Visita comercial a Burgos (parte 2/2)

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Se incorporó y se la metió en el coño. Giraba las caderas sobre mi eje haciendo que me empalmara y cuando bien duro empezó a cabalgarme. Se la sacaba hasta la punta y se dejaba caer de golpe sobre mí. Me avisó que estaba a punto de correrse y quería hacerlo conmigo al mismo tiempo, así que cuando ella se dejaba caer yo la envestía con golpes de cadera. Nos corrimos al tiempo.

Se fue al baño y me llamó para que fuera. Cuando entré estaba dentro de la ducha de rodillas en el suelo, me dijo que entrara con ella y cogiéndome la polla me pidió que me meara sobre ella. Esto era nuevo para mí, pero no iba a dejarla con las ganas de obtener su capricho, así que me concentré y empecé a mear mientras ella dirigía el chorro a sus pechos. Cuando ya no me salía nada se levantó y se puso mi polla entres los muslos. Empecé a notar calor y supe que se estaba meando sobre mí pene al tiempo que me acariciaba el pecho y jugaba con mis pezones.

Cuando acabó abrió la ducha, me lavó a mí y después se ocupó de ella. Nos secamos y nos fuimos a la cama. Me dio la espalda y me puso el brazo por encima de ella poniéndome la mano sobre su pecho y apretándome los dedos sobre el pezón. Así nos quedamos dormidos.

A las siete y media sonó el despertador de su móvil y esperaré a que lo apagase, pero seguía sonando. Me di la vuelta para llamarla, pero ella no estaba en la cama así que busqué su móvil y detuve la alarma. La luz del baño estaba encendida y se oía correr el agua, me quedé en la cama y esperé a que saliera para no incordiarla en lo que estuviera haciendo. Salió desnuda y pude admirar su cuerpo entero a placer. Estaba bastante bien conservada para sus cuarenta y tantos años. El pecho lo tenía operado con un buen trabajo del cirujano.

Me fui al baño y me duché. Cuando salí ya estaba vestida y esperándome sentada en la cama con un traje gris de raya diplomática, chaqueta y falda estrecha por debajo de la rodilla. Nos dirigimos al restaurante y desayunamos ligero porque antes de una reunión no es bueno comer nada pesado.

Cogimos el coche y nos fuimos a ver al cliente. Cuando nos recibió noté que Cristina tenía un botón de la camisa desabrochado que en el coche no lo estaba. Se le veía un bonito sujetador azul claro que cubría los pechos lo justo para no mostrar el pezón. Resaltaba al contrate sobre la camisa blanca y la chaqueta gris. No la dije nada porque conociéndola estaba seguro de que se lo había desabrochado a propósito.

Nos recibió el cliente con dos besos a ella y estrechándome a mí la mano. Ellos ya se conocían, pero el cliente y yo no. Se deshizo en halagos hacia el físico de Cristina y finalmente nos sentamos a lo que habíamos ido a hacer allí. El cliente no dejaba de mirar hacia sus pechos disimuladamente al principio y descaradamente después cuando ella se empezó se colocó para darle la mejor visión posible.

Acabamos la reunión en poco más de hora y media, dejamos cerrados los acuerdos y el borrador de un contrato para que el cliente lo analizara en profundidad a solas. Nos levantamos y nos despedimos con un buen sabor de boca porque estábamos convencidos de que firmaría. Justo cando nos íbamos Cristina me dijo que esperara un momento que se había olvidado algo. Entró de nuevo y salió enseguida.

Salimos a la calle y ya en el coche me aseguro que el cliente iba a firmar. Cuando entró sola le pregunto algo y al hacerlo se juntó mucho al cliente hasta rozarle un pecho contra el hombro. Al salir él la acompañó hasta la puerta y al empujarla de la espalda para cederle el paso su mano bajó hasta el inicio de sus nalgas. Ella le sonrió y le dijo que cuando estuviera el contrato firmado volvería sola a recogerlo a condición de que la invitase a comer. Él estuvo encantado y se tomó la libertad de apretarle la nalga.

Cuando me lo contó, ya en el coche, le contesté que con esas bendiciones yo también estaba seguro que firmaría antes de follárselo. Se echó a reír y me dijo que esperaba que no tuviera celos. Riéndome yo también le dije que un poco sí pero no porque se lo follara sino porque a los hombres normalmente nos estaba vedada esa forma de cerrar negocios. Me dijo que condujera hasta la hospedería que me iba dar la satisfacción de follarla antes de regresar a Madrid.

Al llegar a la habitación me dijo que me estuviera quieto y empezó a desnudarme dejando mi traje mi corbata y mi camisa sobre una silla, los calzoncillos los tiró al suelo. Empezó a chupármela mientras se desvestía y cuando estuvo totalmente desnuda me dijo que me tumbara en la cama. Pensé que iba a seguir chupándomela, pero lo que hizo fue sentarse sobre mi pecho dejando el coño junto a mi cara y me dijo que el primer orgasmo lo quería con mi lengua.

La chupé como si me fuera la vida en ello, de vez en cando metía la lengua dentro y la degustaba. Se corrió y me dejó la cara llena de flujo que ella misma se encargó de limpiármela con la lengua. Después se puso de rodillas dándome la espalda y me dijo que se la metiera y me agarrara a sus pechos para que la empujara con fuerza. Los agarré estrujándolos y luego me centré en los pezones, cuando los tuve bien agarrados y ella se quejaba de dolor se la metí en el coño y empecé a embestirla.

Nos corrimos y nos fuimos a la ducha juntos. Allí la masturbe otra vez mientras le mordía un pezón y estiraba como ella pedía. Una vez duchados nos vestimos, recogimos el equipaje y fuimos a recepción a hacer el chek-out. La señorita del día anterior nos atendió de nuevo y nos dijo que nos cobraba solo una habitación porque no habíamos usado la otra. Le dijimos que no, que nos pusiera las dos en la misma factura. Nos miró extrañada pero cuando lo entendió, con una sonrisa cómplice, nos pidió la tarjeta de crédito. Cristina se la dio, nos cobró y nos fuimos al coche.

Paramos a comer en Aranda a ciento sesenta kilómetros de Madrid para comer en un asador que ella conocía. Nos sirvieron un lechazo y una ensalada y solo tomamos café de postre. Sobre las seis de la tarde aparcábamos el coche en una de las plazas de garaje de la empresa. Ella sacó su maletín del capo de mi coche y nos dirigimos al ascensor para subir a las oficinas. Al entrar coincidimos con su marido y mi jefe que nos preguntó por el viaje y la visita. Cristina le dijo que todo perfecto, la beso en los labios y nos dio la enhorabuena. A mí me salió una sonrisa no por el halago de mi jefe, sino pensando que estaba besándola donde yo había tenido mi polla tantas veces en tan solo veinticuatro horas.


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