Cuidando a mi sobrina huérfana 2

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Una vez que terminamos de ordenar todo, en la nueva pieza de Micaela, fuimos a cenar con papá y mamá.

Ese día yo tenía franco, pero trabajaba cinco días a la semana, así que no vería mucho a mi sobrina. Solía llegar del trabajo rayando la medianoche, y por la mañana ella empezaría a ir al colegio, así que no debería preocuparme mucho por sentirme invadido en mi privacidad. Más adelante mi viejo levantaría una nueva habitación en su casa, y ya volvería a disfrutar de mi intimidad.

Micaela se mantuvo bastante silenciosa, y ninguno de los tres (ni siquiera mamá) quiso incordiarla con preguntas.

Fui a mi casa, y le dije que cuando quiera se vaya a dormir. Se quedó con mamá, mirando una película de adolescentes, y probablemente charlando. Se fue a dormir a las once de la noche. Se la notaba un tanto perdida, desplazándose por mi casa, la cual, seguramente le parecía totalmente ajena.

— Sentite como en tu casa. — le dije. — duchate si querés. Ah, y si querés mirar tele, quedate todo el tiempo que quieras, aprovecha ahora que dentro de poco empezás las clases.

— Gracias, voy a dormir enseguida.

Me desperté a la madrugada con ganas de hacer pis. Estaba más dormido que despierto. En ese momento no recordaba nada, mucho menos que tenía a mi sobrina durmiendo en la otra habitación.

Me sobresalté cuando la vi salir del baño.

— Perdón tío, no sabía que te ibas a levantar justo ahora.

Micaela llevaba un short muy corto, casi parecía un culote. Sus piernas eran largas y estaban muy ejercitadas. Sus pechos grandes, parecían querer escaparse de la remera musculosa que usaba como pijama. Noté que no llevaba corpiño. Sus ojos brillaban en la oscuridad.

Ella pareció creer que la miraba lascivamente, porque se cruzó de brazos, y se cubrió los pechos. Además, bajó la mirada, como no queriendo mirarme. Entonces me di cuenta de que yo sólo vestía un slip negro, que se ajustaba a mi sexo generando un ostentoso bulto.

— Perdón. — repitió ella. — ya me voy a dormir.

                                           .....................................................

Como esperaba, no la vi mucho en los días siguientes. Yo llegaba muy tarde a casa, cuando ella dormía, y por las mañanas Micaela se quedaba con mamá, con quien cada día se llevaba mejor.

Luego empezó a ir a la escuela.

— ¿No te parezco ridícula con este uniforme? — me preguntó, mientras desayunábamos. Me había levantado temprano para prepararle el café con leche con tostadas, porque la noche anterior mamá me había dicho que no se sentía muy bien y quería descansar. — además me parece que me queda chico. — Agregó Micaela. Se puso de pie, y se apartó un poco de la mesa, para que la vea bien. — ¿A vos qué te parece tío?

La pollera escocesa le quedaba bastante corta. Sus piernas atléticas quedaban a la vista. La camisa, muy ceñida, con la corbata en medio de las tetas que parecían a punto de explotar. Tenía un cuerpo demasiado voluptuoso para esa uniforme, aunque yo dudaba de que comprarle uno de un talle más solucionaría el problema. En realidad, sus formas generosas se acentuaban con cualquier tipo de ropa.

— No, si te queda bien. — dije, no sin sentir cierta aprensión al imaginármela caminando por La calle, sola, teniendo que tolerar las miradas depravadas y los piropos subidos de tono de un montón de idiotas. — Te llevo yo. — le dije.

— ¡Pero no tío! — rio ella. — No soy una nena, puedo ir sola. Pero igual gracias, me gusta que te preocupes por mí.

Me dio un beso ruidoso en la mejilla y se fue. La vi salir de espaldas, su pollera se agitaba levemente cada vez que daba un paso. Muchos de sus compañeros estarían contentos de que la chica nueva sea una bomba sexy. Con ese uniforme parecía un personaje de un animé hentai, parecía salida de mis fantasías de adolescentes.

Cuando recordé que aquella chica con la que me estaba excitando era mi sobrina, ya era demasiado tarde, mi sexo estaba hinchado. Fui al baño a desahogarme.

 


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