¡Reencarné en un elfo! Cap. 12

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Capítulo 12. Castigo.


En un pasillo del orfanato…

“¡Te atrapé! ¡Vendrás conmigo y tendrás que dar muchas explicaciones después!”

Con una fuerza descomunal, la mujer me atrapó de una oreja cuando casi lograba escapar corriendo. El dolor agudo se extendió por el cuello, la espalda y las piernas, haciéndome perder de súbito toda resistencia que podía poner.

Se acabó. Recién llegué a este mundo y ya debo enfrentarme a la peor de todas las vergüenzas. Por más que limpié mis huellas y logré encontrar ropa limpia, sería imposible ocultar el desastre que dejé al sacarme el pañal.

Paramos frente una puerta y con ello se detuvo también el intenso dolor.

“¡¿Directora Anhuar?! ¿A qué debemos su honorable visita? ¿Y ese niño…? No me diga que…”

 

“Lo hablaremos luego profesor, ahora hay algo urgente que debo hacer en el orfanato. Dejo a este niño a su cuidado, espero que le pueda explicar bien sus deberes. Hasta pronto.”

 

Sin más. Anhuar me soltó la oreja y dio media vuelta antes de marcharse a paso firme. Algo claramente no encajaba en todo esto, debía estar sufriendo la peor vergüenza, pero…

 

“Vaya, vaya… qué tenemos aquí…” Un anciano de una barba tan larga como su cuerpo me observaba inquisitivamente.

 

Si no escuché mal, la señora le llamó profesor y él la llamó directora… por lo que esto debe ser…

 

“Estudiantes, pongan mucha atención, esta será una lección para todos nosotros.”

 

Miré alrededor y noté una decena de niños con las orejas tan largas como las mías. Estaban de rodillas sobre unos asientos que parecían troncos de madera que formaban una medialuna dentro del salón. Todos se veían de la misma edad e incluso parecía que eran todos idénticos, excepto sus peinados. 

 

¡Estoy en un maldito colegio para elfos! ¡ODIO TANTO LOS COLEGIOS!

 

“Primero, levante la mano quien sepa de qué se alimentan los dioses.”

 

El resultado era obvio, todos levantaros sus manos menos yo, que seguía de pie al lado de la puerta. Pero si pienso que la humillación escolar es un castigo suficiente para evitar la mayor de las vergüenzas… creo que estoy dispuesto a recibirlo valientemente.

 

“De nuestras plegarias y actos bondadosos, profesor.” Dijo con toda calma un elfo a quien se le permitió hablar.

 

“Nuestras plegarias, eso es correcto, incluso podrías sumarles las ofrendas, tanto una palabra como un regalo material. Ambas son las formas más aceptadas de ganar el favor de los dioses, pero están lejos de ser las únicas, ni mucho menos, hay más formas posibles de las que hemos descubierto aún. Para resumirlo en una sola idea, los dioses se alimentan de aquellas cosas que lo representan.”

 

¿De qué estaba hablando este viejo? ¿Mencionó a los dioses? Eso quiere decir que… ¡¿Este es un colegio religioso para elfos?! ¡ODIO TANTO LA RELIGIÓN!

 

Mientras mi espíritu de lucha se iba consumiendo por la tediosa charla, traté de retroceder unos pasos y salir del campo de visión de todos. Si hay algo que odio más que estudiar, es estudiar los dioses y sus mentiras.

 

Estaba a punto de darme coraje para correr cuando…

 

“¿Sigues de pie niño? Siéntate ya, esta clase entrará en la prueba de final de año.” Tomó mi hombro con una mano firme y me empujó al tronco vacío más cercano. No tenía respaldo ni cojín acolchado… para no destacar aún más, me senté de rodillas como todos los otros.

 

“¿Qué les estaba contando?... ¡Ah claro! Las diferentes formas de alimentarse que tienen los dioses. Cada uno posee sus propias maneras y las hemos descubierto poco a poco a través de los miles de años de adoración. Así sabemos que una cosecha abundante nutre a la deidad del cultivo; o un fuego que no se apaga puede hacer feliz a la diosa de la herrería; o una familia abundante en hijos recibe la bendición del dios de la fertilidad; o también…”

 

Cada vez tenía menos sentido lo que hablaba el sacerdote-profesor, si hay tantos dioses, deben tener enormes libros con innumerables alabanzas para todos. Solo pensar que pasaría el resto de mi infancia leyendo textos sagrados comenzó a malograrme… intenté desenfocar la vista, equilibrando mi cuerpo para moverme lo menos posible… así… lentamente…

 

Esta es una técnica secreta entrenada por años en mi anterior vida para evitar poner atención en el colegio. Y ya que estamos en un mundo de magia y elfos, diré que esta es mi primera habilidad especial… como tal merece un nombre digno: Retraimiento Ninja, nivel 1. ¿Su efecto? Separar mi mente de mi cuerpo, llevándome a un mundo de placer interior mientras mi cuerpo sufre cualquier tipo de ataque sonoro. Lo lamento mucho por mis oídos que tendrán que escuchar salmos y cánticos religiosos, pero mi mente lúcida es lo que más valoro en este preciso instante.  

