Estoy contigo (I'm with you)

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Todos hablan de lo doloroso que es terminar una relación de pareja, pero pocos especulan sobre la ruptura de una amistad.

 

Ella llegó a mi vida de forma inesperada, no nos cautivamos a la primera, pero lentamente, me fui haciendo parte de su día a día, así como ella de los míos.

Resultó impresionante, yo nunca había encajado tan bien con alguien, no había sentido tal conexión y era reconfortante tenerla.

 

Voy a decir que no era la chica más normal del mundo, de pronto estaba muy seria y a los cinco minutos se exaltaba emocionada por algo insignificante a los ojos de los demás, pero grande ante los míos. Aprendí a amar sus peculiaridades, me acostumbre a su aroma a vainilla, a su rutina mañanera, a nuestros días de la semana inventados, a nuestros jueves de comida china y a aquellos días en que íbamos al parque a dejar notas que sólo ella y yo entendíamos.

 

Teníamos nuestras pequeñas diferencias, pero la comunicación no nos fallaba. Ella estuvo conmigo en las buenas y en las peores, así como yo en las suyas. 

Verla todos los días en la escuela significaba mucho, pues a veces era la única persona que alegraba mi día. 

Salíamos, salíamos mucho, hablábamos mucho, soñamos juntas, vivimos experiencias únicas y no había nada que pudiéramos ocultarnos.

Yo creí que seríamos eternas, no merecíamos menos después de años de amistad pura, pero llegó el momento en que nuestros caminos se separaron pues los días de preparatoria habían terminado.

Los primeros meses no fueron tan pesados, nos comunicábamos y a veces nos pegabamos al teléfono por horas. Poco me duró el gusto.

Ella entró a la universidad y yo decidí tomarme un año libre. Eventualmente, su círculo de amigos creció y me contaba con alegría lo cómoda que se sentía con su nuevo grupo. Si ella era feliz, yo también lo era.

Un día simplemente desperté sintiéndome estancada, sintiendo que algo me faltaba. Y es que pasé por momentos difíciles, donde sólo necesitaba la voz de mi mejor amiga para consolarme... pero esta se tardaba en llegar o de plano no llegaba.

 

No la culpaba, seguro tenía miles de deberes en la escuela y no podía distraerse. Estados y fotos me hicieron ver como ella iba sacándome de su vida, quizá no intencional, pero dolía como nada. A medida que ella se llenaba de amigos, yo me quedaba sola, mirando sin reprochar. Nunca me atreví siquiera a decirle cómo me sentía respecto a nosotras.

 

Hoy aún duele,la nostalgia me ataca, las fotos no se han borrado, mis memorias con ella menos. He conocido gente nueva, gente maravillosa, pero no siento una conexión tan extraordinaria como la que tuvimos. Yo simplemente sentía que no volvería a tener una mejor amiga con quien crear momentos.

 

Entiendo que he de desprenderme del pasado, y recordarlo con alegría por lo hermoso que fue. Hoy ya no estamos la una para la otra como lo prometimos, pero nadie tiene la culpa, así la vida lo ha querido; es sólo que yo no me he adaptado a su ausencia.

 

Si me estás leyendo, quiero que sepas que siempre te llevaré en mi corazón y memoria, y que parte de mí te va a querer siempre. Recordaré con cariño cada momento que vivimos desde aquel tres de agosto del 2015. 

Crecimos juntas durante tres bellos años, hoy cada una lo hace por su cuenta.

Agradezco cada segundo que compartimos, y también agradezco la lección de vida.

 

Donde estés, yo estaré bien.


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