La sartén por el mango

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Era principios de verano, un calor tremendo mataba cualquier virus de transformación genética, tenías puesta ropa cómoda, camiseta de asas y pantalón corto, cocinabas pechuga a la plancha, las favoritas de tu hijo, y yo leía un libro en la tablet, pero por dentro también tenías mucho calor. Estabas excitada, no sé lo que pensabas, pero sudabas por fuera y lo deseabas por dentro, te imaginaste como empezaba a fluir líquido en tu vagina, ansiabas que aquello fuera verdad, que fuera torrente, querías correrte, sentirme dentro, notar el empuje, la fricción, las venas de mi pene convertidas en arterias manteniendo mi erección, deseabas mi semen dentro de ti, mis jadeos en tu cuello, el agarre de mis brazos en tus caderas, deseabas desnudarme con la mirada, y lo hiciste.

Mientras una mano sostenía la sartén por el mango, te metiste la otra en tu sexo, acariciaste tu vagina, te centraste en tu vulva hasta que sobrevino la humedad.

Abandonaste la comida a su suerte, me dirigiste una mirada que taladró mi cerebro, alcé la vista y vi dos fuegos arder, vi una de tus manos acariciar tu sexo, vi tu boca abierta y jadeante de excitación, vi el fuego de la cocina encendido. Me levanté veloz como un bombero, apagué el fuego de la cocina rápidamente, pero el tuyo no tenía control, necesitaba otras medidas.
Me agarraste una mano y la metiste en tu vagina húmeda, me agarraste la otra y la metiste en tu boca, allí se quedó un rato siendo chupeteada. El calor resultó soportable en comparación con tu ardor, me quemaste a mí, me bajé los pantalones para regar tu vagina con mi semen y apagar nuestro incendio. Bajé tu vestimenta inferior, te levanté una pierna, te así por las nalgas, te penetré allí mismo, con movimientos cada vez más rápidos para apagar tu llama intensa. El rozamiento agrandó el incendio, el sudor nos refrescó por fuera y la succión de tus paredes vaginales hizo de llave hasta abrir la boca de riego de nuestro jugo por dentro, cálido y a borbotones, hasta quedar exhaustos.

Y allí se acabó, siendo otra vez personas desnudas, después de socorrer la naturaleza apagando aquel fuego en pleno día de agosto.


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