Veterinaria

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Me llamo María y soy de un pueblo pequeño de Soria dedicado a la ganadería y la agricultura principalmente.

Casi nunca salía del pueblo salvo a los alrededores o para ir al instituto en el pueblo de al lado porque en mi pueblo no hay. Hasta que acabé los estudios en el instituto y aprobé la selectividad nunca había estado en Soria capital donde me llevó mi padre en coche para examinarme de selectividad. Era la única del pueblo que pensaba estudiar una carrera universitaria de los veinte que acabamos el bachillerato ese año.

Cuando llegamos a Soria todo me parecía muy grande, mucha gente y coches por todos lados. Pero lo que más me llamo la atención fueron los edificios de más de cuatro pisos. Si, en Soria también hay edificios de diez pisos o más. Parecerá que soy una paleta ignorante, pero por entonces realmente lo era.

La mejor opción para estudiar veterinaria era Madrid. Mi padre casi me obligó a escoger esa carrera porque una vez finalizada tendría trabajo seguro en el pueblo y así volvería. Donde mejor iba a vivir y así me ocuparía de ellos cuando fueran mayores, esto no lo confesó, pero seguro que lo pensó.

Llegué a Madrid a finales de septiembre y me dirigí directamente a la residencia mixta de estudiantes donde compartiría habitación con otra chica de Sevilla que se llamaba Tere y era dos años mayor que yo. Cuando empecé a deshacer la maleta ella se quedó mirando mi ropa y empezó a reírse. Me dijo que de donde me había escapado y que si pensaba asistir a las clases vestida con aquellos “ropajes”.

Se levantó y abrió su armario. Me miró de arriba abajo y empezó a sacar ropa suya que podía que pensaba que me quedaría bien. Teníamos una estatura y complexión física similar, las dos delgadas, aunque yo tenía bastante más pecho.

Me fue enseñando prendas y yo le decía si me gustaba o no. Las camisetas eran demasiado estrechas para mi busto y las faldas tan cortas que me daba vergüenza solo pensar en pasearme con ella fuera de la habitación, pero me convenció. Me vestí de Tere y bajamos al comedor de la residencia donde me presentó a los compañeros que estaban sentados en la mesa donde nos sentábamos siempre. Eran mesas para ocho personas con un banco a cada lado.

Al sentarme la falda se me subía hasta más de la mitad de los muslos y no hacía más que intentar bajármela sin conseguirlo porque se me ajustaba a la cadera. A los pechos prefería no mirarme porque estaba tan ajustada que parecían mi carta de presentación. 

Los compañeros eran muy simpáticos y en ningún momento me sentí desplazada, aunque algunas de sus bromas me hicieron ponerme colorada, sobre todo cuando Mariano me dijo esa noche soñaría con mis pechos y sabe Dios que locuras haría con ellos. Nos pidió por favor que no cerráramos con llave la puerta de la habitación por si necesitaba vérmelos de nuevo con más detalle para inspirarse. Lo dijo como broma, pero me puse nerviosa y el rojo encendió mi cara para cachondeo de todos. Carmen, otra compañera de mesa, me dijo que no me fiara de Mariano porque antes de que me diera cuenta ya tendría su mano dentro de mis bragas y más risas a mi costa. Al final decidí sumarme a sus bromas y conseguí relajarme bastante.

Por la noche, después de la cena algunos alumnos solían salir a tomar algo a la calle y otros se reunían en la sala de alumnos donde ponían música y había quien hasta bailaba. Mi primera noche me quedé en la residencia y bajé con Tere a la sala, seguía vestida con su ropa y empezaba a gustarme su estilo permitiendo lucir mis encantos y me estaba acostumbrando a que todos me mirasen a las tetas.

