AP. DEL MEDITERRANEO

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Luisa no aguantaba más, la situación era insostenible, odiaba a sus tíos, sonaba feo pero era su realidad. Un día a día que no deseaba a nadie.

Pasaban diez minutos de las 2 de la madrugada y aún escuchaba los ruidos que venían de abajo. Como deseaba cerrar los ojos y que todo aquello fuese una pesadilla, hacía 7 meses que sus padres habían muerto en un accidente y Luisa había pasado a ser tutelada por sus tíos por parte de madre.

Dos borrachos, tanto el como ella, que pasaban el día durmiendo y la noche bebiendo. Luisa había tomado una decisión, se escaparía, total... le quedaban solo unos meses para cumplir los 18 y tenía claro que en esa maldita casa posiblemente pasarían un par de días hasta que se dieran cuenta que no estaba.

Cogió su mochila que seguía debajo de la cama desde el día que llegó sabiendo que pronto la necesitaría. Metió un par de vaqueros, cuatro camisetas y unas cuantas bragas. Total, poseía poca cosa más. La dejó en el suelo y se recostó en la cama esperando la señal para largarse de allí.

Miró el techo, los números del despertador reflejados en él, las 4:17, se incorporó, abrió la puerta y premió, silencio absoluto. Bajó las escaleras con sumo cuidado, sabía que estaban muy bebidos, pero no era plan de jugársela.

Se dirigió a la puerta de la entrada que como no estaba sin llave, se volvió, los miró y no sintió nada. Justo lo que pensaba, nada la unía a ellos, ni en leve sentimiento de pena, total, los había visto solo un par de veces en toda su vida antes del maldito accidente que le había jodido la vida.

Al salir al porche miró a ambos lados, derecha o izquierda, daba igual, nadie la esperaba en ningún sitio. Se despidió del perro que la seguía con la mirada y en ese momento tomó una decisión. Decidió que marcharía a Peñíscola con el dinero que había obtenido de la herencia, le daría para asegurarse cerca de un año de estabilidad, mientras, buscaría trabajo como camarera. Recordó a Silvia, su profe enrollada de gimnasia rítmica que era de allí y que siempre les decía que ella se pagó así la carrera.

Cuándo llegará la llamaría, era jovencita y con unos ideales muy parecidos a los de ella, se dirigió a la estación de bus, se sentía libre y se preguntaba por qué no lo había hecho antes Cuando llegó se plantó ante los horarios, para su desilusión el primer bus no salía hasta las 6:30 de la mañana, aún faltaba 1:30, no quiso sentarse permaneció de pie un par de minutos y decidió cruzar la calle y hacer un café en un 24 horas que había enfrente.

