¡Reencarné en un elfo! Cap. 7.1

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Capítulo 7.1 Evaluación avanzada.

 

Estar atrapado en el cuerpo de un bebé es de lo peor, lo digo en serio. Los adultos no te entienden, el hambre domina tus acciones y el sueño te somete sin dar tregua. Admito que me sentí asqueroso cuando deposité mis necesidades en el pañal de tela, pero, si apenas puedo gatear, ¿Cómo podría sentarme en el baño para evacuar? Lo peor de todo es tener que comer sin dientes, en especial si no te dan leche materna y básicamente te tienes que alimentar tú solo. 

 

“¡¡¡WuaaaaaaaaaaaAhhhh!!!” 

 

Un grito de bebé hace eco en toda la habitación. ¿Ese bebé fui yo? Sí, dejé salir un grito vergonzoso mientras me sentí frustrado por toda la situación. Ufff… qué alivio que nadie estaba cerca para saber que fui yo el que grité. Definitivamente estoy en un orfanato, lo mencionaron anoche cuando me enviaron en ese carruaje, por lo que debe haber más bebés cerca. Hasta el momento, tres personas han venido a mudarme, bañarme, vestirme y darme de comer. Traté de ser moderado al consumir lo que me daban, la última vez parece que mamá ya no tenía leche. A penas me sentí ligeramente satisfecho, no quise beber más y no recuerdo nada de lo que pasó hasta este momento. 

 

“Ahhhhhhh… que buena noche.” No recuerdo la última vez que dormí tan bien.

 

Mientras estiraba mis bracitos, acaricié mis largas orejas con curiosidad, eran casi lo único diferente al cuerpo de mi vida anterior. Al llegar hasta sus puntas agudas, noté que algo me hacía cosquillas en la mano. ¿Pelo? ¡Siii! ¡¡Pelo!! unos largos y extremadamente finos cabellos me crecieron de la noche a la mañana. Aún eran muy cortos para que alcanzara a ver su color, pero… ¡sin remordimientos!

 

“¡¡Aaiiichh!!” casi vuelvo a gritar como bebé del dolor, pero, al último momento, articulé una palabra más decente que no me dejara en vergüenza. Un corto, traslúcido y azul cabello colgaba entre mi pulgar y mi índice. “Woooohh…” definitivamente este es un mundo diferente. Tengo orejas de conejo, pelo azul y una piel… bueno, tan morena como lo era en mi vida pasada. No, tal vez… ¿exactamente igual de morena?

 

“¡Basta de tonterías! ¡Es solo un bebé!” Una voz con autoridad gritaba enfurecida. Otras voces, casi en susurros, trataban de explicar alguna situación que no alcancé a entender. “¡Entonces por qué no me avisaron!” El volumen iba aumentando, junto al sonido de sus pisadas. “¡Si ni siquiera dormí anoche! ¡La prioridad de todos ustedes DEBE ser ese bebé! ¿No lo entendieron?” Se hizo silencio justo cuando se sentían fuera de mi habitación. Tras unos segundos muy tensos, la puerta se abrió suavemente.

 

“Rápido, cubran las necesidades básicas del bebé, una vez esté listo lo llevaremos para realizarle todos los exámenes iniciales. Los esperaré allá mientras preparo todo lo necesario.” Sin decir más, la misma mujer grande que trató de hacerme creer que era mi mamá, dio la vuelta sobre sus talones y se fue con paso firme. Los tres asistentes que llegaron con ella dejaron escapar un suspiro de alivio y se acercaron a mí, con sus rostros pálidos, profundas ojeras y una mirada de extrañeza cuando me vieron acostado. 

 

“Este bebé no es normal… tengo miedo” Dijo una de las asistentes. “Jamás había visto un bebé comer de esa manera… eso significa también que el pañal está… iugghh lo suponía.” El único hombre del grupo se tapó la nariz al momento que revisaba cuanta popó hice en la noche. Tenía una sensación blanda y fría en mis nalgas, no lo había notado hasta ahora. “Cállense los dos, ¿acaso no saben que los pueden escuchar? Además, el bebé nos mira como si entendiera lo que hablamos. Límpialo y yo le daré de comer… por el bien de todos, por favor no dejemos que Doña Anhuar se vuelva a enojar.” La tercera asistente, que se veía más joven que los demás, apuró las labores y de alguna manera me alimentaron con leche embotellada al tiempo que limpiaban las travesuras que dejé en mi pañal.

 

No pasó mucho tiempo hasta que me tomaron en brazos y avanzamos por el patio interior del orfanato, donde pronto llegamos a una sala amplia. Esta estaba hermosamente decorada, con ventanales que cubrían toda una pared, dejando entrar la luz de una manera casi mística, como si una energía invisible la desviara a todos los rincones del lugar. Sin alcanzar a ver todo lo que me rodeaba, me depositaron en una plancha de metal fría que se hundió bajo mi cuerpo. 

 

“¡Once punto tres kilelfos de peso! ¡Doña Anhuar, se lo dije, esto es claramente anormal!” gritó el mismo asistente que me trajo en brazos. Los demás también saltaron por el alarido, mostrando en sus caras una mezcla de emociones entre miedo, curiosidad y sorpresa. “No hagas apreciaciones, está en la sexta página del primer tomo de mi método de crianza. En silencio continúa con el análisis físico.” Los tres asistentes bajaron la cabeza sumisamente, para luego estirar mi cuerpo y medirme con una franja metálica. “¡Oche.. ochenta centimetrelfos de altura!” “¡Señora...!” Una ayudante no alcanzó a gritar su sorpresa por una cortante mirada de la gran mujer.

 

“Si nos vamos a sorprender por cada cosa que suceda, nos desviaremos de poner atención a las cosas realmente importantes. Este niño tiene claramente la sangre de nuestra raza más intensa que he visto en mi vida, grita de ansias por crecer y desarrollarse fuerte. No es el único en su clase, yo misma era más alta que el resto de mis compañeros del colegio, incluso más que la mayoría de los hombres.” El orgullo que emanaba la gran mujer sería un comportamiento claramente ridículo en un adulto, si este fuese mi mundo, claro…  en cambio, aquí, todos parecen aceptar en silencio todo lo que les dicen. Tal vez... ¿esclavos? los miré con compasión.

 (Odio tanto el límite de palabras...)

 


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