SUCESOS EXTRAÑOS

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Era ya de noche. Adam estaba esperando desde el coche de policía a que Berto, su compañero de guardia, saliese. De fondo tenía puesta la radio, sonaba música de los ochenta, concretamente en ese momento sonaba “Every Breath You Take”. Adam no tenía ninguna prisa, estaba relajado disfrutando de esa canción. Era una noche con algo de viento. Los árboles se movían, por un momento acompañaban el ritmo de aquella canción. La luna llena iluminaba la calle con un toque blanquecino.
De repente, de la nada, Adam se sobre saltó. Algo estaba sonando. <<Toc, toc>> sonaba. Un leve suspiro fue exhalado desde su boca al ver que era Berto. Estaba golpeando la ventanilla. Las puertas se solían cerrar automáticamente en el coche de policía así que Adam pulso el botón y sin más Berto se introdujo en el coche. Se acomodó, se puso el cinturón.

—¿Qué tal? ¿Cómo estamos? —saludó Adam
—Bien, hoy nos ha tocado macho. Ya podía haber sido el segundo o tercer día, pero no.
—Qué cabrones los tíos estos de la inteligencia —le continuo la queja Adam en tono burlesco y de cachondeo. Berto soltó una leve risa de su boca.
—¿Hoy tocan hamburguesas de nuestro sitio preferido?—interrogó Berto como si fuese necesario. Tan necesario que Adam respondió riéndose.

Fueron a la hamburguesería “Huge Burguer”. Claro, esta noche no iba a ser distinto…

Recogieron las hamburguesas del establecimiento y se fueron. Fueron a la zona del campo de fútbol, aparcaron y se la comieron tranquilamente.
Bueno era hora ya de moverse por el pueblo. Comenzaron visitando la zona del colegio, continuaron por la plaza del centro, siguieron por el camino hacia el vivero para después visitar las casas individuales en la parte norte. Todo era muy normal, al menos aparentemente.

—Hoy jugaba el Madrid ¿Sabes qué ha hecho? —Adam buscaba amenizar la noche.
—Ni idea, pero espero que perder —le contestó Berto en tono burlón. El era más a fin del Atlético de Madrid, el otro equipo de la capital.
—¿De la misma forma que perdió el Atleti la semana pasada?
—Ese partido fue un robo del árbitro y lo sabes…

Así transcurría la noche por el momento, nada interesante a parte de conversaciones futbolísticas o de hamburguesas.

—Igual deberíamos echar un vistazo por el camino de tierra.—propuso Berto.
—Mmm… sí, ¿por qué no?

Seguidamente, lentamente pero sin detenerse se dirigieron al camino de tierra que estaba en las afueras del pueblo, más allá del instituto. Berto iba mirando el móvil mientras Adam conducía. Cuando llegaron, se introdujeron en el sendero con el coche, pues era un todo-terreno y la vía era lo suficientemente ancha para ello. Avanzaron de forma lenta, La música de la radio parecía entrecortarse en ese momento, quizás la señal era más débil en ese punto. Berto bloqueó su teléfono y se quedó observando como iban avanzando por aquella senda. A los lados había árboles, no es que estuviesen rodeados de bosque ni mucho menos pero había árboles a los lados. Siguieron avanzando. Finalmente la señal de la radio dejó de llegar. Berto volvió a coger el teléfono. Esta vez con la intención de poner algo de música.

De repente se le calló el teléfono móvil al suelo. <<¿Qué ha pasado?>> se preguntó. Cuando levantó la vista se dio cuenta de que Adam había dado un frenazo brusco. ¿Qué había sido eso? Adam observaba atentamente sin perder la compostura. Berto intentó dirigir su mirada hacia el mismo punto que miraba Adam. En cuanto lo hizo rápidamente se cambió su rostro. Pasó de estar curioso a nervioso y pálido en un momento. Apretaba su lado inferior con el posterior ejerciendo presión como vía de salida al estrés de la situación. Los dos se miraron. Cada uno de ellos buscaba la respuesta en el otro. Al fondo del camino yacía un cadáver, ¿cómo podía ser? Ese camino había sido inspeccionado justo ese mismo día debido a las desapariciones. Si algo estaba claro era que ese cadáver no llevaba mucho tiempo, incluso cabía la posibilidad de que el asesino estuviese cerca. La adrenalina en ambos se disparó, los corazones palpitaban desenfrenadamente.
Pero aunque eran personas y una situación así no podía presentarse ante ellos sin generar ninguna reacción fisiológica debían actuar, pues al fin y al cabo eran policías. Lo primero que hizo Adam es coger la radio del coche para avisar al equipo de inteligencia. ¡No funcionaba! No había fallado nunca y en el momento que más falta les hacía no funcionaba. No entendían nada.
Salieron del coche para dirigirse al cadáver, avanzaron hacia él. No, no podía ser, enseguida le reconocieron.
Era Marcos Baeza, la última desaparición. El cuerpo no mostraba síntomas de violencia, ni sangre ni heridas de ningún tipo.
Repentinamente escucharon el chasquido de una rama a su izquierda. Un chasquido no muy fuerte, pero ante el silencio que reinaba el momento y la acentuación de los sentidos que tenían activados Berto y Adam de forma instintiva provocada por la adrenalina fue escuchado perfectamente. Rápidamente dirigieron ambas linternas hacia el árbol de donde parecía haberse originado el ruido. Suspiraron. No había nada. Volvió a sonar otro ruido en el árbol continuo al primero. Esta vez fueron más rápidos con la linterna.
No se lo podían creer, no. Esto no podía ser real. Ahí vieron una mujer subida a un árbol intentando ocultarse de ellos. Los policías tomaron sus armas al instante y apuntaron a ella.

—Baje inmediatamente de ahí, o dispararemos —gritó Adam. Ella no hizo caso en primera instancia. Pero inesperadamente la rama sobre la que ella se hallaba cedió y cayó.

Berto se abalanzó sobre ella como un tigre. Con un fuerte placaje la tiró al suelo. Puso una rodilla sobre su espalda y desenfundó las esposas. No le costó ponérselas, ella pareció haberse rendido. No opuso ningún tipo de resistencia. Una vez inmovilizada Adam salió disparado hacia el coche a ejecutar otro intento de aviso al equipo de inteligencia para saber de que forma obrar y pedir refuerzos. Pues estaban ante la posible asesina de todas las personas desaparecidas en Rascafría. Era cuestión de Estado prácticamente, no querían hacer nada mal o que pusiese en riesgo aquel arresto. Podría no estar sola ahí.
Ben se cansó de dar al botón de la radio del coche. Nada, no había señal alguna.
Salió del coche y se volvió a dirigir hacia Berto y aquella mujer.
No podía ser.
No se lo podía creer.
No tenía sentido alguno.
Adam no daba crédito a lo que veían sus ojos una vez ahí. Había tardado nada, 4 minutos a penas. <>.
La mujer, bueno, el cadáver de la mujer estaba en el suelo. Adam supo que estaba muerta. Pero no sólo eso, las esposas estaban reventadas, destrozadas. ¡No habían sido abiertas con las llaves! Las piernas de Adam estaban temblando. Berto estaba ahí al lado tranquilo de él mirándole. No parecía estar nervioso ni tenía síntomas de haber peleado. Adam notaba en él algo diferente.

¡Sin mediar palabra Berto salió corriendo campo a través! Adam permaneció inmóvil estupefacto.

Es un fragmento de una novela que estoy escribiendo ( es mi primera novela). Agradezco opiniones e impresiones :) Un saludo escritores/as


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