El Serrucho y la Pequeña Sierra (Fábula)

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Estaban descansando las herramientas en el cajón, después de una ardua jornada laboral.
El gran serrucho, de enormes dientes, quedó junto a la humilde sierra para metales.
—¿Qué haces junto a mí, pequeña herramienta de diminutos dientes? Tú, una insignificante sierra, mira mis enormes dientes que cortan grandes árboles que no eres capaz de hacerlo.
La pequeña sierra lo observó con diversión.
—No creo que tú seas capaz de hacer mi trabajo. —Replicó al pedante.
—¡Ja! —continuó riéndose con sus grandes dientes el serrucho— ¡Soy capaz de aserrar cualquier cosa!
—Muy bien —retrucó la sierra—, mañana debo hacer un trabajo. Quiero ver cómo lo haces.
Engreído el serrucho lanzó una carcajada.
—Corto cualquier objeto … pequeña y débil hoja metálica.
 
Al día siguiente todas las herramientas observaron el duelo tan desigual. Los enormes dientes del jactancioso serrucho contra los pequeños de la sierra, quien le mostró un fierro de construcción que debía cortar.
—¡Ja! Esto lo hago en un santiamén. —Y sin pensarlo dos veces el serrucho trató de cortar el delgado fierro. Pero, ¡oh, sorpresa!, los grandes y filosos dientes del petulante se atascaron e incluso quebró uno.
La pequeña sierra hundió sus apenas visibles dientes y cortó el duro fierro en menos de un minuto.
Humillado ante la concurrencia de herramientas, el serrucho debió reconocer su gran derrota.
 
Moraleja.
El aspecto nunca es evidente
Cada cual tiene su virtud
No por tener grandes dientes
Puedes tomar tal actitud
 
Quizás tengas inteligencia
Estudia a tu contendor
En especial con paciencia
Así no serás perdedor.


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