El destino y el supositorio. Amor de primavera.

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                    Esa tarde, las nubes jugaban a ocultar el sol. Hacía buen tiempo y la primavera estaba muy cerca.

 

El teléfono sonó y pulsé el botón verde para descolgar.

 

- Hola Marcos, ¿qué tal el día?

 

- Hola Belén.- dije reconociendo la voz de mi ex-compañera de trabajo.

 

- Oye. Te acuerdas de Lucía. La amiga que os presente en la ofi en Noviembre del año pasado.

 

- Lucía...  No... ahora no recuerdo. A lo mejor no estuve ese día en la oficina.

 

- Bueno, el caso. - Continuó hablando Belén. - Es que ha venido a pasar unos días a mi casa. Pero ayer se puso mala, un poco de tos, fiebre.

 

- Vaya. - dije.

 

- No creo que sea gran cosa, pero... Sé que esto es un atraco, pero tengo que acabar un proyecto súper importante y no saldré de la oficina hasta tarde y me da palo dejar a Lucía sola. ¿Tú podrías acercarte y ver si necesita algo?

 

- Bueno. -

 

- ¡De verdad! eres un sol!... ya te invitaré a algo. -

 

- No hace falta.

 

- Además, es bastante monilla... creo que es tres años mayor... a lo mejor.

Colgé.

 

*********

 

                    A la hora señalada empujé la puerta del tercero A que se encontraba entreabierta y pasé. Me quité los zapatos y tras cerrar con llave, anuncié mi presencia. Una voz algo débil, pero que me pareció de lo más dulce, llegó desde la habitación que se encontraba al final del pasillo.

 

                    En el cuarto la temperatura era algo más alta que en el resto de la casa. La paciente estaba acostada boca arriba tapada con un edredón de tal manera que lo único que asomaba era su cabeza. Tenía los ojos medio cerrados y un trapo blanco en la frente. En una mesilla había una caja de paracetamol en pastillas,  un paquete de clínex y medio vaso de agua "manchado" con varias marcas de huellas dactilares. No muy lejos de la cama, una papelera medio vacía contenía una jeringa usada,  trozos de algodón y  restos de un vial. La luz de la tarde se colaba por una persiana a medio cerrar y una lámpara de mesa tenía la bombilla encendida. Olía, entre otros olores,  a una mezcla de  agua de colonia y alcohol.

 

- Hola, soy Marcos. - me presenté.

 

- Hola Marcos, gracias por venir. - respondió la chica con una sonrisa cansada mientras sacaba una mano para retirar el trapo de su frente. 

 

- ¿Qué tal te encuentras? -

 

- Agotada. Creo que me ha subido la fiebre. -

 

- ¿Voy a por el termómetro?-

 

- Sí, por favor. Esta aquí en el cajón de la mesilla. - dijo

 

- ¿Te traigo agua? - pregunté.

 

- Vale. Oye, ¿puedo hacerte una pregunta? - me dijo

 

- Sí, claro. En cuanto vuelva con el vaso me la haces.

******

 

                    A mi vuelta se incorporó un poco en la cama ayudándose con el brazo y bebió un trago entregándome el vaso de vuelta y dejándose caer de nuevo.

 

- ¿Cómo es que un chico como tú esta un viernes por la tarde en un sitio como este? -

 

- Bueno, Belén me pidió el favor. Además, no tenía planes.

 

- Ya, Belén es así. Mira que le dije que no anduviese molestando.

 

- No es molestia. Además, me alegro de haber tenido la oportunidad de conocerte.

 

- Belén tenía razón.

 

-¿En qué? - pregunté.

 

- Eres un sol... pero bueno, no quiero estropearte la tarde, ya has hecho mucho viniendo hasta aquí. Puedes irte cuando lo desees.

 

- Vale. Pero primero el termómetro a ver cuanta fiebre tienes.

 

Lucía se puso el termómetro bajo el sobaco y me lo devolvió un rato después.

 

- 39.9 - Leí en alto.

 

Luego le toqué la frente. Estaba muy caliente.

