La batalla de noventa minutos

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Antiguamente, en los años de mi niñez, recuerdo a mujeres criticar a los futboleros de la casa: once pelotudos persiguiendo una pelota y otro ahí sentado viéndolo en vez de ayudarme con las cosas de la casa. Sí, ese pelotudo creo que era mi papá. Por suerte las cosas han cambiado y hay muchas mujeres interesadas en el fútbol, incluso practicándolo semanalmente, manifiesto con celebración esto porque significa que es una lucha que han ganado las mujeres en la integración de espacios que históricamente han sido machistas.

El deporte que denominan como el más apasionante del mundo tiene ciertas lógicas que no son tan estúpidas como se podrían creer, incluso yo lo llevo a ciertas tácticas organizativas como las que conocí luego de ver una maratón de películas de guerra.

Los equipos se dividen por países que participan de una eliminatoria continental, luchan para conseguir el gran premio de ir al mundial de la guerra y ser el mejor país del mundo. El fútbol desde su inicio juega con los sentimientos más nacionalistas de las personas y al no tener desenlaces que dañen directamente a la sociedad en sus registros de pobreza y humanidad, da el pie directo para que todos sean parte de una de las actividades más lucrativas de todas.

Volviendo al esquema del deporte que les intento de explicar, se sitúan los principales protagonistas de la obra que vienen siendo los jugadores o soldados de la guerrilla. Los jugadores para poder ser considerados en sus selecciones nacionales por el entrenador o general supremo de la república, deben luchar durante todo el año para ganarse un puesto sin importar de dejar algunos compatriotas fuera del camino. El deporte permite que si un soldado e incluso el general no hace bien su trabajo, a través de sus superiores denominados como dirigentes puedan buscar nuevos elementos que realizan mejor la función, todo pensando en lo que sea mejor para el país deportivo.

El día de la batalla el general o director técnico define el rol de cada miembro del batallón luego de una semana de entrenamiento paramilitar intensivo. Son noventa minutos que definirán el combate, dividido en dos tiempos de cuarenta y cinco minutos cada uno. De todas formas está la opción de cambiar soldados por los de reserva que también han entrenado dando todo por la patria, por lo general en los últimos minutos de la batalla se puede hacer el cambio para controlar el fin de la guerra o para generar un ataque definitivo que termine por aniquilar al país contrincante.

Tenemos al arquero que es la última barrera de protección antes del declive militar, luego una defensa que protege la retaguardia frente a posibles ataque uno contra uno. A partir de la mitad de la cancha están los creadores del juego, los que planifican las tácticas de ataque que por lo general finalizan en el artillero o delantero que define la batalla con un lanzamiento potente al rincón de las esperanzas de la facción opositora.


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