LA FIGURA DEL HÉROE

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Un diá un hombre aproximadamente de tre¡nta años de edad y con una expresión ensimismada; de mirada vidriosa se adentró en una panadería de una ciudad determinada dispuesto a robar el dinero que hubiera en la caja registradora aparentando que en su bolsillo tenía una pistola. Pero la dependienta que estaba al cuidado del comercio no se pudo contener y profirió un grito de socorro al tiempo que en aquel instante entraba un nuevo cliente llamado Pascual.

El atracador que era un toxicómano que había conseguido su objetivo, al verse sorprendido por otra persona huyó en volandas del establecimiento. Sin embargo Pascual que era un hombre joven que trabajaba en una oficina bancaria que estaba en aquella misma zona y que era un apacible padre de familia que nunca se había metido en situaciones de riesgo, de pronto sintió que una fuerza desconocida emanaba de lo más interior de su ser y sin pensarlo dos veces corrió tras el ladrón con el propósito de atraparlo.

Corrieron un largo trecho, hasta que al fin el joven padre de familia con un acertado placaje derribó al ladrón al suelo justo ante un coche patrulla de la Policía Local que rondaba por allí cuyos agentes procedieron en el acto a la detención del delincuente.

Inmediatamente tanto los medios de comunicación como el vecindario catalagoraron a este rutinario oficinista y padre de familia de héroe. Pero éste ya nunca más volvió a vivir ninguna situación extraordinaria y siguió con su rutina de siempre.

Al cliente Pascual se le podría muy bien enmarcar en la traidición del prototipo del héroe como pudiera ser el mítico Ulises de la obra literaria LA ODIESEA  del poeta Homero.

Ulises representa al hombre común al igual que Pascual, que al término de la Guerra de Troya debe marcarse un objetivo en la vida que por sencilla que sea como es el regreso junto a su familia en Itaca, tendrá que ser perseverante en su empeño para poder llevarlo a cabo. Y para éso deberá de sortear toda suerte de obstáculos, de peligros que se le pondrán en el camino, valiéndose de su astucia, de su inteligencia y de su valor. Tendrá que ser realista y no dejarse embaucar por las falsas y rutilantes apariencias que están simbolizadas por el canto de las sirenas, o por la promesa de una hechicera de convertirlo en un dios inmortal si se queda con ella, que podría hacerle perder su verdadera razón de ser. Pues él no quiere ser ningún dios, y solo aspira a dar sartisfacción a su destino humano.

Desde tiempos ancestrales la figura del héroe se ha ido adaptando al contexto histórico de cada época hasta llegar a nuestros días. Pero si dejamos de lado por un momento la grandilocuencia del espectáculo que nos llena de emoción, veremos que estos héroes actuales siguien en la misma tradición que instauró Homero al crear a  Ulises.

Aunque los héroes de las pelìculas cuyos guiones son adaptaciones de los cómics, por muy galácticos que sean y por mucha tecnología que usen para vencer al malvado de turno que generalmente quiere apoderarse del mundo o de otro planeta, no dejan de ser personajes muy corrientes los cuales debido a eventualidades de la vida se ven implicados en la lucha para el bien social, y tienen que pasar por difíciles pruebas y como Ulises ser perseverantes  en su empeño hasta que consiguen sus objetivos.

Pensemos en Superman, en Bat Man el cual no tiene poderes especiales, en Spiderman que desde que le picó la araña él mismo tiene que tejer su propia red; e incluso Harry Potter que con su magia tiene que vencer a las Fuerzas Ocultas del Mal. Mas curiosamente también hay una heroina que en lugar de luchar físicamente con los malos los derrota mediante el diálogo y la reflexión, por lo que a éstos ya no les queda ningún deseo de delinquir. ¿Es acaso la maldad un enfoque erróneo de la información que subyace en nuestro cerebro?

Es posible que a muchos espectadores adultos que vamos al cine no nos gusten las historias de los héroes, pues las vemos demasiado exageradas e irreales. Pero el mensaje explícito que se da en ellos es válido para los más jóvenes ya que les habla de la solidaridad, de la constancia y de la lucha por la vida, y que cuando éstos dejan de soñar con estas historias puede ser que la positiva actitud del héroe hacia los demás influya en su inconsciente.

Pero para que dichos jóvenes puedan sacar una enseñanza válida de las historias de los héroes, y no dejarse sugestionar por el simple entretenimiento de las mismas es preciso que en las escuelas y en los institutos haya un profesor lo suficientemente ductil que les enseñe a separar lo puramente fantasioso del mensaje que se pretende dar en estos cuentos y se dialogue sobre éstos. Pues Sócrates decía que para convencer a alguien sobre cualquier tema era preciso que quien quiera convencer al otro, debe de hablar en su propio lenguaje; de utilizar la información que éste posea; cosa nada fácil porque cada uno de nosotros estamos demasiado pegados a nosotros mismos y no solemos ponernos en el lugar de ese otro.

Si el espectador no sabe o no quiere leer entre líneas lo que pretenden decir las historias de los héroes porque para él la gracia está en los fuegos artificiales que salen en ellas; es decir en las apariencias, es que por más edad que tenga nunca dejará de estar en la adolescencia.

 

 


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