Sebastián Piñera es nuestro payaso asesino

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Ayer se bajó del auto blindado rodeado de sus guardaespaldas, se sentó junto a los rallados que hablan de sacarle la cabeza y mientras su ego superaba los limites fue fotografiado por sus empleados. Seguro que si hubiera tenido a un mutilado lo hubiera levantado sobre sus pequeños hombros como un cazador exhibe a un búfalo recién asesinado.

El presidente de Chile siempre fue conocido por ser un imbécil, pero de esos que no parecen ser malas personas. Es el compañero de curso que no tiene capacidades en ningun ramo pero que se esfuerza para aparentar que lo hace todo bien para finalmente fracasar en todo. Genera simpatía por su ignorancia y termina generando lazos de protección. No sabíamos que se estaba gestando la creación de un nuevo tirano al poder. Dentro de ese personaje chistoso se escondía un poderosos empresario, ex presidiario, que escondía sus fuertes lazos de corrupción.

Creo que todo se juntó en un momento inadecuado. De pronto se decidió que ir a votar por el presidente no sería obligatorio. Muchos personas no fueron a sufragar porque pensaban que nada cambiaría entre un candidato y otro. El argumento era que las decisiones del país son decididas por las familias del empresariado que casualmente son las dueñas de Chile. Finalmente volvió a ser elegido el hombrecito chistoso que figuró en su primer gobierno por rescatar a los mineros y enfrentar la restauración de un país luego de uno de los terremotos más violentos de su historia. Nos equivocamos. Si era importante votar. Las familias adineradas aman tanto ir a misa como ir a votar cada cuatro años y gracias a ellos volvió a ser presidente el bufón corrupto y ahora asesino.

El payaso le declaró la guerra al pueblo que exigía sus derechos básicos de sobrevivencia. Criminalizó las manifestaciones y nos catalogó comodelincuentes. Cuando se inició el estallido social con más fuerza decidió ir a un restaurante para comer pizza y ahora, frente a la emergencia sanitaria más grave de la historia reciente, decidió ir a fotografiarse en medio de una cuarentena obligatoria. Aprovechando el encierro de los trabajadores quiso apropiarse por unos minutos del emblema de la lucha social, siempre en un tono burlesco y amenazante. Posiblemente quería graficar que tenía a la presa del cuello pero cuando la bestia rompa las jaulas de la represión volverá a las calles exigiendo su cabeza y la de todas las instituciones que han sido cómplices de las agresiones, torturas y asesinatos.


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