LA MEMORIA HISTÓRICA 1

Por
Enviado el , clasificado en Cuentos
155 visitas

Marcar como favorito
Recomendación:
Deviajeros.es - La página de referencia para planificar tus viajes y vacaciones

En España, debido a la terrible pandemia que se ha desatado y que se ha cobrado muchas vidas de las personas de edad avanzada, la memoria histórica está en vías de desaparecer. Este relato pretende contemplar a dicha memoria ya que constituye el legado cultural del que hemos partido todos nosotros.

                                       --------------------------------

La señora Carmen Valls que era una ama de casa de cuarenta y cinco años coincidió con su amiga del barrio de Barcelona en el que vivía llamada Pilar Quesada, la cual era una mujer aproximadamente de su misma edad, en el bautizo de un niño cuya madre era a su vez una sobrina de ésta.

Y en medio del almuerzo que se celebró en un restaurante de la ciudad a mediados de los años 50 del siglo pasado, Carmen le dijo a su amiga:

- Oye. ¿Te has enterado de lo que le ha sucedido a la pobre familia Miravet?

- Si. Algo he oído - respondió Pilar con una expresión desdeñosa-. Y no me lo puedo creer. La hija Aurora, esa chica que parecía que nunca había roto un plato, dicen que se ha quedado embarazada de un joven con el que salía.

- Pues ya te puedes imaginar el gran disgusto que tendrán sus padres. Esta pareja deberá de casarse cuánto antes. Porque figúrate que si él se echa para atrás y abandona a la chica, ella será una madre soltera y todo el mundo la señalará con el dedo. Será una vergüenza para la familia.

- Claro. Pero no creo que ésto llegue a pasar. Por lo que he oído que este chico llamado Cosme es muy formal. No es ni mujeriego, ni bebedor, ni jugador.

- Mejor así. Y Aurora trabaja ¿no? - expresó la señora Carmen Valls.

- Sí. Trabaja en una pastelería del centro de Barcelona.

. Pues cuando se case tendrá que dejar de trabajar para cuidarse de la casa y del hijo.

- Claro. Pero lo malo es que él no gana mucho dinero, no.

- ¿A qué se dedica?

- Es un chupatintas de una empresa que fabrica ropa interior femenina.

- Pues que lástima. Aurora, con lo guapita que es bien podría haber elegido a un "buen partido" que la llevase en bandeja.

- Y tanto que sí. Pero ya ves.

Es una pura mentira que si en los años 50  habían mujeres que trabajaban en lo que fuera lo hiciesen para emanciparse de la opresión de los hombres, como pretenden hacernos creer los partidos políticos de Izquierdas. Si muchas de ellas entraban en el Mercado laboral era para ayudar a la débil economía familiar; aunque la inmensa mayoría de estas damas suspiraban por hallar a un "príncipe azul"; a un hombre adinerado o con probabilidades de serlo, que las rescatase de la pesada rutina del trabajo y de la penuria familiar en la que se veían inmersas. Pues la costumbre era que tan pronto como la femenina se casaba, ésta tenía que dejar de trabajar para ser una buena ama de casa y ellas lo aceptaban de buen grado. Inluso habían algunas señoritas de la clase media, que al terminar los Estudios ni se molestaban en ganarse el pan con el sudor de su frente e iban directamente en buscar a este mirlo blanco.

Efectivamente el tal Cosme García que era el sujeto que había dejado embarazada a la hija de la familia Miravet no era ningún desaprensivo sino que como era un hombre cabal enseguida se hizo cargo de la comprometida situación en la que había dejado a la joven y se casó a toda prisa con ella, sobre todo para acallar las habladurías de la gente del barrio. Pues la virginidad de una mujer que era lo mismo que su honorabilidad era sagrada, a menos que se fuese una "media virtud" - hoy en día diríamos una mujer liberada de prejuicios- o una cualquiera.

Pero como se ha dicho que Cosme no tenía una situación económica demasiado boyante que le permitiese alquilar un piso decente, la pareja no tuvo más remedio que irse a vivir con la madre de éste que era una mujer viuda, la cual ya era algo mayor de edad. Y como ellos  habían otros tantos en la misma situación. Pues habían bastantes parejas que tratando de ahorrar un pequeño capital para encontrar un piso decente en el que vivir, podían estar festejando durante varios meses o incluso años. ¿Y cómo solucinaban las necesidades eróticas si no podían acostarse juntos antes de estar casados; durante el noviazgo? Siempre había la solución intermedia de la mansturbación; aunque el varón de vez en cuando tenía acceso a visitar a las "señoras de mala vida" que podían enseñarle algo.

Al cabo de poco tiempo de vivir el matrimonio García en el mismo habitáculo que la madre de Cosme, inevitablemente surgieron agrias fricciones entre Aurora y la suegra. La madre de Cosme sentía celos de su nuera. No podía soportar que su hijo, ese calzonazos, se dejase subyugar por aquella mujer que no sabía ni freir un huevo como Dios manda, y que ella quedase relegada en un segundo plano. ¡ Y eso en su propia casa! Pero como Aurora era mucho más locuaz que la madre de su marido, y además la asistía su legimitividad de esposa del hijo, la suegra se tenía que morder la lengua más de una vez.

-¡No, si al final me vais a matar a disgustos! ¡Voy a tener un ataque al corazón por culpa de vuestra y sufriréis remordimientos de conciencia toda la vida! - clamaba histriónicamente la madre de Cosme para suscitar un sentimiento de culpabilidad a aquellos jóvenes desagradecidos.

Pero si el marido de Aurora trataba de poner paz entre las dos mujeres, aún era peor porque entonces ellas hacían un frente común para amonestar al intruso que se había adentrado en el terreno femenino. "¡Tú no me defiendes!" - le gritaba su mujer. "¡Yo que te he estado cuidando siempre y así me lo pagas...!" - le recriminaba su airada madre.

Lo mejor era dejarlas estar y que ellas se apañasen ya que la sangre nunca llegaba al río.

Mas en medio de las tensiones familiares en aquellos años predominaba en la sociedad una rígida moralidad puritana, un sistema tradicional que emanaba del poder eclesiástico que a su vez estaba sustentado por el régimen político. Era lo que se llamaba el Estado Confesional, el cual no era nada nuevo sino que venía de antes de la Guerra Civil, y que la población había asumido sin discusión. Pues de este modelo grandilocuente y tradicional se desprendía un temor reverencial hacia el padre de familia y a la jerarquía dominante... al menos en teoría. Se podía despotricar contra Gobierno, pero casi todo el mundo se dejaba influir por aquel austero sistema en el que se consideraba que iban implícitas " las buenas costumbres". Así el tema sexual era tabú. Se decía de dicho tema que era algo "sucio" y de "mal gusto". Y si por ejemplo en un matrimonio surgía algun problema de este tipo, se hablaba de él veladmente, se daba a entender y se le abordaba con eufemismos.

 

 

 


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.