Al entrar vimos a algunos compañeros con los habíamos comido y nos sentamos con ellos. Al poco Mariano me dijo que bailara con él y ante mi reticencia me cogió de la mano y tirando me levantó de la silla. Justó cuando íbamos a bailar se acabó la canción y empezó otra de Leonard Cohen muy lenta. Me dijo que estábamos de suerte y agarrándome de la cintura me atrajo hacia él. Puse mis brazos hacia delante para evitar que me estrujara las tetas contra su pecho, pero me retiró los brazos y se los colocó alrededor de su cuello pagándose a mí. Era la primera vez en mi vida que estaba tan cerca de un chico y aunque cohibida empecé a sentirme cómoda y también un poco excitada.

Noté una mano en mi culo que subía y bajaba despacio, creo que incluso llegó a apretarme una nalga con la palma de la mano haciendo que nuestros sexos se juntaran. La otra mano dibujaba algo en mi espalda acariciándola. Más tarde me confesó que me había estado escribiendo algo con el dedo y decía que esa noche pensaba follarme, pero no lo supe entonces.

Se acabó la canción y empezó a sonar otra para bailar suelto. Mariano fue donde estaban pinchando y le dijo algo al responsable. Cuando volvía hacia mi empezó a sonar Suzanne de Cohen, más lenta si cabe que la anterior. Volvió a pegarse a mí, se restregó contra mis pechos y su mano fue de nuevo a mi culo. Ahora se movía más contra mí que conmigo al compás de la música.

Me dijo que fuéramos a beber algo y salimos al jardín con dos cervezas. Nos sentamos en un banco y las dejó en el asiento, me cogió la cara entre sus manos y me beso en los labios. Me gustó la sensación de su aliento en mi boca, era mi primer beso. Cuando empezó a presionar con la lengua sobre mis labios le dejé entrar y juntó su lengua a la mía. Yo no sabía que tenía que hacer, pero no importó porque él se ocupó de dirigir la acción.

Noté que me tocaba las piernas por delante y poco a poco iba subiéndome la falta de Tere mientras no dejaba de repasarme la boca con los labios y la lengua. Cuando sentí sus dedos acariciarme el pubis me abandoné. Estaba dispuesta a dejarme hacer lo que quisiera porque la calentura que tenía me impedía decirle que parara. Metió un dedo por dentro de las bragas y me acarició, cuando entró en el sexo creí que me moría de gusto. Lo sacó poco a poco y lo deslizó hasta el clítoris y se quedó allí jugando a hacer círculos. Empecé a jadear descontroladamente y sin esperarlo me vino un orgasmo, el primero de verdad en mi vida. Saco el dedo y mientras se lo chupaba mirándome a los ojos me dijo que sabía muy bien y teníamos que repetirlo.

Se separó un poco, se desabrochó la bragueta y se sacó el pene. Me cogió la mano y se la puso alrededor y empezó a masturbarse. Cuando creyó que ya había cogido el ritmo me dejo hacer a mi sola y metió sus manos por dentro de la camiseta. Me retiro el sujetador hacia arriba y empezó a sobármelos.

Tenía la polla muy dura y según crecía su excitación me apretaba los pezones y me hacía ver el cielo. Sentí que su leche resbalaba por mi mano, pero no me importó. Retiró una mano de los pechos y volvió a meterla por debajo la falda bajándome las bragas hasta las rodillas y volvió a jugar con el clítoris apretando simultáneamente el pezón hasta que otro orgasmo, más fuerte que el anterior, me sacudió.

Sacó la mano y se chupó de nuevo los dos dedos. Le imité y empecé a chuparme el semen, pero no fui consciente de ello hasta tuve la mano limpia. Me gustó el sabor y me gustó también verle como se chupaba los jugos de mí excitación. Me besó y me dio una de las cervezas que agradecí para quitarme un poco el sofocón. Cuando las terminamos me cogió de la mano y entramos al edificio. Me dijo que la próxima vez follaríamos y que era el mensaje que había escrito en mi espalda mientras bailábamos.


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