Despedida II

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Estoy en mi barco, que en realidad es un velero, estoy viendo como la antigua realidad se cae a pedazos, estoy viendo como las cosas que creíamos que necesitábamos, se quedan atrás, veo como los pensadores de mi sociedad, y mi amado, la persona que creía que era la clave de mi felicidad, se va, ellos van en barco a motor, ellos diseñan y eligen su destino, nosotros, por el contrario, confiamos en la creación y nos dejamos llevar.

Sigo respirando, mi pueblo me necesita, me necesitan conectada, a la madre tierra y al padre cielo, y a ellos y a mí, es quien yo elijo ser, la conexión madre tierra - padre cielo. Dejo pasar las teorías y las suposiciones, dejo pasar lo que ya no sirve y me centro en el momento, en ver a mi pueblo, alentarles y acompañarles y escucharles. Elijo ser madre, hermana y amiga. Y para ello, elijo estar siempre en contacto con nuestros guías, y ser quien digo ser y hacer lo que digo que voy a hacer.

Vuelvo a respirar, le miro a Joss, él no me mira, no se cuando me ha mirado por ultima vez, si lo ha hecho consciente de que era la última vez que nos veíamos, no nos hemos despedido con palabras, sin más, cada uno ha elegido su camino y mis ojos se llenan de lagrimas, me gusta su estilo, nuestras discusiones, hacer el amor hasta el amanecer, pero nos creímos dioses y desterramos la realidad, suplantando la realidad con lo que queríamos ver, la realidad es que somos los hijos de la creación y estamos aquí para servir, a la creación y a nuestros iguales y hermanos.

La realidad es que no es nuestro momento de estar juntos, ya nos hemos dicho adiós, nuestro pueblo se esta separando también, y cuanto más se separa el pueblo, cuanta más distancia tomamos, más yo misma me siento.

Sigo respirando, me siento más yo misma, me siento más clara y más conectada con mis guías y hermanos, el ruido y la destrucción pasan a un segundo plano, yo me centro en leer la corriente, en escuchar el viento y en vigilar que todos los veleros naveguemos juntos. Me centro también en mi respiración, miro hacia las profundidades, miro al cielo, está clareando, me sé conectada al momento presente, a la realidad actual.

Respiro, les digo adiós a las teorías de como tienen que ser las cosas, y acepto, que yo soy quien soy y que la realidad es la que es. Es un nuevo inicio, libre de teorías y de suposiciones, ahora solo la realidad vale y solo los guías lideran. Lágrimas caen por mis mejillas, lagrimas de paz y de saberme en el lugar preciso y en el sitio correcto. Me centro en el sol, que amanece, que nos nutre, miro a mis hermanos, a los veleros, un grupo de delfines, que aparecen y nos acompañan, nos saludan y celebran. Los delfines saltan entre los barcos, los niños se empiezan a espabilar y sonríen, las risas empiezan a dejarse oír, los ojos dejan de llorar, se dejan de oír lamentos por el pasado, nos centramos en los delfines y otros animales que salen a saludarnos. Mi pueblo está disfrutando del momento, están admirando la naturaleza y los regalos de nuestra madre tierra, mientras nuestro padre nos regala rayos de sol, que nos calientan la piel y sobretodo el corazón.

Sonrío, esto es lo nuestro, y una idea empieza a florecer en mi mente, realmente, una imagen empieza a brotar de mi corazón. Miro a mi pueblo y les digo, lo que ya todos sabemos, es momento de reagruparnos y celebrar orgullosamente quienes somos, es momento de arreglar lo que necesite ser arreglado y de aligerar lo que ya no nos sirva. Les propongo, conectar los veleros con uniones flexibles, que nos permitan pasar de un velero a otro con facilidad, y que a la vez nos permita reconfigurar las uniones, dependiendo del momento y las necesidades. Hacemos un estudio rápido de lo que se queda, de lo que se puede regalar y de lo que ya no sirve y que se puede dar a la madre. A la vez, hacemos un recuento de las nuestras habilidades y necesidades.

Miro a mis hermanas las sanadoras, ellas entienden y son las primeras, que se quitan las ropas pesadas y sucias, y se tiran al agua, se banyan y se enjabonan y nos invitan al resto a hacer lo mismo. Muchos siguen a las sanadoras, los mayores sonríen a su vez, animan a los jóvenes y a los niños a bañarse, ellos cuidaran del campamento flotante y de los que no pueden moverse y los bebes.

Algunas de las sanadoras se quedan en el agua, y ayudan a otros a enjabonarse y a librarse de ropas sucias y pesadas, otras de las sanadoras suben a sus barcos y van acondicionando y creando una casa de sanación, sonrío y asiento, puedo confiar en ellas, así que las dejo que hagan lo que mejor saben, que es ser ellas mismas.

Me fijo ahora en otros barcos, donde hay también actividad. Son los músicos y los cuentacuentos, los pintores y los funambulistas, que habían seguido a las sanadoras con un baño rápido, y ahora se están preparando para hacer las delicias del resto. Uno de los barcos se amarra al centro de sanación y les acompañan con sus tambores, el resto se van dispersando y entremezclando entre los otros barcos y empiezan, para delicias de todos, a tocar música animada, a hacer saltos que parecen imposibles entre barcos y a pintar los desconchones y a preparar un espacio para leer y para contar historias. Se que puedo contar con el equipo para subir la moral y ayudarnos a estar cohesionados, sigo respirando y aire limpio y fresco entra por que el humo esta saliendo de mis pulmones.

Mi pueblo se divierten y se bañan, cantan y me llaman. Les miro, sé que puedo contar con ellos. Me quito mis ropas, que es mi única posesión, son ropas del antiguo mundo, ya no me pertenecen, ya no las necesito, pensaba que me ayudaban a identificarme, la realidad es que eran la armadura detrás de la que me escondía, y no lo había visto hasta ahora que me la he quitado. Sonrío, la desnudez en mi pueblo es natural, entendida y aceptada. Ya llegara el momento de hablar con las costureras y sastres sobre ropas nuevas para todos, de momento, me despojo de todo, corona incluida y se la doy a la madre, para que ella lo recicle, para que ella, que nos nutre, me envíe lo que necesito, en cada momento, y siento como, al quitarme la corona, el sol llega a lugares donde no había llegado hasta entonces, siento el viento realmente alborotar mi pelo, me siento flotar, me siento renacer. Cuando salto al agua, por un segundo noto el contraste de temperatura, por un segundo pataleo rápido para subir rápido a la superficie, y noto un contacto en mis pies, miro, es un delfín, con ganas de jugar, y jugamos todos.


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