TULIPANES c.1

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Capitulo 1.

Despertó como todos los días en el sofá como si de un 5* hubiera caido, sus pies sobresalian de la vieja manta, que alguien algún día le regaló, no podía recordar ni cuando, ni quién, pero no eran los años lo que hacía que fuera especial aquella vieja manta,  si no los muchos sueños que albergaba. Su despertar era una aventura, desliarse de aquella madeja de sueños, era todo un reto,  sin por supuesto no tropezar con el afilado mármol de la mesilla de comedor que acompañaba su destartalado hogar, se podia adivinar que aquello era una mesa, pues sobre ella descansaban un bolso, unas llaves , un tirado y desenfado fular que compartía salsa barbacoa con una pizza que ni se sabe cuanto tiempo llevava allí, una caja de cleanex vacía y su libreta vieja ya casi sin hojas, pues había escrito tantas veces sus sueños, que casi no le quedaban noches, pues su completo desorden le hacía ser una mujer perfecta, perfectamente ordenada entre tanto alboroto, pues puede que alli fuera el único sitio donde ella podría sobresalir.
Darle los buenos días a su gato, el que siempre amanecía enrrollado en su pelo desperezandose ante el tímido rayo de sol que entraba por la única y minúscula ventana de su apartamento, era lo mejor del día .
El café de la mañana era su momento zen, al que recurría en sus días libres, sentada en el poyete de su ventana abrazada a sus rodillas, observaba al gentío que caminaba por las calles de un lado para otro, como sí se les acabara el tiempo, corriendo, discutiendo, riendo, besándose por las esquinas, cruzando en rojo, todo iba tan deprisa allí fuera, mientras ella se escondia tras la nube de su humente café, refugiandose en su cálida sonrisa, con la que creia poder parar el tiempo dominando la mente de todos aquellos que tan de prisa vivían sin apenas apreciar los pequeños detalles que les rodeaban, ella,desde su ventana tenía un poder, el poder de sentir más que nadie, de parar el tiempo y recrearse en cada uno de los momentos.
A través del cristal se podía estremecer con la caricia de un abuelo a su nieto, y así trasladarse a su niñez,embriagarse de la ternura del beso entre risas de dos enamorados, podía sentirlo en su piel, oler los churros calentitos que el sr  Cándido compraba cada mañana de domingo para llevarle a su mujer, y así conseguir un minuto de su atención alrededor de una mesa acompañados de un chocolate calentito y así disfrutar de ella, mientras sus siete nietos libraban la batalla del lejano oeste en el comedor de su pequeño hogar, pero al mismo tiempo enorme pues su hogar estaba lleno de hermosos recuerdos. Esas mañanas se hacían tardes, pues solo volvía a la realidad al oir el maullido de su gato reclamando algo de comer, todas esas horas tras el cristal le hacían llenarse de energía para librar las veinticuatro horas de los próximos cinco días que tendría que batallar.


Era hora de comer algo y volver a su sofá bajo su vieja manta y así volver a acurrucase y soñar hasta oír el grito del demonio convertido en el odioso despertador que le devolveria al infierno de la realidad de un lunes más en el centro de una ciudad sin alma donde transcurriran ocho horas rodeada de notícias infundadas apelando al morbo general, contactos de señoritas y publicidades que tienen de verdad la tinta de la máquina que tantas mentiras a visto pasar.
Bienvenida a la oficina!!!, que tal tu fin de semana?, esa es la frase que Rita escupiria a la mañana siguiente detrás de su mesa escondida tras ese monton de maquillaje que ella se encarga de ponerse para hacer ver que su vida es perfecta, pues tiene el derecho de vivir su mentira como ella crea conveniente, en el fondo le tenia lastima, a pesar que no podía soportarla, le guardaba compasión.


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