Se hace camino al andar (IV)

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Asi que respire. Le mire a los ojos, y en ese instante preciso conectamos, fuimos como dos presas de agua, que rompieron sus limites, y las aguas se mezclaron, y las aguas se equilibramos, y fuimos uno. En ese momento, yo me libere, entendí que la cosa estaba en el equilibrio en cuanto me aceptaba a mi, cuanto le aceptaba a el, y cuanto aceptaba el entorno en el que estaba. Y decidí aceptarnos a todos.

 

Le cogí de la mano, la manta se quedo, y muchos de los miedos e inseguridades también. Y juntos entramos en la casa, íbamos en silencio, en silencio compartido, ese silencio de las parejas que se entienden sin hablar.

 

Subimos a mi cuarto, yo le fui abriendo las puertas, puertas que el me sujetaba para que pudiéramos pasar. Una vez en mi cuarto, algo de nerviosismo volvió, pensando en la ultima vez, había sido un desastre. Me beso suavemente en los labios y me dijo, vamos despacio, que es nuestra primera vez juntos y quiero que sea especial. Me sentó en la cama, apago las luces del techo y dejo encendidas las luces laterales, se sentó delante de mi y me calentó los pies, siempre tengo los pies fríos, y me dijo, solo se tu misma, tranquila, mi corazón iba a mil por hora, pero era mirarle, y me calmaba, sus ojos demostraban la pasión, una pasión gamberra y serena a partes iguales. Una vez mis pies estaban calientes, el se sentó delante mio, su respiración era mi respiración, y nos mirábamos a los ojos la comunión era perfecta, encajábamos como dos gotas de agua, y asi seguimos toda la noche, explorando nuestros cuerpos, explorando lo que nos gustaba mas y lo que no era tan interesante. La noche, mas bien el dia y la noche, fueron espectaculares, de caricias y cariño compartido, de risas y descubrimiento del cuerpo y del alma del otro.

 

Asi pasamos los dias, el se había venido con el ordenador y ropa para dos semanas y llevábamos mes y medio viviendo juntos. El trato funcionaba, ambos teníamos nuestros ratos para nosotros, para trabajar, yo salia a correr a las mañanas y el se tomaba las mañanas algo mas tranquilas, y a la hora de comer era cuando coincidíamos, nos solíamos dar un paseo e irnos pronto a casa, que teníamos hambre el uno del otro.

 

Y los contratos empezaron a venir, yo hablaba con pasión con la gente de lo que hacia, y esa pasión era contagiosa. Y la gente que me conocía, me empezaron a pedir que les hiciera proyectos. Asi que había dias que le dejaba en casa y me iba a instalar proyectos o a hablar con la gente, y había dias que estaba mas en casa. Y parecía que el trato funcionaba para ambos.

Hasta que un buen dia me dijo, Maria, necesito mas espacio,

 

Yo le mire, levante la ceja, y le pregunte, ¿que necesitas?

 

Necesito volver a casa. Me contesto.

 

Ahí tome dos respiraciones profundas y le pregunte, ¿que tienes en mente?

 

Irme a casa, hacer una maleta mas grande, traerme mas cosas, y estar aquí de forma algo mas definitiva, si te parece bien, me dijo guiñando un ojo.

 

Se me salto la sonrisa, otra vez, este gamberro tiene el poder de vacilarme con solo mirarme.

 

Me acorde de ese poema que dice, cuando una mariposa se posa en tu mano, si cierras la mano, la mariposa o sus ganas de estar contigo, se van, si por el contrario, la dejas abierta, la mariposa y su amor por ti, seran mas permanentes. Asi, pues, abrí la mano.

 

Hasta la vista comandante le dije entonces.

 

Y aquí estoy, esperándole en el aeropuerto, para empezar la siguiente etapa juntos.

 

¿Que te parece querido amigo lector?

 


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