Sexo intenso y del bueno

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Ya es de noche, las siete aproximadamente, llegaste al punto de encuentro.

Ambos estábamos nerviosos, pues hace tiempos no hacíamos nada y parecíamos tímidos
Nos fuimos del lugar, y te lleve a mi casa que estaba bastante cerca.
Y quedaste sorprendida cuando entramos en mi cuarto.
Tranquilamente me dirigí hacia ti y te quite el abrigo. Me quite el mío. Encendí unas velas y apague la luz.
Agarre tu cabeza con mis manos y bese tu boca suave y largamente. Mientras mi lengua se entrelazaba con la tuya deslicé mis manos hacia tu espalda y empecé a deslizar el zíper del vestido hacia abajo, que cayó al suelo, dejándote en ropa interior. Te entro un intenso calor en las mejillas, y de una sola ves recorrió tu entre pierna empezando a humedecerse. Me levantaste la camisa y yo levante mis brazos para sacarla por mi cabeza. Al bajarlos recorrí tus costados rozando tus pechos, hasta llegar a la cintura que aprete contra mi cuerpo.
Mi roce te dejó aún más excitada, tenías una buena comida bajo los pantalones, y acariciándome me desabrochaste el pantalón que cayó también al suelo, y te cargue en brazos y te lleve a la cama.
Delicadamente te quite los zapatos y empecé a besarte desde los dedos de los pies. Fui subiendo y besando hasta llegar a tu ropa interior, que deslice hacia abajo.
Allí de pie, saqué mi bóxer y deje a la vista mi pene, levantado. Subí sobre ti y rozándola contra tu cuerpo te desabroché el bra y la puse entre tus pechos. Me agache un poco para poder besarnos de nuevo y agarrándolas para envolverla empecé a moverme hacia delante y hacia atrás. Jamás había hecho esto, pero el momento excitante te provocaba que cada vez que la acercaba a tu boca tu lengua la acariciara con muchas ganas. 
Álvaro, dámela, dámela... — Finalmente la tenías dentro de tu boca, tus labios la disfrutaban. 
No quise venirme todavía. Volví hacia abajo y fui deslizándome hacia tu vagina. Te separe las piernas y enterré mi cabeza en ella, para lamer completamente todo provocándote intensos gemidos de placer.
Subí hacia tus pechos. Tu no podías dejar de acariciarme. Tus manos llegaron a mi pene cuando las mías te, apretaron y pellizcaron tus pezones. Los mordía suavemente cuando me sorprendiste metiendo mi pene duro dentro de ti. Aaaaaah!!
Empezamos a movernos, lento y profundo, mientras nuestras bocas exhalaban y dejaban escapar suspiros. Te miraba intensamente, te besaba... te estabas volviendo loca... Cómo la sentías entrar y salir...
El ritmo aumentaba, gemías desesperada por las sensaciones
—Siiiii, sigue, no pares! —pedías con voz entrecortada.
—No paro, no paro... Córrete conmigo! No puedo aguantar! Aaaaaah —gemías.
Fue tanto, que tuviste unas contracciones que dejaron atrapado mi pene alargando nuestro orgasmo, haciéndolo tan profundo que nos dejó cansados. Quedamos abrazados, yo sobre ti con tus piernas a mi alrededor, nuestros líquidos mezclados.

Sin darnos cuenta quedamos dormidos, muertos de placer

Al día siguiente, que desperté estaba en la cama, yo solo sin señas de ti.
Y justo cuando me vestí para ir a buscarte entraste a la habitación.

Aunque intentaste disimular, tu cuerpo no te ayudó, y por debajo de tu bata se podía notar lo endurecidos que estaban tus pezones, y como no, si en esos escasos minutos tuviste muchas fantasías pues recordabas lo de la noche anterior.

Yo en cambio no disimule, y mi mirada pasó de estar en tu cara a caer directamente a tus pechos. No te molestó, por el contrario, despertó tu yo interior intenso, salvaje y rudo, ese al que en realidad lo único que le importaba era que alguien, sin importar quien, como, cuando y donde, te Quitara las ganas y con muchas ganas.

Me invitaste a seguir, nunca dudé y muy decidido seguí. Serviste dos tazas de café, me dijiste que me sentara en tu comedor de vidrio, y te sentaste frente a mí. Había un silencio algo incómodo pero, ambos sabíamos lo que queríamos. Lentamente abriste tus piernas y empezaste a manosearte yo ya tragaba grueso y como buen espectador miraba atento y disfrutaba

Después de masturbarte frente a mí por unos 10 minutos, lograste ver como en varias ocasiones agarraba mi erección por encima del pantalón, lentamente te levantaste, con una simple mirada me llevaste a la habitación nuevamente.

Sentiste mi erección entre tus nalgas por encima de tu bata, suavemente te abrace por la cintura y poco a poco subí mis manos hasta tus tetas, las aprete, y pellizque tus pezones y masajee de una manera deliciosa, mientras me pegaba a ti, y daba golpes una y otra vez más fuertes cada vez a tu culo. Naturalmente te mojaste, era una situación que difícilmente podríamos desaprovechar. Como una experta y con tus manos hacía atrás, desabrochaste mi pantalón, y bajaste el zíper. Salió a la vista mi pene, duro, grande, caliente.

Levanté tu bata y sin compasión te penetré, ¡qué delicia! Que sensación tan exquisita, mientras te agarre por detrás de tus brazos y pelo, te encorve un poco, estando de pie sentir como mi pene duro, iba haciendo espacio y cada vez más dentro de ti, resbalándose con tus líquidos, mis manera de moverme era cada vez más fuerte rápida, tus gemidos eran profundos y fuertes, cuando me dijiste : “Rómpeme el culo”.

Bajé, lamí tu culo, lo llene de saliva y metí un dedo que entro sin problema, después me levante y despacio empecé a penetrarte hasta que estaba todo adentro, ahí no podías más, sentiste que en cualquier momento te vendrías y nuevamente me pediste que te rompiera el culo, que lo hiciera duro, con fuerza a lo que acepté te tome del cabello y como si fuera mi última vez, te lo metí como una bestia.

Seguido a eso, sentía que en cualquier momento me vendría así que me salí, y te solté, te arrojé hacia la cama, boca abajo, te sujete de los brazos para que no pudieras levantarte y apresuradamente me puse encima de ti, ver tus nalgas grandes y sudadas me excito más, así que volví a poner mi pene en tu vagina, y cuando estaba en posición, me deje caer, gritaste de dolor pero también te placer, y así lo hice varias veces más, te lo metía hasta adentro, y lo sacaba hasta afuera, me dejaba ir perforándote, poco a poco la velocidad subió y te empecé a jalar fuerte del cabello, te levantaste poco a poco mientras te cogía, y estando de perrito te movías hacia delante y hacia atrás, gritando, jadeando, gruñendo, pegabas con tu culo con toda tu fuerza hacia atrás, sonaba duro tus nalgadas contra mi cadera.

¡Voy a terminar, voy a terminar! Te dije, ¡Échamelo todo adentro del culo por favor! Respondiste así que continué eche el líquido caliente y espeso en tu culo, al sentirlo tan húmedo, y en medio de mis gemidos y tuyos míos, te viniste deliciosamente...
Era exquisito ver chorrear tu vagina y mi semen saliendo de tu culo.
Lo haría una y mil veces más.


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