Rota rutina

Por
Enviado el , clasificado en Terror / miedo
286 visitas

Recomendación:
ManualidadesEn.casa - Haz manualidades en casa. Cientos de proyectos para desarrollar tu creatividad, con diversos tipos de materiasles y niveles de dificultad.

El día había transcurrido tan anodino como todos los de aquel caluroso verano.  La mañana no dejó escapar ni una tímida sorpresa, se construyó tan idéntica como sus hermanas desfallecidas en fechas anteriores.  El mediodía trajo tanta soledad como lo habían hecho las decenas anteriores.  Cansado de tanta igualdad, de tanto sopor, decidió lanzarse a pasear y dejar que sus desacostumbrados pasos le llevaran al cercano pueblo, tal vez allí consiguiera romper su aburrimiento crónico.

Una tras otra sus pisadas dibujaron en el terregoso suelo el camino que le llevaba en busca de lo distinto, de lo disfuncional en su ordinaria vida.

Alzó la vista alarmado por el trinar irritante de demasiados pájaros a la vez.  El hecho le descolocó en el momento.  Jamás antes había contemplado tanta ave surcar los cielos, descontroladas e irritadas.  Dispares especies volaban frenéticas tratando de alejarse de algo que solo ellas comprendían. Unas lo hacían en line recta, otras de manera perdida, muchas incluso solo daban vueltas.

Trató de alejarse del desconcertante espectáculo, pero le resultaba inútil. Los pájaros ocupaban demasiado cielo, casi podría semejar una nube de tormenta el histérico encuentro. Y para colmo de males el estridente ruido que sus histéricas gargantas emitían no permitía apenas pensar, solo daba para taparse los oídos buscando encontrar una paz que se esfumaba en medio de la algarabía reinante.

El lento caminar se convirtió en carrera.  La esperanza de encontrar refugio en el triste bar del pueblo, ese en el que solo los desesperados entraban a disfrutar un refrigero en vasos biselados por el tiempo y la suciedad, movía con celeridad sus oxidadas rodillas.

Justo en la entrada del pueblo, allí donde la primera casa abandonada muestra los cascotes que el tiempo ha mellado en su descuidada fachada, volvió a recobrar el silencio en sus oídos.  Temeroso apartó sus manos de ellos y alzó la mirada tratando de encontrar el enjambre de alocadas aves. Solo el azul limpio del cielo bañado por el deslumbrante sol de la tarde, percibieron sus ojos, sorprendidos de no encontrar la negrura que antes rompía la luminosidad veraniega.

Renegó en silencio con su cabeza moviéndola suavemente de un lado a otro, no deseaba romper el preciado tesoro recién recuperado. 

Reinició su cansino caminar, no dejando que pensamientos interrogantes ocuparan su cabeza.  Quería paz, la monotonía ya se había roto, ahora deseaba volver a la normalidad.  A pesar de que su idea trazaba un camino de retorno, sus pasos seguían avanzando hacia el pueblo apático y casi desértico, junto al que vivía.

Un televisor tronaba a volumen atroz desde una de las pocas viviendas que aun albergaban vida en su interior.

Pregonaba desastres, anunciaba terribles sucesos, incitaba a despedirse de los cercanos y a entregarse a lo divino.   La locura desbordaba las palabras del locutor.  Miro por la ventana por la que invadía la calle la trágica banda sonora y contemplo a un anciano, inmóvil frente a una histriónica sucesión de imágenes apocalípticas.  Trato de hablar pero no consiguió articular palabra, las imágenes golpeaban con fuerza su corteza cerebral causándole una terrible inquietud y una sensación de pánico agobiante.

Cargado de miedo se apartó de la ventana y volvió a emprender su frenética carrera hacia el bar del pueblo.  Aquí, allí, allá, pasara por donde pasara las mismas voces anunciaban similares pesares.  Las pocas casas habitadas repetían en sus televisores el mantra de la destrucción.

Entro en el bar, frenético, histérico, sudoroso, acalorado.  Tras la barra, el propietario le miro con desdén, mientras frotaba un vaso que abandono su cristalinidad decenas de limpiezas antes.  El local solo albergaba polvo y silencio.  En las mesas, solo la soledad reposaba sobre ellas. 

—Tranquilo chaval.  ¿Quieres tomar algo?

—No ¿Quiero saber qué pasa?

—Poca cosa. Que el mundo se acaba.  Algo que ya sabíamos todos, aunque nadie quería creerlo.

—¿Cómo que se acaba el mundo? ¿Es que está loco o qué?¿Cómo coños se va a acabar el mundo?

—Sencillo, es el apocalipsis, nos hemos cargado el planeta y alguien se ha cabreado con nosotros y zas, fin de la historia. Y no estoy loco, solo me lo tomo con tranquilidad.

—¿Es una broma no?

—No

Algo en su interior le avisaba que todo era cierto, pero se aferraba a la necesidad de creer que todo era pura invención, que no podía ser verdad.

Un terrible estruendo rompió el silencio que reinaba en el local.  En el exterior algo se quebraba, algo rasgaba la normalidad.

Salió a ver qué era lo que pasaba y sus ojos llegaron a contemplar como el cielo se rasgaba aquí y allá, por terribles estelas de fuego que incitaban a imaginar el peor de los posibles candidatos.

Una sorda explosión en el horizonte, alguna más en su opuesto, y el cielo tiñó de rojo fuego el pacifico y tranquilizados azul.  Ardió con violencia, crujió hasta ensordecer, y trató de ver que era lo que llegaba pero no le dio tiempo a obtener el conocimiento.  La oscuridad acogió su alma, cegó sus ojos, mato su vida.  El Armagedón había llegado.  Antes de pasar a ser solo parte del universo, dejo escapar una tímida oración tratando de encontrar una esperanza en la que nunca creyó.


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.