La segunda primera vez (I): Ducha

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La semana pasada visité a mi novia en su piso, estuvimos comiendo juntos y después fuimos a dar un largo paseo, entrando en alguna tienda ocasionalmente. Tras varias horas volvimos a casa, con la intención de prepararnos para salir a cenar a algún restaurante, como es habitual los sábados por la noche.

Al llegar a casa, mientras colocábamos la compra, María me propuso ducharnos juntos, algo que nunca hubiera podido rechazar, pues el cuerpo de mi novia me parece tan perfecto que siempre me apasiona verlo. Además, así tardaremos menos en estar listos para salir a cenar, pensé yo inocentemente.

Mientras nos duchábamos, María me pidió que le enjabonase la espalda, lo cual siempre es una trampa, pues sabe que no puedo evitar detenerme más de lo necesario en ese genial culo que me vuelve loco. Una vez que mi excitación ya empezaba a notarse en mi pene, ella se dio la vuelta y empezó a acariciármelo suavemente, como si intentase hacerme una paja muy despacio. Yo la miré insinuante, pero ella dijo:

—No pienses mal, solo te estoy enjabonando yo a ti.

Y así era, miré hacia mi pene y vi que la fricción generaba espuma, imagino que debía tener gel en la mano antes de darse la vuelta. La caricia seguía siendo muy excitante, pero confieso que me decepcionó un poco sentir que no había segundas intenciones en ella.

Levanté la cabeza para volver a mirar a mi chica a la cara, pero antes de poder ajustar la vista sentí que me estaba besando. Me encanta cómo juega conmigo. Sin dejar de acariciarme el pene mientras me besaba, acercó el mango de la ducha con la otra mano para limpiar toda la espuma que se había generado. Cuando se cansó de mis labios pasó a besarme el cuello durante unos segundos, soltó mi pene para pasear su mano por mi cintura, incluso llegando a mi trasero, yo pensaba que lo siguiente sería salirnos de la ducha, pero para mi sorpresa, ella se arrodilló y se metió mi polla en la boca.

Me pillo completamente desprevenido, pues era la primera vez que me la chupaba en esa situación, no pude evitar soltar un gemido. Me encantaba verla desde arriba, ver cómo su cabeza se alejaba de mi cuerpo para después volver a acercarse con un ritmo tan constante y delicioso. La mano que antes agarraba mi pene, ahora me apretaba el culo, la lengua que antes me besaba ahora jugueteaba con mi glande. No supe ni reaccionar hasta que ella se levantó, me dio un pequeño beso en los labios con una mirada pícara, y salió de la ducha para secarse.


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