 

“… es justamente eso lo que alimenta y hace feliz al último de los dioses. Espero que en sus mentes haya espacio para todo lo que les acabo de contar, en el examen se solicitarán ejemplos detallados para cada dios, incluyendo aquellos con características opuestas, como Painakau, deidad de la fiesta y el luto, o Puawi, el dios de la hambruna y la saciedad. Es importante que…”

 

*GOOOOOOOOOOOOOONG*

 

Un sonido metálico grave y profundo resonó en algún lugar cercano.  Fue tan sorpresivo que rompió por completo mis defensas mentales, perdiendo mi estado de paz interior. Cuando volví a enfocar la vista, noté que estaba lleno de muñecos de madera del mismo tamaño. Cada uno parecía una mezcla rara entre animales, humanos y otras cosas que no sabría cómo comenzar a describir. Supongo que el profesor-sacerdote los usaba de ejemplo mientras hablaba de cada uno…

 

A mi alrededor, todos se pusieron de pie e hicieron una pequeña reverencia, luego abandonaron rápidamente la sala. Pasó todo con tanta coordinación que quedé congelado en mi lugar varios segundos.

 

“¿Piensas quedarte para siempre aquí niño?” Me dijo malhumorado el profesor, guardando sus figuras divinas una a una dentro de un cofre. Una en particular llamó mi atención. Me puse de pie con las piernas dormidas y casi me caí llegando hasta los muñecos.

 

“Este cerdo alado… ¿cómo se llama?” Era casi exacto como en mi último sueño, solo que bastante más gordo a cómo lo recordaba. No recuerdo mis sueños, pero este en particular me quedó una imagen tan grabada en la mente que la reconocí de inmediato entre las figuras de madera.

 

“¡Sin tocar!”

 

*ZAZ*

 

“¡AH! ¡ESO DUELE!”

 

En menos de un parpadeo, el profesor había sacado una especie de látigo y lo azotó directamente contra mi mano. Al soltar el muñeco de madera, el mismo cable lo atrapó en el aire, amarrándose a él y volviendo de un vuelo a la mano del profesor. Tan rápido como sucedió todo, el látigo desapareció entre chispas amarillas.

 

“Veo que no conoces las mínimas reglas de la decencia, menos aún de la responsabilidad. Eso hace evidente que no eres de aquí, niño.” Su cara se puso sombría, emitiendo un aire amenazante que generó una reacción en cadena en toda mi piel. Esta persona era peligrosa.

 

“S-Sí profesor, llegué de bebé… quiero decir, soy un bebé en este lugar, a-acabo de llegar hace unos días y aún n-no entiendo las normas bien.”

 

“¿Acabas de llegar? Pero si no es temporada… ¿De dónde eres? ¿Cómo te llamas niño?”

 

Las dos preguntas que no podía responder de inmediato.

 

“Yo…”

 

Cuando empecé a entra en pánico, alguien dio unos golpes a la puerta y se dirigió con respeto al profesor. Llevábamos la misma ropa, pero le quedaba mucho mejor a él que a mí, emitiendo un porte digno de alguien noble y refinado.

 

“Buen día profesor, disculpe mi intromisión. Tengo el deber de informarle que se realizará una reunión de emergencia dentro de una hora en el salón de profesores. La directora Anhuar hizo el llamado con el fin de discutir asuntos de orden público y seguridad, por lo que su asistencia es de alta relevancia.” El joven se veía seguro en cada una de sus palabras, como si lo hubiera practicado innumerables veces ante un espejo.

 

“¿Dices que la misma directora liderará la reunión? Ya veo… quizás por eso la vi tan agitada hace un rato.” El profesor se acariciaba la barba mientras hablaba para sí mismo cada vez más bajo. Cuando pareció llegar a una conclusión, tomó el cofre con las figuras divinas y se marchó del salón sin mirar atrás.

 

¿Eso significa que ya quedé libre? ¿Y qué pasó con la interrogación de antes?

 

“… me escuchas?”

 

Estaba tan absorto en mis ideas que no noté que el joven refinado seguía en el salón, incluso parecía estarme hablando hace un rato.

