Chantaje a mi madrastra promiscua 3/6

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No pegué ojo en toda la noche. Cuando creí que por fin iba a conciliar el sueño, reparé en algo que se me había pasado. ¿Fui el único que recibió el video? El hecho de haberlo recibido de un número desconocido, de una persona que luego no contestó, me hacían sospechar que alguien me había mandado el video con intenciones maliciosas. Aunque no alcanzaba a entender el motivo. Gogleé a Florencia. Si su video lo había recibido, aunque sea un puñado de gente aparte de mí, ya se habría viralizado, y aparecería en varios portales de noticia. Sería un épico regreso de mi madrastra al mundo del espectáculo: “Aparece video de la ex vedette Florencia Orgambide practicando una felación a un hombre que no es su pareja”. Ya me imaginaba a una horda de periodistas de revistas de segunda, en la puerta de mi casa.

Sin embargo, la última noticia que había sobre ella, era una de hace dos años, en donde destacaban su participación en el programa de Marley, después de cinco años de haber desaparecido de los medios. Por lo visto se trataba de un último intento desesperado por conseguir trabajo en los medios. Pero la reaparición de una vedette de treinta años, quien para empezar, jamás fue una primera figura, no pareció interesarle a nadie, y no recibió ninguna oferta laboral.

Papá se fue al trabajo temprano. Sabía que Florencia se despertaría unas horas después, desayunaría, y se iría quien sabe a dónde, para no volver hasta la noche.

– Hola, Gasti. – me saludó, cuando bajó de su habitación. Llevaba una remera musculosa blanca, y un short de jean diminuto. Mi sangre comenzó a hervir. – ¿Pasa algo? – preguntó, cuando vio mi semblante serio.

Estábamos en la cocina. La observé arriba abajo. Era una mujer peligrosa, sin ninguna duda. Una hembra capaz de manipular a cualquier hombre si se lo proponía. No necesitaba ser muy inteligente para lograrlo. Con ese cuerpo de ensueño convertiría en tonto hasta al mas inteligente.

– Mirá tu celular. – le dije, yendo al grano. E inmediatamente le reenvié el video que me llegó la noche anterior.

– ¿Y esto? – preguntó.

– Miralo.

Florencia me observó con expresión interrogante. Luego dio play al video, y al reconocerse, sus ojos se abrieron desmesuradamente.

– ¿Por qué me mostrás esto?

– ¿Que por qué te lo muestro? – repliqué, indignado. – Para que sepas que no me podés mentir. Para que no te atrevas a negarme que le anduviste chupando la pija a un tipo que no es mi viejo. Para que sepas que no te quiero ver más por acá. Te doy dos semanas para que busques una excusa que lo lastime lo menos posible. En ese lapso te tenés que ir. Él ya perdió a su mujer. Vos no le llegás a los talones a mamá, pero igual va a sufrir.

– Así que me estás chantajeando. Si no me voy, le mostrás el video a tu papá. – contestó ella, con una sonrisa irónica que me sorprendió y enfureció.

– Exacto.

– Y qué diría tu papá si se entera que anduviste viendo un video pornográfico de su mujer. ¿Eh? Porque lo viste entero ¿No?

– Eso no tiene nada que ver…

– ¿No alcanzaba con ver los primeros segundos donde estaba desnuda? ¿Era necesario que veas todo, incluso cuando me acabaron en la boca?

No dije nada, y ella rio.

– ¿Ves? Tengo razón, lo viste completo.

– Estás mezclando todo.

– No estoy mezclando nada. Le voy a decir a tu papi que anduviste viendo ese video que grabé con mi novio hace dos años, y que encima me chantajeás con mostrárselo a él si no me voy.

– ¿Hace dos años? – Balbuceé, desconcertado.

– Y de paso le voy a contar que cuando nos quedamos solos no parás de mirarme el culo. Que aprovechás cualquier excusa para tocarme, y que en el historial de tu computadora está registrado todas la veces que buscaste mi nombre en internet, y todas las miles de fotos que viste de mí. Sos un acosador.

– ¿Qué? – Atiné a decir.

Estaba ofuscado. La cosa dio un giro que no había previsto. ¿Acaso había revisado mi historial de internet, o solo había intuido mi obsesión por ella y había lanzado ese comentario a ver si caía, tal como había hecho al asegurar que vi cómo acababan en su boca? Poco importaba. Lo más importante era lo que había dicho sobre ese video ¿Fue grabado hacía dos años? ¡Cómo carajos no lo había pensado! No había prueba alguna que afirme que la grabación fuera reciente. Florencia ni siquiera estaba vestida, así que no podía comparar las ropas, con sus prendas actuales. Estaba totalmente perdido.

– Y dicho sea de paso, quizá deberías irte vos – Siguió diciendo Florencia. – a tu edad viviendo con papi, sin trabajar ni estudiar. Debería darte vergüenza, pendejo pajero.

Me dio la espalda y se fue. Yo no alcancé a articular una respuesta.

Continuará


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