CARTA DE RECOMENDACION parte 2

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Sin perder un segundo Emilio entró y el director general, ,le dijo que tomase asiento enfrente de  él. Emilio, una vez sentado, le dijo que había venido a despedirse y de paso a pedirle la carta de recomendación que le había prometido hacía un mes.

El director general,  volvió a insistir a Emilio para que reconsiderase su decisión y llegó incluso a rogárselo con sus mejores palabras, pero Emilio le dijo que ,aunque le agradecía mucho su interés, no iba a cambiar de idea, ni por todo el oro del mundo. El director general, abatido, aceptó lo irremediable y le tendió la carta de recomendación en un sobre cerrado. Emilio le dio las gracias y le dijo que recordaría siempre con afecto a la empresa, en la que había comenzado a trabajar a los 24 años, poco después de acabar la carrera. Seguidamente  pasó por caja para recibir su liquidación y se despidió de los 17 integrantes del departamento de administración, sin omitir al sobrino, que estaba de color ceniciento. Salió saltando de la oficina e introdujo la carta de recomendación en la guantera del coche.

Condujodespacio de vuelta a casa con cara de satisfacción y con modales alegres se fue a tomar una cerveza al bar de Flor, donde conversó con los pocos parroquianos que había a esas horas. Más tarde se dirigió a la oficina de empleo y solicitó su inscripción como desempleado. Le dieron una tarjeta numerada con sus datos personales y tras rellenar unos formularios donde reflejó sus aptitudes y experiencia, le dijeron que ya le llamarían si surgía algún puesto idóneo para él.

Aquella noche le dijo a Laura que ya se había inscrito en la oficina de desempleo y que esperaba que le llamasen pronto. Efectivamente a los 7 días le llamaron,  diciéndole que se presentase al día siguiente a las 10 en la empresa Tecnogal para una entrevista de trabajo. Llegó puntual y le dijo a la recepcionista la razón por la que había ido; ésta lo hizo pasar a una salita de espera y le dijo que esperase un momento. A los cinco minutos,  una secretaria de mediana edad le dedicó una sonrisa y le hizo pasar al despacho del entrevistador, que resultó ser el director de recursos humanos. Tras un breve saludo, le hizo unas preguntas relativas a su formación y experiencia y le dijo si traía referencias. Emilio le entregó el sobre cerrado que le había dado el director general y el director de recursos humanos de Tecnogal lo abrió con un cortaplumas, y leyó su contenido. Acto seguido le devolvió la carta a Emilio y le dijo que tomaba buena nota de sus datos y que si quedaba seleccionado,  le llamarían.

Emilio volvió a su coche, sacó un sobre de su empresa (se había llevado unos 100),  metió dentro la carta de recomendación y lo selló con los labios humedecidos. Esta operación la fue repitiendo en todas y cada una de las entrevistas de trabajo que le surgían. Por otra parte, en todas las empresas le sellaban el impreso de la oficina de empleo, como justificante de haber acudido a las entrevistas. Él, por su parte, fotocopiaba esos justificantes antes de entregarlos en la oficina de empleo y los guardaba en un gran sobre de archivo ,en su casa.

Pasaron unos 9 meses cuando llegó a la entrevista número 50 y entonces decidió que era el momento propicio para actuar. Cuando regresó Laura esa tarde del trabajo, Emilio le dijo que ya no aguantaba más, que estaba pensando en pegarse un tiro, porque ya no le quedaban ganas de vivir. Laura, alarmada, le dijo que se tranquilizase y le contase que le pasaba, Emilio se levantó y se fue a su despacho, de donde regresó con un voluminoso sobre que le tendió a Laura, quien lo sostuvo entre sus manos con aire dubitativo.  Emilio le dijo que lo inspeccionase y entonces Laura extrajo de su interior el montón de justificantes de entrevistas de trabajo selladas por diferentes empresas. Acto seguido, levantó una mirada interrogadora hacia Emilio, quien le dijo que si quería podía contarlas, pero que él le podía ahorrar la molestia: 50, esas eran justo las que contenía el sobre y no estaba dispuesto a añadir ni una más. La crisis, continuó Emilio, era descomunal y él no tenía ya fuerzas para seguir luchando, por lo que si no se pegaba el tiro de gracia esa noche, al día siguiente acudiría a la oficina de empleo a darse de baja, por agotamiento psíquico. Lucía miró a su marido y sintió lástima por él; no se podía negar que había hecho lo imposible por encontrar empleo, pero la fortuna no estaba de su parte. Dejó transcurrir unos largos segundos y finalmente le dijo: no te preocupes, que con mi sueldo podemos vivir los 2 cómodamente y lo tuyo no durará eternamente, pues algún día se acabará la crisis. Emilio le dijo que para él lo peor sería sentirse una carga y un inútil, a lo que ella replicó que ni se le pasase por la cabeza algo parecido.

Después de cenar, vieron un rato la televisión y antes de medianoche, Laura dijo que se iba a la cama, que se le cerraban los ojos de sueño y el día siguiente tenía mucho trabajo que hacer.

Se dieron las buenas noches con un beso y cuando Emilio oyó que se cerraba, arriba, la puerta del dormitorio, se dirigió al mueble bar, eligió la botella de un whisky escocés solera reservada de 25 años, que tenía sin abrir desde hacía mucho tiempo y se sirvió en un vaso ancho, un generoso trago del licor, al que añadió tres grandes cubitos de hielo. Acto seguido, eligió de un humidificador el habano más aromático que encontró y lo encendió con una cerilla larga de madera. Con el puro en una mano y el whisky en la otra, se sentó en su butaca y suspiró. Dio unas bocanadas al cigarro y breves tragos al whisky, hasta que pasados unos minutos, depositó el vaso en una mesita y sacó del bolsillo de su camisa un sobre cerrado. Lo abrió con los dedos y desdoblando la  carta que contenía, leyó:

A QUIEN PUEDA INTERESAR

EL PORTADOR DE LA PRESENTE, D.EMILIO CALDERÓN RODRIGUEZ, HA FORMADO PARTE DE LA PLANTILLA DE ESTA EMPRESA Y A PETICIÓN SUYA REDACTAMOS ESTA  CARTA DE RECOMENDACIÓN. 

EN TAL SENTIDO QUEREMOS EXPRESAR LAS DIVERSAS CUALIDADES QUE LO ADORNAN, CUYO RESUMEN SERÍA:

ES UN VAGO REMATADO ES UN TARUGO MENTAL ES MUY CONFLICTIVO ES UN CULO DE MAL ASIENTO ES IRRESPETUSO CON SUS SUPERIORES ES UN ARMADOR DE BRONCAS ES SUCIO Y HUELE A SUDOR AÑEJO

FIRMADO : EL DIRECTOR GENERAL

Emilio releyó la carta de recomendación tres veces con delectación, hasta que finalmente hizo una bola con ella  y la arrojó a las llamas crepitantes del hogar, donde unos troncos ardían chisporroteando, con un intenso color rojo.

Mientras la carta se deshacía en cenizas, Emilio con la mirada fija en el fuego, pensaba que, después de todo, no estaba nada mal jubilarse a los 42 años.

 

                                                                                             Tío Eulogio

                                                                                              Abril 2013


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