La segunda primera vez (III): Primer asalto

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Ver la figura desnuda de mi chica caminando hacia mí, con sus curvas, su cintura, sus preciosas tetas, su cara angelical y su seductora mirada me parecía un sueño. Llevaba el condón en la mano, pero aún no lo había abierto, se subió a la cama y se sentó de rodillas sobre mis muslos, con su coño muy cerca de mi pene. Le dije que tuviera cuidado con el semen, pero ella empezó a acercarse más, hasta que finalmente tiró el condón sobre la mesa y me dijo:

—Llevo un anillo vaginal. —Y metió mi polla en su vagina.

La sensación de notar su cuerpo sin ningún plástico de por medio era muy excitante, notábamos con más detalle la forma de nuestros genitales, se mezclaban nuestros fluidos y yo notaba mejor que nunca el calor y la humedad de su vagina. El placer no paraba de aumentar cuando María comenzó a moverse, primero suavemente, disfrutando de tener mi pene dentro al fin sin nada, después subiendo el ritmo poco a poco, botando sobre mi polla con más ganas que nunca. Yo jamás había disfrutado tanto el sexo, tenía la verga más dura que nunca, deseaba no correrme para que el polvo no acabase en toda la noche, la chica que estaba follándome era muy ardiente, y tan sexy que sus pechos botaban con sus movimientos. Entonces noté cómo se contraían los músculos de su vagina, y el flujo de mi novia empezó a empaparme los genitales.

María se tumbó a mi lado tras haberse corrido, su coño aún palpitaba, lo que la hacía seguir gimiendo ocasionalmente. Mientras se recuperaba del primer asalto, yo no podía evitar mirarla, tenía una cara preciosa, como siempre cuando folla. Acaricié su barriga y su cintura, me gusta cada centímetro de su piel.

—Ojalá tenerla en la cama todos los días. —Pensé.

Acaricié su pecho con delicadeza, le di un pequeño beso en los labios mientras acariciaba suavemente sus pezones, ella seguía con los ojos cerrados y yo empecé a besarle el pecho y a chupar sus pezones con cuidado, no quería alterar su relajación, pero tampoco podía dejar de disfrutar un cuerpo tan bonito.

Volví a besar su boca, esta vez con lengua, mientras ella me acariciaba la espalda. Me levanté dispuesto a hacer lo que antes no había podido, la agarré de las piernas y la coloqué con el culo al borde de la cama, entonces me arrodillé y puse sus piernas sobre mis hombros.

Empecé a comerle el coño con suavidad, humedeciéndole el clítoris con mi saliva, mi lengua iba recorriendo sus labios lentamente, jugando con ella mientras la excitación aumentaba. Abrí sus labios con una mano dejándome ver ese botoncito rosado tan apetecible, mientras con la otra introducía muy despacio un par de dedos en su vagina húmeda. Sin parar de mover los dedos comencé a pasar mi lengua al rededor de su clítoris, acercándome y alejándome de él mientras mi novia me acariciaba el pelo. La intensidad con la que la penetraban mis dedos fue subiendo, y mi boca pasó a centrarse en el placer de su clítoris. María me agarraba del pelo cada vez más fuerte indicando que le gustaba lo que hacía, lo cual me ponía más caliente. Entonces frené mi lengua y mis dedos, me puse de pie y le dije:

—Ponte a cuatro, te voy a follar. —Empezaba el segundo asalto.


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