieran sobre tu piel, las uñas danzando arriba y abajo por tu espalda, acariciando tu cuello mientras tus manos recorren la seda de su cuerpo.

Por fin te atreves a acercarte. Te arrodillas frente a su cuerpo y suavemente la acaricias con las yemas de tus dedos en su espalda.

Te mira. Sonríe. Se gira y ofrece a tu vista los pechos desnudos, levanta los brazos hacia su cabeza y cierra los ojos.

Te acepta. Te reta. 

Tu excitación ya se muestra bajo el bóxer. Tu cabeza te pide que te abalances sobre ella y la poseas. Mmm... si, cómo lo deseas! Pero quieres disfrutar de todo lo que te ofrece porque sabes que la recompensa va a ser mucho mejor.

Deslizas tu lengua por su ombligo, subiendo hacia sus pechos, donde abrigas uno con tu mano y el otro con tu boca. La gatita ronronea. Se gira un poco hacia ti para sentirte mejor.

Tu mano amasa suavemente un pecho y tu boca sobre el otro, absorbe con avidez ese pezón enhiesto que disfrutas torturando y estirando, que provoca un nuevo gemido de placer.

Tu mano se mueve hacia el deseado chochito, llenando la zona de caricias, mientras deslizas el tanga piernas abajo.

—Abre las piernas, gatita.

Continúas acariciando hasta que éstas se abren. Sitúa una sobre el respaldo y deja caer la otra hacia el suelo. Cuando introduces tus dedos en sus labios, sientes la humedad que moja su clítoris, que desciende por su vagina. Mmmm... otro ronroneo. Te levantas un poco y deslizas tu lengua por su intimidad para sentir su sabor a sexo. Escuchas satisfecho su exclamación de placer. 

Tus manos la acarician por su vientre, por sus nalgas, necesitas sentir su piel para complacer todos tus sentidos. Su aroma te sublima. Tus caricias siguen recorriendo su sexo, tu lengua no deja de acariciar su clítoris crecido, más y más lo frotas. Ella te suplica: "no pares", "sigue, así, sigue" y continúas masturbándola, sintiéndola arder, hasta que deslizas tus dedos hacia el interior de su cálida vagina y provocas que un orgasmo sacuda su cuerpo, haciendo que eleve su pelvis hacia ti para acercarla tanto que te hace casi imposible respirar.

Después de saciar su sed, remolona, ella se incorpora en el asiento y mirándote con unos ojos que te traspasan, te besa como si fueras el último hombre que existe sobre la Tierra. Saborea sus fluidos, su lengua acaricia la tuya, la atrae a su boca, mientras sus labios te piden su premio.

—Házmelo, gatita, haz lo que sabes que me gusta...

Y tumbándote sobre la alfombra se sitúa sobre ti te despoja de tu única prenda y se acerca despacio hacia tu enorme y dura polla, que ansía sentir el placer de su boca.

Sus labios besan la suave piel de la verga que tiene ante sí, deslizando las caricias por todo el tronco hacia abajo, donde su mano ya ha atrapado los testículos y los acaricia con dedos ansiosos, los acerca a su boca y los labios los acarician con besos y la lengua los tortura a placer.

Vuelve a subir sus caricias hacia el glande donde le regala besos suaves y por fin la introduce en su boca, con sus labios acariciándola y rodeándola para hacerla desparecer en ella. 

—Oooh, mi gatita mala, me pones a cien!

Y es que sientes sus labios recorrerla hacia abajo para después dejarla casi toda fuera, nunca suelta la punta que ella atrapa y lame con su lengua.

Estás a reventar cuando sientes que su mano la atrapa por la base y aprieta, la oprime y no puedes evitar poner tu mano sobre la de ella y dar movimiento mientras tu polla continúa entrando y saliendo de su boca.

—Chúpamela más, no la sueltes... —el movimiento te está dando tanto placer que no quieres que acabe. Manos, boca... y encuentras con tu otra mano su tentador trasero, y deslizas tus dedos por él hasta que encuentras el lugar donde te gusta introducirlos... empiezas a acariciar su entrada, suavemente, hasta que notas que no hay resistencia y entran uno a uno dos dedos y sientes que la gatita aprieta más sus labios en tu miembro... joder! cómo te llega el orgasmo, a oleadas, soltando tu leche en su boca, mientras mueves más lentamente tus manos, una sobre la suya en tu cuerpo, la otra en el suyo.

Y oyes como la gata ronronea de placer...


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