A MI EDAD

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A mi edad, nunca me había fijado en hombres más jóvenes que yo, de hecho, si los había observado, pero no con la intención con la que lo hacía con mi nuevo vecino, algo me había llamado la atención, ni siquiera yo sabía a qué se debía esa forma en la que lo miraba, sólo sabía que mi piel se alborotaba en cada cruce de ascensor. Se que él podía sentir mi alboroto, a pesar de que en aquél minúsculo habitáculo, sólo podía esconder la mirada intencionada  en la punta de mis zapatos, sentir su respiración en mi cuello, hacía que me asaltaran sensaciones que casi no recordaba, salir apresuradamente de aquel ascensor, era lo único que me hacía recuperar el aliento, sin dejar de sentir su mirada en mí y ese adiós travieso que hacía que me volviera  loca...no se cuánto tiempo más podría controlar todo aquello.

Ese momento íntimo en el ascensor me excitaba mucho...como podía embaucarme de esa manera...buff... ¿y si le diera a la parada de emergencia? ¿Cómo controlar esa situación?  ¿Lo haría sólo para que él me bese? ¿Cuál sería su intención? Dios, ¿cómo se me podían pasar todas aquellas ideas por la cabeza? ¡Estoy casada! Él es demasiado joven, ¡pero irresistiblemente embaucador! En ese mismo instante, las sábanas parecían haberse tatuado en mis muslos, sólo la idea de pensar en él mientras mi marido duerme a escasos centímetros de mí, hacía que me excitara muchísimo.

Algo estaba cambiando en mí, el morbo lo impregnaba todo a mi alrededor, mi forma de vestir era totalmente acusatoria, buscaba que él se fijara en mí, las suaves telas de mis vestidos, hacían presión sobre mi piel cuando él se encontraba cerca.

Ahí estábamos los dos, en aquel minúsculo ascensor y se paró (era como si el destino jugara a mi favor) ¡Mierda! ¡casi no podía respirar! ¿Por qué ninguno pulsamos el botón de emergencia? Parece que ambos queremos estar ahí, lejos de cualquier mirada indiscreta que pudiera frenar nuestras ganas.

- Jorge, encantado... parece que esto va a ir para largo.

- Eh... Encantada, parece que estaremos un ratito aquí.

Su mirada no pasó desapercibida bajo el escote de mi blusa, mis pezones le reclamaban apuntando firmes hacía él y ahí estábamos los dos, el botón de emergencia seguía intacto, todo lo contrario, a mis ganas que se desbordaban por momentos, mi falda empezaba a estar incómoda.

- ¿No tienes calor?

Su pregunta era del todo intencionada, mientras el desabrochaba los primeros botones de su camisa, el nudo mi garganta apretaba más, mi corazón empezaba a palpitar entre mis muslos esa mezcla de frio y calor recorría todo mi cuerpo mmm...sus manos nerviosas, su ceja empezaba a encorvarse, su boca entreabierta quería decirme algo, ya no podía sujetar las bolsas más en alto, decidí apoyarlas en el suelo.

- Deja que te ayude – susurró.

Su barbilla ya estaba rozando mi cuello, en ese momento el ascensor dio un pequeño resalto (supongo que por el ajuste del recorrido del cable de suspensión, en caso de caída precipitada) el caso es que perdí el equilibrio y tuve que sujetarme a él, a través de su camisa pude comprobar lo fuerte de sus antebrazos...mmm un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, me hizo palpitar. Mi frase de...lo siento, es que... acabó muriendo en sus labios...mmm como podía besar así, ya no podía pensar, sus manos recorrían mis muslos por debajo de mi falda, solo podía arquear mi espalda sobre la punta de mis pies y dejarme llevar.

Miles de preguntas asaltaban mi cabeza, ¿y si nos ve algún vecino?  Esto no está bien, ¿no?, pero eran más fuertes mis ganas, sus manos apretando fuerte mi culo y esa falda toda arrugadita en mi cintura, sabía que no estaba bien, pero no quería evitarlo de ninguna manera.

-Te he deseado tantas veces, mientras tomas el sol en el balcón. Te he pensado tanto...

Y sin más, desabrocho mi blusa, dejándola descansar en mis brazos, mientras él jugaba travieso con mis pezones, mis dedos se perdían entre su pelo, mis ojos buscaban el techo y yo sin poder dejar de morder mi labio, solo podía pensar en lo bien que lo hacía.

-Estoy tan caliente, y sin condones, dime que pare y lo haré, sólo tienes que pedirlo - me susurraba una y otra vez.

¿Qué? Yo sólo quería que se callara, que no buscara peros y la única forma de hacerlo era llegar a su boca, dejar de morderme el labio, para así morder el suyo, me apretaba contra el espejo de aquél ascensor, mi silueta se dibujaba en él gracias al calor que mi cuerpo desprendía y ahí en ese tú a tú, sentía toda su grandeza contra mí, estaba empoderado ya nada podía frenarlo, así que fui hasta su boca, mordí su labio y su joder!! retumbo en aquel pequeño ascensor, su respiración entrecortada me anunciaban sus ganas, le invité a mi cuello, él retiro mi pelo mientras mis manos jugaban traviesas bajo su camisa, acariciando su espalda acabe metiéndolas en su pantalón , su cinturón marcaba mis muñecas, pero ardía en deseo de alcanzar su culo...dios tan duro , mis piernas empezaban a  flaquear, pero su cadera salvaje me embestía y hacía  que me mantuviera en pie, demasiada ropa se interponía entre los dos,.

Decidí luchar con la botonadura de su pantalón y conseguí dar libertad a su grandeza, mmmm tan dura y yo cada vez más  tierna, y no pude evitar que volviera a entretenerse con mis pezones le gustaba estar ahí  y sabía  que a mi también  y su mano entro con toda la intención , suave entre mis bragas, yo apretaba fuerte mi culo contra aquél  espejo, dios eso me gustaba y mucho! mis caderas tomaban el mando, estaba pérdida, solo podía  rendirme y me rendí a su boca rodando por mi vientre, mi pelvis seguía el ritmo que su lengua quería marcar, toda mi miel era suya, ahora quería besar su boca, probar mi miel en sus labios, que me besara, y me beso , como podía adivinar lo que quería? No pude acabar de preguntármelo cuando me volteó hacía el espejo, y ahí  estaba, frente a frente conmigo misma, ella me miraba con el ceño fruncido, desafiándome, pero esa mirada no era tan fuerte como sus manos entre mis muslos, su cadera contra mí y yo expuesta  a todo lo que él quisiera.

Mi culo se movía descontrolado, el frio cristal acariciaba mis pezones, no podía esperar la quería dentro de mí, dura, caliente...solo pensar me hizo correrme 

Ya estaba dentro de mí, jadeaba como no podía recordar, su mano presionaba la parte baja de mi espalda sujetándome en cada embestida, su aliento en mi nuca, mi mano es su culo pidiéndole más y no dejó de hacerlo una y otra vez hasta llegar a su máxima, sentí como su fuerza se debilitaba sobre mi espalda, derrumbándose, agarrado a mis pechos y correrme así, con él, desarmado.

¿Y ahora qué? ¿Salir de ese ascensor con el cabello de recién follada? 

Creo que nunca me sentó tan bien ese despeinado.


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