Sintió que la observaban, pero no lo tomó en cuenta, al entrar vio que sólo había 3 personas dentro contando el camarero y confirmó que de ahí venían las miradas. Uno de los chicos no disimuló en absoluto, el otro apenas levantó la cabeza para saludar, Luisa se sentó en un taburete su falda subió hasta arriba provocando un silbido de uno de ellos, ya está bien Joan, llamó la atención el chico de la cabeza agachada. Está bien, está bien, dijo al aire el del silbido, me marcho a dormirla hermanito.<< saludos A ver si pronto la traes y salimos a tomar algo los cuatro>>. Luisa se giró a su derecha y vio al buenorro de la cabeza agachada despidiéndose del otro chico de repente, pensó en Io diferente que sería ahora su vida, viviría sola y ella pondría las reglas y si le apetecía tirarse algún tío no tendría que dar explicaciones a nadie. Cada vez estaba más convencida del paso que había dado, instintivamente volvió a mirar a su derecha, madre mía, cómo estaba aquel chico. Podría ser un candidato para estrenar su nueva vida, se le escapó la sonrisa, en ese momento oyó a su lado...<< Cuéntame el chiste y nos reímos los dos>>. También con una sonrisa burlona. Luisa se sonrojo, No...disculpa jjajaja. Mis pajas mentales. y volvió a reír <soy Joel>>, dijo el chico extendiendo la mano hacia ella. Luisa le imitó el gesto. Reiría de nuevo, madre mía si supiera Io que estaba pensando, y de nuevo río internamente, <<Qué haces por aquí, no quiero parecer machista>> dijo Joel, pero a estas horas la verdad es que no puedes esperar nada bueno. <<Espero el bus a Peñíscola, pero no sale hasta las 6:30>> dijo ella con cara de pesadumbre. Pues has tenido suerte, si no tienes problema en compartir coche con un machista, ja ja jja, Puedes ser mi copiloto. <<claro>>dijo Luisa qué mejor compañía. Joel pidió la cuenta y los dos se dirigieron charlando animadamente hacia el parking, <<este es mi Porsche>> dijo Joel, señalando un viejo Citroen Xara dorado de cristales ahumados. Luisa río de nuevo, tenía su encanto aquel coche. Ya en carretera Joel intentaba dar conversación para estar distraído y no pensar en las largas y bronceadas piernas que le estaban haciendo distraer. Ella, seguía un mismo patrón, se hacía la despistada mirando por la ventanilla, porque ese chico tenía algo que la hacía estremecer. Pasados los 30 minutos más incómodos del mundo, Luisa se dirigió a él y le pidió por favor, que parara cuando pudiera, lo sentía mucho pero no estaba acostumbrada a tanto café y tenía que ir a hacer un pis. En cuanto Joel divisó un área de servicio paró. Luisa salió escopeteada, ya en el baño sentada, se preguntaba a sí misma que le estaba pasando. Es este chico que la excitaba tanto y lo acababa de conocer. Se decía a sí misma, madre mía, había nacido esa química peligrosa entre un hombre y una mujer. Joel, sentado en el asiento del conductor, también se estaba permitiendo el lujo de fantasear con ella. Sentía su miembro latiendo en los vaqueros, ya está bien, se decía a sí mismo. Esto no puede pasar de una fantasía. Joel bajó para que le diera un poco el fresco y despejar sus pensamientos. También, porque no aguantaba asentado el dolor de huevos que tenía, al volver hacia el coche, vio a Luisa forcejeando Y soltando alguna que otra palabrota << qué ocurre>> preguntó Joel. Luisa se había pillado la falda con el cierre del cinturón de seguridad y no había forma de desengancharlo. Joel intentaba soltarlo. No había forma, cuanto más tiraban, más nerviosa y acalorada estaba ella y más arriba subía la falda dejando totalmente al descubierto sus piernas. Joel trataba de sacar poco a poco ese manojo de tela, se veía obligado a acercarse cada vez más e incluso apoyarse en su cuerpo. Joel la veía angustiada en uno de esos tirones, rozó uno de sus pechos y tanto él como ella se acaloraron, Los pezones de ella se marcaban a full en esa camiseta blanca de los Ramones. Cuando Joel por fin consiguió soltarlo, la falda estaba subida hasta las bragas y una de las manos de él entre las piernas de ella. Joel, sin pensar y ciego con la visión de esos pezones, tumbó el respaldo del asiento, dejando a Luisa acostada y con las piernas abiertas, se puso sobre ella, que se estremecía. Comenzó a besarla, a morderle suavemente el labio inferior, bajó por el cuello hasta llegar a esos erectos pezones. Tanto el uno como el otro ardían de deseo, ella se habría cada vez más y más de piernas, los cristales del coche estaban totalmente empañados, ella gemía de placer, le sacó la camiseta a él y comenzó a saborearlo por todas partes, él soltaba pequeños sonidos de placer, estaba loco de deseo, ya nada lo pararía, el placer se volvía infinito. La cogió por la cintura, ella deseaba el siguiente paso, deseaba que ocurriese ya, desabotonó su pantalón y la penetró hasta el fondo, ella gimió y al mismo tiempo, comenzó a subir y bajar su cuerpo, él sentía su calor en cada roce, se inclinaba la besaba, se sentía fuera de si, estaba hipnotizado. Deseaba acariciarla toda, la sentía batir sobre su cuerpo, la pedía que no parara, jamás había sentido algo así. En ese momento la sintió tener un súper orgasmo, era como sentir que las olas del mar la arrastrasen, sacó su miembro de la vagina y la miro con cara de... Dios mío, tú donde has estado metida todo este tiempo. La cara de ella era aun de excitación, jamás había tenido orgasmo así, los dos se bajaron del coche, cada uno por un lado. El área estaba vacía, menos mal pensó Luisa aquello habría sido todo un espectáculo digno de ver. Cuando los dos habían recuperado el aire, se subieron al coche y continuaron su camino. Recorrieron los casi 200 km sin nombrar para nada Io sucedido. Al llegar a Peñíscola, Joel insistió en desayunar, a los dos les vendría bien. Pararon en una cafetería y mientras Joel cogía mesa, Luisa se fue al lavabo para asearse un poco, al salir quedó petrificada, recordó las palabras del otro chico en la cafetería de Tarragona. Joel la miró y Silvia también volvió la cabeza gritó Silvia, cuánto tiempo... <<conoces a mi novio?>>.


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