La chica del bar II

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Observaba con un hambre voraz esas dos nalguitas perfectas. La muchacha miraba de reojo de vez en cuando hacia la entrada del bar y cuando veía que entraba alguien se bajaba la falda, pero en cuanto desaparecían la volvía a subir. Estaba sentada muy al borde la silla por lo que sus glúteos sobresalían invitadoramente.

Envalentonado con la situación cogí una bandeja vacía y me dirigí hacia su mesa cuando vi que tenían las copas vacías. Me situé enfrente del hombre, justo al lado de la chica de manera que mi brazo izquierdo quedaba tapado por su cuerpo y sólo se veía el derecho, donde llevaba la bandeja.

- ¿Quieren tomar algo más? - les pregunté con una sonrisa a la vez que mi mano izquierda acariciaba una de las nalgas de la chica. Pude comprobar en el espejo que abría mucho los ojos al sentir mi roce, sólo fue un segundo, pero eso me animó y empecé a masajear ambas nalgas con mi mano. El chico me pidió un vaso de agua y me dijo que se irían pronto, por lo que se lo serví y volví detrás de la barra.

Conservaba en mis dedos el recuerdo del tacto suave y fresco de ese culo que me tenía loco y no hacía más que recordarlo en mi mente. A los dos minutos la chica se inclinó sobre la mesa para ver algo en el móvil que su compañero le estaba mostrando, al hacerlo, volvió a alargar la mano y esta vez se separó el hilo del tanga rosa hacia un lado. Pude contemplar con toda claridad su ano y parte de una vagina rosácea y algo húmeda. Me estaba subiendo por las paredes por el calentón. En cuanto hubo visto lo que le enseñaba el chico, se sentó bien y se colocó todo en su sitio, se levantó y se encaminó hacia la puerta seguida por el hombre. En ningún momento de esa noche me había dirigido la palabra ni me había mirado directamente.

El resto de la noche pasó lentísima para mí, sólo quería llegar a casa para poder aliviarme, por lo que fue un suplicio la espera.

Al día siguiente me desperté tarde y tenía un mensaje de ella "¿a qué hora cierras?", se lo dije y el móvil volvió a su silencio habitual. No tuve más noticias de ella y tampoco le hablé, estaba expectante ante lo que pudiese pasar la próxima vez que la viese. Ese hermetismo que desprendía al no hablarme ni dirigirme la mirada me cabreaba y excitaba a partes iguales.

La siguiente vez que la vi apareció a escasos 40 minutos de que yo echara el cierre, venía sola esta vez, llevaba la misma combinación de la vez anterior, pero con los colores intercambiados, la minifalda de vuelo era blanca y la camisa oscura y ceñida, llevaba su larga melena recogida con una goma. Se sentó en su sitio habitual y como siempre que venía tomaba lo mismo se lo llevé sin preguntarle, me dio las gracias con un asentimiento y volví a meter vasos en el lavavajillas. En ello me encontraba cuando advertí movimiento por el rabillo del ojo y por poco se me caen los vasos que tenía en las manos al levantar la vista. Se había subido la falda como la vez anterior pero esta vez no llevaba absolutamente nada debajo de ella. Como no había nada que pudiese sujetarla, cuando la soltó le cubrió todo de nuevo.

Pasaron los minutos, los pocos clientes que quedaban se fueron yendo. Mi polla me ardía y me dolía por la erección que pretendía atravesar mis pantalones. La chica seguía en su sitio habitual mirando algo en su móvil y no parecía tener prisa por irse. En cambio, yo sí tenía cierta urgencia porque se fueran los demás clientes. Aún no había traspuesto la salida el último que quedaba y yo ya estaba bajando la verja, cerré con llave y la dejé en la cerradura.

Fui directamente hacia ella, había dejado el móvil en la mesa y miraba de frente al espejo. Cuando llegué a su lado me agaché detrás de ella sin decir palabra, le levanté rápido la falda y hundí mi cara en su culo. Me agarré a sus nalgas para lamer frenéticamente su ano y su vagina. Ella se había sentado lo más atrás posible en la silla por lo que ambos, culo y coño, quedaban fuera de esta. Estaba apoyada en los codos y había cerrado los ojos para disfrutar de mi lengua. Cuando la hube dejado bien lubricada y atendiendo a la tensión en mi pantalón, me desabroché el cinturón y el pantalón, bajé este último, agarré mi polla hinchada, roja y llena de líquido preseminal y se la metí en su apretado coño.

Mi polla entró sin ningún impedimento, habida cuenta de lo lubricada que estaba. Enseguida sentí el calor acogedor de su vagina y me provocó un espasmo de puro gozo. Agarrado a su cadera empecé a moverme adentro y afuera de su vagina. La silla sobre la que estaba sentada se mecía adelante y atrás con cada embestida. La chica jadeaba más que gemía y cuando le agarré la coleta y tiré de ella hacia atrás soltó un pequeño gruñido de placer. Así estuve un rato, embistiéndola mientras tiraba de su coleta hacia mi, mi mirada seguía perdida en su perfecto culo como me había pasado cada vez que la había visto. Veía mi polla entrando y saliendo de su interior completamente mojada.

Le solté el pelo para agarrar bien sus caderas, ella se recostó en la mesa y soltó un "sí, sí, sí" tras lo cual noté como su vagina se contraía y me apretaba más la polla y luego se volvía a relajar. Acababa de correrse, ese hecho me dio un subidón de adrenalina y enseguida sentí que yo también iba a acabar. Saqué mi polla y empecé a masturbarme con una mano mientras con la otra le levantaba la falda todo lo que podía. Me corrí enseguida con un gran gemido, le llené por completo las nalgas con mi semen que salía a chorro, no me había corrido tanto en toda mi vida.

Me aparté un poco de ella aún con mi pene en la mano, ya empezaba a perder solidez, estaba sudando y jadeaba. Ella cogió su bolso y se puso bien la falda, se levantó de la silla sonriendo, me plantó un piquito en los labios y se fue sin decir nada hasta la verja que abrió con las llaves que aún seguían puestas. Tras su marcha tarde en recobrar el aliento un minuto, me abroché los pantalones y empecé a limpiar el local con una sonrisa absurda en los labios.

Esa noche, al llegar a casa vi en el móvil que me había mandado otro mensaje. Lo abrí y era un vídeo, en él se veía una calle de noche y desierta, la chica llevaba la falda levantada y podía ver su culo lleno de mi semen, semen que había empezado a bajarle a lo largo de las piernas desnudas. Se bajó la falda y terminó el vídeo. Mi polla se había puesto dura de nuevo...


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