La segunda primera vez (II): Su culo

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Salí de la ducha sin que la sangre me hubiera vuelto al cerebro, agarré la toalla y comencé a secarme, sin poder separar mis distraídos ojos del culo de mi novia mientras ella se secaba el pelo. Empecé a pensar en la ropa que se pondría la cena, si iría elegante o provocativa, sexy o insinuante. Concluí que daba igual, que estaría genial con lo que se pusiera y que debería pensar en qué ponerme yo para estar a la altura de su belleza. Comencé a secarme el pelo, tapándome la cara con la toalla y perdiendo de vista a ese ángel. De repente volví a sentir una mano agarrando mi pene, pensando que me soltaría enseguida seguí secándome el pelo, pero me equivocaba, al apartar la toalla seguían ahí: la mano y la diablesa.

En ese momento los dos sabíamos que yo ya era suyo, que no podía escaparme y que haría lo que ella quisiera, que a la vez era lo que yo deseaba. Sus bonitos pies comenzaron a andar hacia su habitación, y su delicada mano seguía sujeta a mis decisiones, por lo que no tuve alternativa que seguirla. Estando junto a su cama intenté besarla, pero ella empujó suavemente mi pecho impidiéndomelo y tirándome a la cama al mismo tiempo. Me coloqué tumbado con la cabeza en la almohada, esperando a que ella decidiera qué iba a pasar a continuación. María entró gateando desde el lateral de la cama y comenzó a besarme.

—Me encantas. —Le dije apasionado.

Su única respuesta fue continuar besándome, acariciarme el pecho, la cara, el pecho de nuevo, bajar su mano hasta tocarme el pene y jugar un poco con él, para después volver a subir sin dejar de acariciarme. Yo estaba súper excitado con ese beso que parecía no tener fin. Ella disfrutaba de morderme el labio, de besarme el cuello mientras se me aceleraba el corazón y no podía evitar respirar hondo, de deslizar su lengua por mi pecho, cada vez más lejos de mi boca. Empezaba a echar de menos sus besos hasta que sentí que había llegado a mi entrepierna.

Abrí los ojos y la imagen no podía ser mejor: mi chica estaba a cuatro patas, con la cabeza cerca de mi pene mientras me lo acariciaba con una mano, y su culo orientado hacia mi cara, pudiendo llegar a él simplemente levantando el brazo. Me encanta disfrutar de su cuerpo así, de manera que empecé a acariciarla suavemente, no podía resistirme a apretarle cada vez con más frecuencia y más intensidad, incluso me permití darle algún cachete. Amo su culo.

La excitación crecía a medida que me la chupaba, por lo que metí dos dedos en su vagina. Estaba muy mojada, así que pensé que lo mejor sería meter un tercero. Creo que no se lo esperaba porque soltó un gemido, yo movía mi mano con suavidad pero incrementando el ritmo gradualmente y tocándola donde más siente. Debía gustarle mucho pues, sin darse cuenta me masturbaba cada vez más rápido mientras lamía la base de mi pene. Una vez más se la metió en la boca, pero esta vez intentando que le cupiese entera. Debió ser su despedida, porque justo después se levantó y fue a coger un condón. Me encantó que lo hiciera, porque yo también me moría de ganas de follar.


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