Visita comercial a Burgos (parte 1/2)

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Eran las seis de la tarde cuando salimos de la oficina de Madrid con destino a Burgos. Teníamos que visitar a un cliente a las nueve de la mañana del día siguiente y salir de madrugada de Madrid no era una opción apetecible y como otras veces decidimos hacer el viaje el día anterior y dormir en el Burgos.

Cristina es la esposa de mi jefe y compañera mía de trabajo. Los dos trabajamos en el mismo gabinete de abogados, yo me dedico a la parte civil y ella a las finanzas, lo que nos convierte laboralmente en complementarios.

Al llegar a Aranda de Duero, después de hora y media de viaje, me dijo que parasemos a tomar un café que tenía que ir al lavabo y no quedó más remedio que parar. Al entrar en la cafetería se dirigió directamente a los servicios y yo me ocupe de pedir dos cafés en la barra.

Cuando se reunió conmigo en la barra después de aliviar sus necesidades, con cierta cara de preocupación me dijo que al volver al coche tenía que abrir su maletín de viaje porque había tenido un percance. Le pregunté que le había pasado y me contestó que se había mojado las bragas al orinar y las llevaba en el bolso. Tenía que ponerse unas limpias.

Vio mi cara de contradicción, pero o dijo nada, nos acabamos los cafés y pagué. Al llegar al coche abrí el capo y me dirigí al asiento de conductor para dejarla intimidad. Sentí cerrarse el capo y a continuación abrió la puerta de su asiento y entró en el coche. Como me pareció demasiado rápido que hubiera abierto su maletín y se hubiera puesto unas bragas limpias le dije que era muy rápida.

Me sonrió y me dijo que había cambiado de idea porque había más gente en parking y no era cosa de enseñarles a todos el culo. Me dijo que había cambiado de idea y que sin ellas iba más fresquita al tiempo que se levantaba el vuelo de la falda y me enseñaba el chocho perfectamente depilado.

Hacía más de un mes que había llamado a la puerta de mi habitación del hotel de Sevilla después de retirarnos cada uno a nuestra habitación. Cuando abrí estaba delante de la puerta y sin más me dijo que si no me importaba que me hiera una mamada. Estaba en calzoncillos y me quedé perplejo. Cerró la puerta, se arrodilló delante de mí y bajándomelos se la metió en la boca diciéndome que quería descubrir el sabor de mi semen. Yo cumplí corriéndome en su boca y ella tragándoselo.

Le dije que no distrajera que estaba conduciendo y su respuesta fue pasarse el dedo desde el clítoris hasta la entrada del ojete. Insistí diciendo que al final íbamos a tener un accidente y su respuesta fue que me desviara de la autopista y parara en algún sitio discreto.

Obedecí claro. Cogí el desvío de una carretera secundaria y paré junto a un pinar. El coche se veía desde la carretera secundaria a unos veinte metros de la calzada y si alguien pasaba y se fijaba era evidente lo que íbamos a hacer, pero a ella le pareció un buen sitio y dijo que esperaba que si pasaba algún coche y se fijaba en ellos no tuviera un accidente.

Nos quitamos los cinturones de seguridad y se levantó la falda hasta la cintura diciéndome que la tocara. Le pase dos dedos entre las piernas pero la postura no era demasiado cómoda. Me dijo que abriera el techo corredizo, se descalzó y se puso de pies en el asiento apoyando uno en el reposabrazos para poder abrirse bien de piernas. Tenía su coño a la altura de mi cara y ella sacaba casi medio cuerpo por el techo. Le metí un dedo en el coño y después añadí otro, un tercero y un cuarto.

Empezó a mover las caderas y se metió dos dedos en la boca para después untarse de saliva el culo y me pidió que me ocupara también de esa vía. Saqué dos dedos del chocho y tanteé su entrada trasera donde se los hundí. Empezó a jadear y a removerse. El flujo chorreaba por sus muslos y lo recogía con los dedos para llevárselo a la boca mientras yo hacía círculos con el pulgar sobre su clítoris. Se corrió escandalosamente mientras me decía que la penetrara más fuerte, añadiendo “hijo puta”. Cuando por fin se sentó me cogió la mano y me la limpió con la lengua.   

No me hice esperar. Me descalcé y me puse de pie en el asiento sacando el cuerpo por el techo corredizo y sacándome la polla se la ofrecí para que la chupara. Empezó a mamármela haciendo el vació con la boca sobre la polla, era increíble como presionaba con la lengua y tuve la sensación de tenerla dentro de un coño, así que empecé a follarla. Cuando iba a correrme se la metí todo lo que pude y me corrí en su garganta no dejándola otra opción que tragarse mi leche.

Se la fue sacando poco a poco sin perder contacto con la lengua. Al final con el capullo entre los labios me la exprimió y chupó las últimas gotas. Se relamió y dijo que continuáramos el viaje ahora que ya estábamos más tranquilos. Los dos éramos conscientes que el sexo no había acabado allí y que la noche se presentaba interesante.

Llegamos a Landa, una hospedería de lujo antes de entrar en Burgos y pedimos las dos habitaciones reservadas. Mientras nos hacía el cheking la recepcionista me junté a ella y levantándole la falda por detrás mis dedos buscaron la entrada de su culo que seguía sin bragas. Conseguí meterle el pulgar y me puse a removerlo allí dentro. Empezó a moverlo para acomodarse el dedo y así estuvimos hasta que nos dio las tarjetas de acceso a las habitaciones la amable señorita.

Le saqué el dedo del culo y nos fuimos a las habitaciones, pero solo entramos en una. Nada más dejar los maletines de viaje en el suelo la empujé sobre la cama dejándola de espaldas. Le subí la falda, le unté de saliva en la entrada del orificio anal y se la metí mientras la follaba con los dedos entre las piernas y le masturbaba el clítoris. Esperé a que se corriera una primera vez y seguí follándola por detrás. Cuando estaba agitándose por la proximidad del segundo orgasmo me corrí en sus entrañas. Me pidió que no se la sacara hasta que me desempalmara y se me saliera por si sola. Cuando se incorporó empezó a derramarse el semen por sus mulos, lo recogió con los dedos y se los llevó a la boca.

Nos desnudamos y nos fuimos juntos a la ducha, aunque estábamos lo suficientemente saciados como para empezar a follar bajo el agua. Yo hubiera sido incapaz de empalmarme otra vez y para hacer el ridículo mejor no empezar lo que no puedes acabar y además ya no tenía ganas.

Fuimos al restaurante a cenar y pidió una botella de cava para la cena con un poco de marisco cocido y alguna otra tapa fría. Cenamos en el jardín y como hacía muy buena noche después de café pedimos una copa y disfrutamos de la agradable temperatura que hacía.

Nos fuimos a las habitaciones y antes de entrar me dijo que la apetecía que durmiera con ella. Nos denudamos y nos metimos en la cama. Se arrodilló encima de mis muslos y empezó a fritarse el clítoris con mi polla hasta que ella estuvo mojada y me la puso un poco dura.


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