 

“¡Sí señor! Quiero decir… no… ¿Qué me decías?”

 

“Que si eres nuevo en el orfanato.”

 

¿Él también lo notó tan fácil?

 

“Ah, no te confundas, no estoy sospechando de ti, solo escuché lo que hablaba el profesor unos segundos antes de golpear la puerta y esa ropa claramente no corresponde a tu cuerpo.” Entre mi escape y la posterior captura, esta fue la única ropa que encontré colgada en una silla, no podía ser quisquilloso con la talla y esas cosas.

 

“Yo…”

 

Pensé en inventar otra mentira, pero no podía escapar para siempre con un cuerpo tan pequeño. Además, si es un estudiante como yo, creo que debería ser más fácil que hablar con un profesor.

 

“La verdad es que llegué hace poco a este lugar y estoy completamente perdido.”

 

El joven solo se limitó a sonreír gentilmente y bajó un poco sus rodillas para estar más cercano a mi altura.

 

“No tienes que contarme nada más, de seguro no te hicieron la inducción cuando llegaste. Ven, te mostraré los dormitorios, iremos a comer y si tienes preguntas me las puedes decir el camino. ¿Qué? ¿No tienes hambre acaso?” Apuntó a mi estómago con una sonrisa diferente a la anterior.

 

Comida.

 

*BRRRRRUUUUUUUMBRRRRRRR*

 

Mi estómago hizo su propia presentación. En el preciso instante en que pensé en comida, sentí un vacío doloroso dentro de mí, tanto que comencé a sentirme mareado, me transpiraron las manos y unos puntos negros se iban apoderando de mi campo de visión…

 

“¡Oye no te caigas! ¡Mira, un dragón!”

 

“¿Un draggg…!!!??”

 

Sin tener tiempo de resistirme, aprovechó que tenía la boca abierta y me introdujo un trozo de pan blando. Fue tal la sorpresa que casi me atraganto e intenté escupirlo, pero para mi asombro, y contra mi voluntad, mi boca comenzó a masticar y tragar. Realmente fue como si alguien tomara mi mandíbula con sus manos e hiciera el trabajo de comer por mí… ¿Qué acaba de pasar?

 

“¡Oye! ¿¡Qué hiciste!?”

 

“¡Sí que tenías hambre!” Riéndose, me dio unas palmadas suaves en la cabeza. “Toma, hay más si quieres.”

 

“Estoy biegggg…!!!” Otro pedazo de pan entró a mi boca y, a pesar que puse todo mi esfuerzo en escupirla, mis dientes se movieron solos y me vi obligado a tragar. Estaba a punto de enojarme cuando noté que ya no me sentía mareado y estaba totalmente lúcido. “Yo… realmente estoy bien! ¡Gracias!”

 

“Bueno, creo que primero iremos a comer, luego te enseñaré los dormitorios ¿Te parece bien?” Sin más, se dio la vuelta abriendo la puerta para salir, pero me quedé de pie dudoso un momento. “¿Mmmh? ¿No vendrás?”

 

“¿No me preguntará como me llamo o de dónde vengo?” No sabía su actitud era una trampa o algo para obtener algo de mí, parecía demasiado bueno para ser real.

 

“¿Realmente importa? En un orfanato todos tenemos pasado, pero nuestro pasado nos arrojó a este lugar. ¿Tal vez perdiste a tus padres? ¿Tal vez creciste solo en el bosque? Da igual, acá puedes ser quien quieras, tomar tus decisiones y decidir tu propio destino, solo tienes que seguir las reglas comunitarias, es fácil, ¿Lo ves? De todas maneras, yo no te pregunto tu pasado, tú no me preguntas el mío, es la regla básica de este lugar. Incluso puedo ayudarte a inventar un nombre nuevo que te guste… De todas maneras… ¿No tenías hambre?”

 

Comida.

 

*BRRRRRUUUUUUUMBRRRRRRR*

 

Mi estómago volvió a gritar por sí mismo y casi por reflejo un nuevo trozo de pan entraba a mi boca. Esta vez pude predecir sus movimientos y poner mis manos sobre mi boca, evitando así la vergonzosa situación de ser alimentado por otra persona. Le quité lo que tenía en la mano y salí primero del salón mientras lo masticaba lentamente.

 

Sé que debería estar feliz por tener algo así como un nuevo amigo, pero en mi mente solo existía pensamientos para comida… pollo a las brasas, papas fritas, chocolate, carne asada, sopa de fideos, salchichas, uff… antes de darme cuenta ya habíamos llegado a la puerta del comedor.

 

Nada me preparó para lo que vería a continuación.


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