La presencia caprichosa de Lucía

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Termina el mes de octubre y en el ambiente se palpa que ya  se avecinan tiempos fríos. Lucía va de regreso a su apartamento, es sábado, último día de su semana laboral. Camina sin prisa por las calles casi vacías mientras unas ráfagas de viento se llevan revoloteando las hojas rojizas que empiezan a alfombrar el pavimento gris, mientras otras le traen el aroma a castañas recién hechas. Pensando en la tranquilidad de la tarde, planea llegar a casa y darse un baño caliente. Lucas no vendrá hasta la noche y traerá la cena.

 Mientras prepara la bañera, reflexiones de que últimamente el trabajo la tiene muy presionada y su jefa la marea todo lo que puede la van acompañando. Con una sonrisa se permite pensar en que esta noche, víspera de Todos los Santos, esa mujer áspera ya podría recibir una visita de algún espíritu fogoso que la suavice un poco. Luego se avergüenza de sus pensamientos... esa mujer no se suaviza ni con vaselina, ¡pobre espíritu fogoso! Y vuelve a sonreir.

La bañera está llena de agua caliente. La espuma cubre toda la parte superior formando pequeñas cumbres sobre los senos y las rodillas de Lucía. El gran espejo de pared está completamente entelado y una tenue neblina llena el cuarto de baño, dando un toque ocre a la luz de las velas. 

Sólo su cabeza sobresale libre de las blancas burbujas aromáticas.

Unas notas suenan en su cabeza y con los ojos cerrados tararea la letra, enviando su mente al entrañable lugar que describe la canción. Calor, sol, playa... El vapor que se eleva del agua humedece sus mejillas mientras su musculatura se relaja y su tensión también.

En su ensoñación, percibe una leve corriente de aire frio que enfría su rostro. De inmediato abre los ojos, aunque puede comprobar que nadie ha entrado en el baño. Vuelve a cerrarlos y continúa relajándose.

 Y las velas se apagan. 

 "Bueno, esto ya no tiene gracia... ", piensa.

 Alguien está en el baño, y solo puede ser Lucas, que habrá llegado antes de hora. Nota un pie que se introduce en la bañera, luego otro y seguidamente siente unas manos que acarician sus piernas. 

 Decide seguirle el juego.

 —¿Quién está ahí? — Finge estar asustada.

 No hay respuesta. Sólo siente el movimiento del agua al desplazarse. Un aliento recorre su cuello y unos labios acarician los suyos, provocándola, y  se deja llevar por la fogosidad de su pareja.

 La espuma de la bañera se va desvaneciendo con el movimiento de sus cuerpos, los suspiros de Lucía resuenan entrecortados y pequeños charcos se forman en el suelo tras el placentero encuentro.

 —Lucas, cariño, ha sido una sorpresa muy agradable... 

 La única respuesta es nuevamente el silencio.

 No sabe cómo ha podido salir Lucas sin que ella lo notara, pero vuelve a estar sola en el baño. 

Extrañada, se levanta y se envuelve en su toalla; cansada de la broma, sale del baño y recorre la casa. Está vacía. Mira en su movil. Tiene un mensaje por leer: "Lucía, lo siento, cariño, no podré ir esta noche. El toque de queda no me da tiempo de llegar a tu casa. Siento lo de la cena. Mañana nos vemos. Besos. Lucas".

 Un escalofrío recorre su espalda con la impresión y su mente intenta comprender lo que acaba de ocurrir... 

 

 

 

 

 

 

 


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