Los fluidos de Esmeralda

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Se despertó al sonar la persiana de una vecina. Se desperezó un momento y se levantó de un tirón de la cama. Sonaron un par de ventosidades de su trasero. Su amigo dormía todavía. Entró en el baño, se bajó la braga a los tobillos y orinó profusa y ruidosamente. Decidió ir a la cocina a preparar el desayuno. Desde allí oyó que su amigo se levantaba de la cama y entraba en el cuarto de baño. Corrió por el pasillo y entró en el baño mientras él orinaba. 

-Estoy ocupado -le dijo él.

- Quiere verte mear -dijo ella.

Esmeralda se acercó a él y le cogió el pene mientras terminaba de orinar. Se puso rígido el aparato y, arrodillada, se lo metió en la boca y se tragó las últimas gotas de orina.

-Eres un poco guarra, ¿no? -dijo él. 

Esmeralda se levantó del suelo, se pasó una mano por los labios y le contestó:

- Soy natural, somos animales, ¿no lo sabes?

- Yo no te he visto mear.

-Dejo que me veas cagar -le retó ella - Echo unos chorizos largos y gruesos, de un intenso color marrón y de muy mal olor.

- No pensaba que fueras así.

-Si te doy asco, coge la puerta, vete y no vuelvas más.

Su amigo se vistió apresuradamente y se marchó de su casa sin mediar palabra.

El desayuno le sentó mal a Esmeralda. Pensó que fue por culpa de haber cargado demasiado el café. Corrió al cuarto de baño con las tripas revueltas y justo le vino sentarse sobre el inodoro para no cagarse de diarrea encima. 

El mal olor no le molestó. Le gustaban sus olores corporales y los olores que salían de su cuerpo.

Después de limpiarse con varios trozos de papel higiénico y sin ponerse la braga, tirada sobre el suelo junto al inodoro, se miró en el espejo. Era realmente hermosa, reconoció.

Se echó un sonoro pedo, puso la mano derecha sobre la salida del ano y luego se la llevó a la nariz para oler el aroma a mierda.

Se acostó otra vez en la cama. No tenía prisa, hoy no trabajaba por ser domingo. La tienda de ropa en la que trabajaba de dependienta esperaría al lunes su presencia.

Empezó a masturbarse lentamente, se metió un dedo en la vagina y luego se lo olió y se lo chupó. 

Se vistió con ropa deportiva y salió a la calle a correr. Cerca de su casa había un canal de aguas turbias rodeado de campo. Corrió hasta no poder más. Después, en casa, mientras descansaba en el sofá se limpió el sudor de las axilas con las manos y luego se las olió y las chupó. 

Otra vez le gruñeron las tripas, corrió al baño y cagó diarrea. También sintió náuseas y vomitó dentro del inodoro, sobre la diarrea. Vomitó el desayuno y una especie de bilis, un líquido espeso y amarillento.

- ¡Qué mal día tengo hoy, por Dios!- exclamó.

Se sentó en el sofá y llamó a su amigo desde el móvil. Tardó cinco pitidos en contestar. 

- ¿Qué quieres?

- ¿De verdad no te apetece verme cagar desnuda? Te aseguro que compongo una escena muy especial. Tengo un culo maravilloso y ver salir la mierda por él es todo un regalo para la vista por mal que huela

- Estás loca, tía. -le dijo y colgó la llamada.

Pero unas horas más tarde, su amigo llamó a la puerta de su casa. Traía un ramo de flores, una botella de vino y una caja de bombones. Le dijo que era para hacerse perdonar.

- Además, quiero ver salir la mierda por tu hermoso culo -remató.

Esmeralda le franqueó la puerta con una amplia sonrisa en la boca.


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