No soy un niño victima de la Teletón

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Soy Raúl, tengo 16 años y hace algunas temporadas sufrí un accidente automovilístico que me dejó sin el movimiento de ambas piernas. Conducía mi papá y durante 3 años estuvo en una depresión terrible la que lo mantuvo durmiendo en la calle rodeado de botellas de vino y moscas. Lo importante es que pudo reaccionar y volvió a la casa. Durante esa época mi madre me llevó a la Teletón, institución a la que le debo mi recuperación. También estoy muy agradecido de no haber sido utilizado por las figuras de la televisión como victima de un accidente para recolectar dinero. Le debo todo a la terapia y a sus especialistas pero no siento cercanía por la farándula que utiliza a los niños discapacitados como boletos de cine.

Es difícil referirme en estos términos porque nadie cuestiona el evento anual y mucho menos si uno es paciente de la institución. Siempre que soy crítico mi madre me pega una patada bajo la mesa antes que mi padre me tire de la patilla. Lo hacen porque creo que no saben de mis argumentos e ideales. Cuando me dijeron que debía amar a la Teletón, cosa que he sentido desde el primer momento, también entendí que debía fiscalizar que nadie utilizara esta bonita obra para generar negocios ilegales. No quiero ser el amargo, el pesimista que lo cuestiona todo, pero tampoco quiero ser el ignorante que permite o es complice de los abusos.

La teletón atiende a 24.000 pacientes de un margen de 3 millones de discapacitados que no son parte de terapias. Tampoco sus tratamientos son cubiertos por el estado. Entonces podemos pensar que la institución tiene algún método para discriminar entre una víctima y otra. Hasta el día no entiendo el mecanismo que utilizan para hacerlo. Desde que partió la Teletón tampoco han informado de los gastos utilizados en los centros de rehabilitación. Nadie ha informado en que se han utilizado cada peso de lo que genera el show mediático. Tampoco quiero alabar la imagen de un icono televisivo que colabora con la dictadura y promueve la represión policiaca frente a movimientos sociales. No quiero abrazar a dirigentes o autoridades políticas frente a su evidente lavado de dinero e influencias.

Soy Raúl el niño más asqueroso del mundo por cuestionar la institución que me sacó adelante pero entiendo que le debo mi vida a los profesionales que estuvieron día a día conmigo y no a los iconos pop que utilizaron la imagen de un niño símbolo para dar pena a televidentes ignorantes. Necesitaban con ansias el capital para darle el 20% de las ganancias a la institución de mi vida y el resto quizás lo utilicen para agrandar sus lujosas islas del fin del mundo. Los discapacitados no somos héroes ni guerreros, somos victimas de un sistema que explota nuestra imagen una vez al año para conseguir beneficios económicos.


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