Eso que cayó en el jardín

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Creía haberlo visto todo. Creía que nada podía sorprenderme. Vivimos en un mundo misterioso y si no es el misterio, hay suficientes personas haciendo el idiota en la vida y en internet.

Nada de aquel día me hizo sospechar lo extraño que estaba a punto de suceder y es que el cielo se llenó de cosas que no logré distinguir. A medida que se acercaban parecían paracaidistas. Pensé que sería una invasión.

Algo cayó en mi jardín.

Me acerqué a ver, sin abrir la puerta y un… ¿Gnomo? Estaba  incorporándose de la caída. Vi como su manos repasaban la ropa como quitándose la roña y soltaba las correas del paracaídas. Vi cómo la criatura de cuerpo diminuto miró hacia un lado y hacia el otro. Estaba de espaldas a mí. Me vio. Seguía estupefacto de lo que estaba viendo.

La criaturita puso cara maliciosa, creo y, apresuradamente, corrió hacia mí. Al chocar con el cristal, me alejé unos pasos instintivamente.

Intenté comunicarme, pero la criatura emitía sonidos raros, ni siquiera palabras. No sé… no se le entendía.

Sacó un cuchillo.

Quería romper el cristal. Como un tonto, me quedé ahí parado. Contemplando como se agrietaba el vidrio. Pronto entraría. Al último segundo agarré la escoba. Sí, una escoba contra una pequeña criatura con cuchillo. De forma graciosa se dirigió a mí, apresuradamente. Le bloqueé el paso con la escoba y eso la esquivo, luego lo golpee hacia un costado y perdió el cuchillo.

Entonces apresuré a agarrarlo. En ese momento, la criatura, trepó por el palo de la escoba al sofá y de este saltó a mi pierna. Quise sacarlo, pero no me animaba a tocarlo. Se aferró fuerte y me mordió. Lo empujé de un golpe y quise pisarlo, pero rodó y se metió debajo de la vitrina. Quise hacerlo salir con la escoba. Logré aprisionarlo con por unos segundos y me tiré sobre él para que no se escabullera. Lo sujeté manteniéndome alejado de sus uñas y dientes. Era difícil de dominar, se resistía. Logré meterlo en la caja de transporte del gato y logré tomar un respiro.

Procedí a limpiarme la herida. Me lavé con agua y jabón. Pero la mordida fue grave, había sangre. Me desinfecté con un antiséptico y vendé la herida. Todo eso sin apartar de vista a la criatura que no dejaba de luchar para liberarse.

Me dirigí al comedor y apoyé la caja sobre la mesa. El televisor seguía encendido. Aumenté el volumen para escuchar. Estaban hablando de los Gnomos paracaidistas. En las noticias creían que era un fenómeno de… quién sabe qué. Mostraban diferentes videos que llegaban de las personas. Alertaban de tomar precauciones pues eran gnomos caníbales.

Algo acababa de caer en mi jardín… veo dos paracaídas… tres.

 

 

Autor: Edgardo Nocetti


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