Lucía y el... sí, el sexo

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Después de... a Lucía le gusta fumarse un cigarrillo. Un pequeño placer que da por terminado el sexo. O no. Pueden ser los minutos de reposo propicios para que vuelva a producirse una nueva erección.

Lucas sale de la habitación que está junto al salón que utiliza como despacho los tres días a la semana que teletrabaja desde casa. Descubre a Lucía en el sofá, relajada, escuchando música con sus nuevos airpods en los oídos, los ojos cerrados, moviendo su cabeza y las caderas al son de la música. No duda en acercarse a la mujer, a su cuerpo semi desnudo, el tormento al que se tiene que enfrentar casi cada día. Solo mirarla ha hecho que sintiera un agradable calor en su parte más íntima. Llevan algunos días en dique seco y la sorpresa ha sido agradable. 

Más que agradable, ha sido como despertar a una pantera enjaulada.

Él la conoce muy bien, no ignora como excitar su lívido. Desliza unas caricias ingenuas en el lugar adecuado y ella le sonríe, quitándose los aparatitos de las orejas, interesada por lo que viene ahora. Eso le anima. Susurra unas palabras provocativas en su oído y unos besos mordisqueantes tientan su cuello... sabe que la respuesta de Lucía no se va a hacer esperar. 

A ella se le eriza la piel. Pequeñas contracciones musculares la hacen reaccionar abriendo la puerta de la jaula. Emerge entonces una sensual pantera, clavando su felina mirada en Lucas; sabe perfectamente lo que quiere, ya no va a dejarlo escapar vivo, no después de hacer arder su sangre.

Los dedos de Lucía le dejan grabados caminos en la piel de su espalda, esos labios rosados se apoderan de los de suyos, hambrientos, y con su pelvis marca los primeros roces, los que hace para averiguar el estado de la excitación masculina y que a él le vuelven loco.

Sus contorneos hacen subir la temperatura de Lucas y también de su miembro; ?l se deja hacer, no puede detenerla una vez ha puesto en marcha las fuerzas de la naturaleza.

Es un huracán que quiere devastar todo lo que encuentra a su paso. Sobre él, ella le provoca con una exhibición de sus instintos más básicos. Entre las luces y las sombras de la habitación, Lucas la mira a los ojos y éstos le devuelven su deseo, e inicia su propia aventura de sugerentes caricias en la femenina y suave piel avivando más el fuego en su cuerpo, desbordándola, cuando Lucía está ya tejiendo sus hilos para obtener su placer y brindarle a él su ansiado orgasmo. 

Al hombre le parece ver superpuesta en ella la imagen del bello felino, primitivo, con sus ronroneos hipnóticos, sus movimientos rítmicos, concentrados sus rasgos, el largo pelo color de la noche cayendo alrededor de su rostro, su voluptuoso cuerpo... pero sus ojos se desvanecen en ese instante para recibir el éxtasis imposible de detener, mientras los suspiros de ambos se entrelazan en el aire, y la humedad en sus cuerpos...

Después del sexo, a Lucía le gusta fumarse un cigarrillo...


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