Extraño en el metro (primera parte)

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Esto ocurrió hace algunos años, durante mi época de estudiante.

En ese entonces estaba realizando mis prácticas profesionales y tenía que trasladarme en metro para poder llegar más rápido a mi destino.

Los que viven en la ciudad o han viajado en el metro de la ciudad de México sabrán que a las 7am hay demasiada gente y que de las líneas más saturadas es la rosa que era en la cual me transportaba.

Ese día se me hizo tarde, así que me apresuré a bajar las escaleras para poder ingresar al vagón, sin embargo, no me dio tiempo de llegar a los vagones exclusivos para mujeres, así que decidí subirme al de hombres, era llegar tarde o subir ahí.

No me disgusta subir a esas horas al vagón de hombres, la verdad me gusta mucho sentir esos roces indiscretos y juguetones que solo ahí se sienten, digamos que es un gusto culposo.

Lo que acostumbraba hacer era poner mi mochila en frente mío, para así evitar que me pudieran robar alguna pertenencia, dejando siempre descubierta mi retaguardia, cómo sea me importaba más que mis pertenencias llegarán íntegras que los roces o manoseos que como lo mencioné para nada me desagradan.

Dicho lo anterior me metí al vagón, que por su puesto estaba a reventar de hombres y una que otra mujer, siempre he sido muy respetuosa y procuro irme al fondo del vagón para no estorbar a las personas que pueden bajar en las próximas estaciones, así que me dejaron pasar a la parte de atrás, me dejaron recargar en la puerta del fondo.

Todo transcurría normal, hasta que mientras bajaban más pasajeros noté una mirada insistente, lo ví, era un chico muy atractivo, alto, de cuerpo robusto, mirada y sonrisa encantadora, estaba recargado en la misma puerta que yo, pero al otro extremo. Al principio pensé que era una mirada casual, pero conforme se iba bajando la gente que nos separaba el se acercaba más y más.

Su mirada era demasiado insistente, pero no solo veía mis ojos, sino que también recorría todo mi cuerpo mientras lamía sus labios, esto hizo que mi corazón se sintiera salir de mi pecho que se tradujo en un cosquilleo rico en mi vagina.

Por fin cuando la última señora que nos separaba de fue, nos miramos y le sonreí sin saber lo que provocaría.

Él se acercó a mí, esperaba que me hiciera la plática, pero no lo hizo, lo único que dijo fue "hola" y seguido de esto empezó a pasar su mano por mis nalgas, primero las recorrió con sus dedos  suavemente, para después apretarlas  tan rico que sentí que me temblaban las piernas, pero no lo dejó ahí, comenzó a deslizar sus dedos por enmedio de mis nalgas hasta llegar a mi vagina, por instinto abrí las piernas dejando que sus dedos acariciaran mi sexo, esto lo excitó más, lo vi en su pantalón y en el gemido leve que soltó, yo no me quedaba atrás, soy una mujer que le gusta mucho gemir, así que el escucharlo me hizo gemir también.

No dejábamos de mirarnos fijamente mientras me tocaba, hasta que una señora que estaba sentada enfrente, viéndonos con cara de desaprobación me hizo salir del trance sexual en el que estaba. Incómoda decidí moverme a otro lado y obviamente el me siguió.

Volví a recargarme en una puerta, está vez le hice una seña para que pudiera tocarme mejor, levanté mi mochila y le enseñé con la mirada mi clítoris, el enseguida entendió y comenzó a meter la mano por debajo de mi pantalón, acarició suavemente mi clítoris con sus dedos, era tan deliciosa la sensación que pronto estaba tan mojada y excitada que lo único que quería hacer era que me penetrara hasta el fondo, rápido y fuerte. Con los dedos llenos de mi fluido subió hasta mis senos, los apretó y pellizco mis pezones que estaban duros y con ganas de sentir su rica lengua.

Estaba al borde del éxtasis, sólo quería que me cogiera duro, pero de pronto me di cuenta de que la próxima estación era en la que tenía que bajar, le comenté acerca de esto a lo que el contestó " te acompaño, bajamos del vagón y me miró fijamente mientras me preguntaba " vamos a otro lado?" A lo que obviamente conteste: si...


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