El tamaño sí importa

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La primera vez con Heidi, sucedió por casualidad, pero fue fabuloso, igual las siguientes fueron geniales, pero bastante ortodoxas en las prácticas sexuales, muy placenteras pero muy conservadoras si se quiere.

Aunque yo quería experimentar un poco más, decidí no forzar ni apresurar la situación porque la sentí inhibida, y por eso me sorprendí al recibir su mensaje: "quiero ir, y que me lo hagas anal, creo que tienes el tamaño ideal para disfrutarlo".

Mi respuesta rápida y obvia: "dime cuándo, pero Heidi, estás segura?". Aun cuando no se lo había pedido antes, ni lo habíamos hablado, en una ocasión al intentar tocar su ano, ella lo había rechazado y yo había desistido para no echar a perder el momento ni la relación.

Su respuesta: "Sí, estoy dispuesta. Había perdido el interés y el gusto, porque con mi ex-pareja, las últimas veces fue forzado y doloroso, pero creo puedo volver a gozarlo contigo, porque tú no actúas así, y pienso que tienes el tamaño adecuado".

Según acordamos pasé a las 3, nos dirigimos al motel, y de camino pregunté: "Heidi, ¿me explicarías eso del tamaño?". No te sientas mal, acotó, porque no es malo. Mi ex-pareja es en tamaño mucho más dotado que tú, pero eso mismo hacía que estar con él no fuera placentero, y algo como el "sexo anal" que antes gozaba mucho, por ese actuar irrespetuoso, algo violento y el gran volumen, hizo que perdiera mi interés. En tu caso asumo no será así, y quiero intentar volver a disfrutarlo.

Llegamos al motel. Mientras se llenaba el jacuzzi, jugueteábamos en la cama. Nos desnudamos. Y sin mucho preámbulo, Heidi tomó el gel, acariciaba mi pene con él, buscando mayor erección y lubricación, mientras susurraba a mi oído halagos y palabras sucias que me excitaban más. De repente, sobre la cama se colocó en 4, e inició a masajear y untar la entrada de su ano con gel, acto seguido exigió: "ven, métemela".

Me acerqué lentamente, me coloqué detrás, ella tomó mi pene y lo puso a la entrada de su ano, despacio empecé a penetrarla, pero en cuanto la sintió se tiró hacia atrás, prácticamente insertándose ella misma. Y en solo intento la penetré de una. Ella lanzó un grito, y temí lo peor. Heidi, ¿te lastimé? ¿Te dolió? pregunté y su respuesta fueron gemidos de "muévete, cógeme, me gusta, es lo que quería".

De más está decir lo que gozamos ambos durante esas horas, en que analmente lo hicimos, ya fuera así de perrito, o ella sobre mí en la cama, sobre la silla, en el borde del jacuzzi o bajo la ducha, al punto que en sus quejidos era imposible diferenciar si eran de placer o dolor, pero que al exigir más y más indicaba lo estaba disfrutando.

Salimos del motel, Heidi lucía radiante, feliz, y al dejarla cerca de su casa, se despidió diciendo: "viste que tienes el tamaño adecuado para tú gozar mi culo y yo a ti. Por eso el tamaño importa".


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