 

- Estás ardiendo. Quizás tendrías que tomarte una pastilla.

 

- No más pastillas, bastante revuelto tengo el estómago y la tripa.

 

- ¿Te duele?

 

- No, más que dolor es molestia y gases.

- Ya... - dije

- No pongas esa cara de susto. - dijo mirándome.  - Prometo no tirarme ningún pedo en tu presencia.

 

- No te preocupes por eso ahora. - le dije sin saber muy bien como responder a ese lenguaje tan directo que tenía.  

 

- Estoy bien - mintió. - de verdad, no necesito nada, solo estoy un poco cansada.

 

- Voy a hablar con Belén. Ella decidirá qué hacer.

 

- Sí, la "doctora" Belén... Dile de mi parte que aun me duele lo de esta mañana.

 

Luego añadió.

 

- Belén siempre se lleva a todos los tíos buenos.

 

Definitivamente deliraba.

 

****

 

- ¿Hablaste con Belén?, me preguntó en un susurro.

 

- Sí, acabo de colgar. Me dijo que en la nevera había supositorios y que te pusieses uno. Toma, aquí lo tienes.

 

- Avísame cuando acabes.  - dije mientras salía de la habitación.

 

- Espera. - me dijo la enferma con esfuerzo.

 

- Sí, respondí dando la vuelta y acercándome a la cama para que no forzase la voz.

 

- Estoy muy débil. No... - dijo y empezó a toser.

 

- No tengo fuerzas. ¿Podrías ponérmelo tú?

 

- Pero... cómo - dije tragando saliva.

 

- Espera, que me pongo boca abajo. - susurró moviendo  su cuerpo bajo el edredón para quedar boca abajo.  - Lista. Cuando quieras.

 

                    No sin cierto nerviosismo cogí el supositorio de la mesa y quité el envoltorio plateado. Casi se me cae, así que lo volví a posar en la mesilla con cuidado de que no echara a rodar.

 

                    Luego tiré del edredón descubriendo el cuerpo de la joven. Vestía un pijama algo arrugado. Puse mi atención en su trasero, había de actuar rápido para que la paciente  no cogiese frío. Agarré el supositorio con la mano derecha y con la izquierda me las arreglé para, con dos tirones, desnudarla.

 

- Ya falta poco. - dijo la enferma con un hilo de voz. - No te equivoques de agujero. - añadió y luego volvió a toser.

 

                    Definitivamente Lucía tenía un sentido del  humor muy particular, pero en esos momentos lo único que conseguía era ponerme muy nervioso.

 

- Silencio. - la regañe. - que esto no es fácil. -

 

                    Sin embargo, a partir de ese momento, quizás por las ganas que tenía de poner fin a la embarazosa situación,  todo fue más sencillo de lo esperado. Separé las nalgas, acerté con el agujero a la primera y el supositorio se coló con rapidez. En cuanto estuvo dentro, Lucía contrajo los glúteos de manera refleja. Le subí el pantalón del pijama lo mejor que pude y volví a taparla con el edredón.

 

- Buena, chica. Has sido muy valiente. -

 

- Gracias.- dijo la aludida

 

- De nada. - le dije con suavidad. - Y por cierto, no importa lo que digas. Me quedo aquí hasta que vuelva Belén.

 

- ¿Te gusta Belén? - me dijo.

 

- Me gusto hace tiempo. - respondí después de unos segundos de reflexión.

 

Luego, mirando a Lucía, añadí.

 

- Pero tú me gustas más.

 

 

****

 

                    La tarde de viernes no podía lucir más hermosa. Había flores por todas partes y los pájaros competían por turnos con sus trinos buscando el favor de las hembras.

 

                    Había pasado justo una semana desde mi encuentro fortuito con Lucía en aquella habitación con olor a alcohol.

 

- Marcos. - dijo la dulce voz de la persona que se sentaba junto a mí en el parque.

 

- Sí. - respondí mirándola.

 

- Creo que tu también me gustas. -

 

Aproveché ese momento para besarla en los labios. El mundo se volvió mágico.


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