Gimnasio - Spa y ex presa.

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Cuando entro en el gimnasio pierdo todo mi sentido social, me convierto en un zombi cuadriculado, que sigue a rajatabla una tabla de ejercicios previamente establecida. Lunes: pecho y tríceps, martes: espalda y hombros, miércoles: bíceps y piernas, jueves: abdominales, lumbares y laterales de cintura, viernes: recordatorio general y fin de semana descanso. El jueves que es el día de menos desgaste físico y más tiempo libre, me permito ciertas licencias, entre ellas pasar por la zona de Spa que eludo el resto de los días de la semana. Este lugar, es un espacio realmente privilegiado, tiene: A) zona central, con piscina olímpica de cinco calles y otra pequeña con chorros y agua más cálida, B) zona inicial: con baño turco, sauna, duchas y dos recintos de contraste con agua fría y chorros aleatorios, así como espacio de descanso y C) zona lateral: con diferentes tratamientos de agua, caliente y fría, de chorros combinados, de vibración y de relax. Cuando entro en este mundo pierdo la sensación de exigencia y me adentro en lo sensual con la vista sólo puesta en los mini bañadores que cubren lo esencial y dejan volar mis instintos más primitivos. Es un lugar compartido con muchos extranjeros y especialmente sudamericanas que cuidan su imagen y pervierten cada rincón con su cadencia y expresividad contenida.

Aquí soy social y extravertido, respetuoso, a la vez de dialogante y comprensivo con todo. Poniendo, eso sí, una esencia de inaccesible que les provoca y lleva al coqueteo. Estoy al tanto de cuanto ocurre, sé por dónde va cada uno, los tíos fijos son como buitres leonados ávidos de cuanto caiga, las tías en su mayoría están comprometidas a la vez de necesitadas de sentirse deseadas. Éstas son las peores, no tienen nada que perder, sus movimientos te llaman a la locura, prendas mínimas, cuerpos hermosos y trabajados, son, en suma, desbordantes. Las que están disponibles se hacen valer y son más recatadas, pueden galopar sobre arietes a diario, pero son remisas a la hora de mostrar en libertad sus encantos. Es como pasar una fiebre, soy consciente sólo de que estoy transpuesto, sé que luego entro en normalidad y punto. En la sauna me sitúo frente al baño turco y así estoy al tanto de quien entra y sale. Advierto cuando llega una conocida colombiana cincuentona, maciza y descarada, lo tiene claro, viene buscando a quien llevarse a la zona de agua para tragárselo por la entrepierna. La he visto en plena acción, no es difícil, lo hace tan a menudo que cuando busca su espacio nadie entra en él, salvo que quieran verla. Se los folla con desespero, como pidiendo más en cada culada. Los hay enganchados que la buscan con igual descaro, los tiene de reten por si acaso, si le fallan los que pone como objetivo, al final alguno de ellos moja. Salvo este caso especial en su mayoría son de mucho hablar, muchas posturitas y si algo funciona lo llevan con picardía y secretismo. El jueves para mí es un día de intenso Spa, fantasía desabrida y descoloque mental, pero poco más. Hoy, sin embargo, casi una niña (no supera los veinte) da vueltas a mi alrededor como si estuviera cercándome, aparece tan pronto llego, se coloca de forma que la tenga presente, luego se mueve como si le hormigueara por debajo, sigo en pose de no estoy por la labor hasta que siento hormigueo yo también, entonces jugamos con las miradas y las sonrisas, se nos pone cara de enganchados. Sale de la sauna contoneándose y el minibikini se le mete por el culo y muestra dos cachetes insolentes. Me embalo y pierdo la calma, salgo tras de ella, me lleva directo a la zona de relax. Aún no está allí la colombiana y me presagio que lo sabe. Entro de seguido, sin perder tiempo, el agua está a una temperatura deliciosa y me acoge placentera, siento regocijo incluso antes de sentarme. Lo hago a su lado, podía haberlo hecho enfrente, pero no me atrevo porque así las distancias se acortan. Lo compruebo enseguida porque ella si se atreve, casi sin pensar hace un giro gracioso y se posiciona de tal forma que sus piernas se me enfrentan con el hueco preciso para que me quede todo a la vista. Nos sonreímos, estamos a gusto, entramos en una conversación directa, de donde eres, como te llamas, pero ella no está para tonterías, me dice que viene de Alemania, salió hace cinco días de la cárcel, tiene el pelo corto y le digo si es consecuencia, está chispeante, allí lo tenía largo y me lo corté para cambiar, lo dice todo como a renglón seguido, tiene prisa, su vocabulario ahora se torna de presa, estaba harta de que las tías me comieran el coño, tiene malicia en la mirada y gesto obsceno, me suelta de seguido, te la comería entera, no habla por hablar, los dedos de sus pies se meten en mi bañador a la altura del culo, se me agranda por instante y ella la pone como objetivo prioritario.

- ¿Aquí mismo?

Pregunto sin tener las cosas muy claras.

- Y por qué no, se reafirma, sin dejar el más mínimo espacio a la duda.

Pero, como si estuviéramos en escena y cayera un telón de improviso, en ese momento entra una de las chicas guapas fijas y se sienta a mi lado, no puede ver bien donde tiene la otra sus pies, ni como estoy de envalentonado, pero algo se malicia y le surge una risita de picardía. Estorbo, se le ocurre decir a modo de broma irónica, pero la mirada de la expresa corta como un cuchillo, carraspeo y siento como se me afloja el músculo, entonces entra un buitre, nos mira y le gusta lo que ve, la mirada de cuchillo se vuelve hacia él y percibo su cambio de actitud, se larga y respiro profundo. Las dos se miden en importancia, hay luego un recorrido corto, un estorbo, pero me quedo y un, o te vas o tate con las consecuencias. Siento sus deditos como se me adentran y elevan el periscopio. Es manifiesto que va a lo suyo a pesar de todo, saca su lengua y la envuelve con los labios y la otra se levanta y se va. Se posiciona entonces de lado, me cubre con su cuerpo, baja rápida mi bañador y me engulle. Guau, es lo único que me sale. Está tan deseosa que se atraganta, pero no la deja salir, la quiere toda dentro y pienso que, en un lado u otro, porque se quita su prenda y se la clava con un suspiro largo. Ahora, que no entre nadie más o lo mato, dice entre dientes, la creo, está fuera de sí, el agua chasquea y llena todo de espuma, que rico, como folla la condenada, se sujeta bien y acelera, debe llegarle hasta las entrañas, huuuuuuy le viene y no para ni un segundo, sigue y berrea sin ningún complejo.

Me levanto, la cojo contra la pared y la barreno sin contemplaciones, creo que llamamos la atención porque en segundos más de cuatro cabezas se asoman para ver espectáculo en vivo y en directo.


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