Sacando a mi zorra interior (parte 1)

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Estaba totalmente decidida. Ésa sería la noche.

Se había cansado de ser esa chica buena que hace lo que se espera de ella, rechazando lo que es moralmente incorrecto. Llevaba mucho tiempo dándole vueltas, queriendo dar el paso y poner en marcha sus fantasías más prohibidas. No era normal que siendo tan guapa y exuberante llevara tanto tiempo sin tener sexo. La culpa era suya, y eso había que remediarlo.

Había urdido un plan tan perfecto que sabía que no podía fallar.

Hasta hace poco ni siquiera sabía que aún existían los autocines, ni que los había de sesiones pornográficas, y mucho menos que había uno tan cerca de donde vivía.
Obtuvo esa información en una conversación casual con los amigos, y desde ese momento su plan fue tomando forma muy rápida y excitantemente.

Llegaba la hora. Estaba empezando a ponerse nerviosa, pero eran nervios de ilusión, de emoción y de no poder aguantar las ganas de llegar.

Se puso un vestido que había usado sólo en una ocasión por ser excesivamente provocativo. Negro, con un enorme escote aderezado con encajes que apenas tapaban el inicio de las areolas de sus grandes pechos. La parte baja cubría apenas un trozo de muslo, y se adhería a su piel como si formaran una sola pieza.

Toda su figura quedaba expuesta. El vestido la envolvía como si de un regalo se tratara.
Después de perfumarse y pintarse los labios de un tono rojo encendido, se miró en el espejo y se sintió como la buscona en la que soñaba convertirse. Al menos ésa noche lo era. Y allá iba.

Llegó, miró alrededor, observando a los escasos vehículos que había allí adentro, y aparcó en medio de dos coches, esperando tener suerte con la elección.
La película ya había empezado, mostrando una escena en la que se conocían 4 personas y que prometía acabar en una orgía desenfrenada.

Miró a los dos coches que tenía a derecha e izquierda. El de la izquierda tenía la ventanilla sólo un poco bajada, seguramente para combatir el efecto del vaho en el interior, y dejaba entrever una cabeza masculina. Sólo se adivinaban su pelo negro y el inicio de unas facciones que no parecían desagradables.

Hoy con eso le valía. Le hubiera valido casi cualquiera, y parecía un candidato muy apto. Así que, con el corazón desbordado dentro de su pecho y exhalando fuertemente para calmar sus nervios, abrió la puerta, se bajó un poco la minifalda, que se le había arrugado quedando toda en las caderas, y echó a andar hacia ese coche.

Los tacones de aguja parecían querer boicotearla, pero por suerte el trayecto era mínimo y antes de que se diera cuenta, ya podía apoyarse en la puerta del coche para no perder el equilibrio.

Así lo hizo. Se apoyó, y asomando sus ojos por el escaso espacio abierto de la ventana, dijo con voz dulce:

-Disculpa.

Él se sobresaltó, ya que estaba tan absorto en la película y en la tarea que su mano realizaba en su polla, que no la había visto venir.

Ella se hizo la despistada con ese detalle.

-Perdona, es que no consigo sintonizar la emisora para escuchar la película. ¿Te importa si la veo aquí contigo?

Mientras lo decía, puso su carita de niña buena y la voz más dulce y a la vez sugerente que pudo.

Él, aún sin articular palabra, la miró detenidamente.

Primero vio sus tetas, que conseguía a duras penas mantener dentro del escote. Eran voluminosas, muy carnosas y redondeadas.

Ella se dio cuenta y se inclinó aún más, ofreciéndole una mejor vista. No se apreciaba canalillo alguno, pues estaban tan apretadas entre sí que parecían querer estallar.
La cintura era generosa. Había carne, pero muy bien equilibrada, creando una figura de lo más espectacular. No pudo ver más porque la puerta del coche tapaba el resto, pero podía suponer que detrás habían unas caderas voluptuosas y un culo más que generoso.

Con un gruñido escaso y un gesto con la mano la invitó a subir. Decididamente su plan del sábado noche acababa de mejorar notablemente. Aquella insinuación sólo podía significar una cosa, y desde luego estaba más que dispuesto.

Ella abrió la puerta, no sin antes subirse conscientemente un poquito la falda. Ya iba a por todas. Él pudo admirar su figura, haciendo que su erección aumentara más de lo que lo había hecho con la película.

Ella también quedó gratamente sorprendida por la apariencia de él. Habiendo sido tan al azar, resultó ser un chico joven y guapo. Estaba de suerte.

Ella subió y se sentó en el asiento del copiloto. Miró descaradamente la mano que aún seguía aferrada a la polla de él, y mirándolo directamente a los ojos, se mordió el labio inferior. Él no se molestó en disimular ni en hacer nada al respecto. Sólo la miraba.

Por la radio ya se escuchaban infinidad de jadeos y gemidos. Las imágenes mostraban en ese momento a una mujer de rodillas en una cama, chupando una enorme polla mientras otra le penetraba desde detrás. Mientras, la otra mujer, tumbada boca arriba entre las piernas de su compañera, le chupaba el clítoris, lamiéndolo y succionándolo con maestría, mientras se masturbaba a sí misma.

Esa mujer era la gran protagonista de la escena, recibiendo todas las atenciones del resto del grupo. El que le metía la polla en la boca, la sujetaba del pelo sin darle tregua en sus embestidas.

El que la penetraba manoseaba sus tetas con avidez. Apretaba sus pezones...

En el coche, ella aprovechó, y acercando su mano al miembro de él le dijo:

-Déjame a mí.

Él apartó la mano sin pensarlo, y ella empezó a sobarlo con ganas. Su mano lo apretaba y empezó a moverse lentamente. Muy lento, pero muy apretada. Lo miraba a los ojos y se relamía.

En ese momento ya ponía una cara de zorra sedienta de sexo que a él le estaba encantando. Llevó su mano al extremo del asiento, y acercó la cara tanto a su polla que parecía que iba a engullirla, pero en lugar de eso, movió su mano por bajo del asiento de él, cogiendo la palanca, y lo deslizó hacia atrás todo lo que pudo.

Antes de incorporarse, quedó con la nariz presionando su verga, inspiró profundamente y mirándolo fijamente se irguió. Se levantó, y con agilidad metió los pies en el hueco que había quedado libre entre él y el volante. Fue bajando hasta quedar arrodillada en ese hueco. Su cara delante del falo que en ese momento estaba en todo su esplendor.
Parecía una niña viendo un juguete nuevo. Era grande, pero sobre todo gorda. Muy gorda. Muy venosa, y con una cabeza prominente y abultada.

La excitación le podía. Su coño ya estaba muy mojado. Notaba cómo las gotas salían de él.


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