CUIDANDO A LA ANCIANA

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Aquel sábado por la noche volví a casa antes de lo que había previsto.

Había quedado con George para cenar y después tomar una copa con la intención de acabar en su piso compartido follando hasta el amanecer como habíamos hecho tantas veces. George es un compañero de carrera al que conozco desde que la empezamos juntos y desde la primera vez que quedamos, siempre hemos acabado en la cama sin compromiso por parte de ninguno. Nos gusta follar juntos y lo hacemos cuando nos apetece.

Aquella noche, ya en la cena, empezó a beber más de lo habitual en él y se lo dije. No le dio importancia y siguió tomando vino hasta que se acabó la botella. La verdad es que no parecía afectado cuando salimos del restaurante y nos fuimos a un pub donde tomarnos un par de copas.

Ya al empezar la segunda, noté que se le trababa un poco la lengua y le dije que no bebiera más porque le estaba sentando mal. No me hizo caso y siguió bebiendo hasta que me vi obligada a llevarle a su casa. Le desnudé y le acosté con la ayuda de su compañero de piso y me marché a casa un tanto frustrada porque la noche no había terminado como había previsto. Esperaba haber tenido aquella noche su pene duro en la boca antes de metérmelo entre las piernas, pero se había quedado muerto sin y posibilidad de revivirlo por culpa del alcohol.

Por razones económicas en ese momento no tenía casa propia. Mi padre se había quedado en paro a los cincuenta y seis años y con poca cotización porque una parte importante de su salario había sido en “B”. Ya no me podía seguir manteniendo en Madrid para estudiar y tuve que buscarme la vida para poder acabar la carrera.

A través de una compañera me enteré de un matrimonio que estaba buscando a alguien para que viviera con la madre de ella ya mayor. No como personal de servicio sino como compañía y se me permitía asistir a la facultad, incluso salir algunos sábados por la noche cuando se quedaban la hija y el marido a dormir en casa de la señora.

La casa estaba en una urbanización de lujo a las afueras de Madrid en la zona norte. Entre las ventajas de aquel trabajo es que disponía de uno de los tres coches que había en el garaje para mi uso personal y que nadie usaba.

Caliente y cabreada me fui a casa con la intención de hacerme un par de pajas y dormirme. Al llegar había luz en el salón y me asomé para avisar que ya estaba en casa y dar las buenas noches. Me sorprendió ver a la hija de la señora sentada en un sofá del salón en ropa interior y solo cubierta por una bata semi transparente de lencería. El marido solo tenía puesto el pantalón de pijama. Tenían la tele encendida y estaban viendo una peli porno.

Un poco cortada di las buenas noches y cuando me retiraba me llamo la mujer y me dijo que había vuelto muy pronto. Dije que la noche se había interrumpido porque mi amigo se empezó a sentir mal y le tuve que acompañar a su casa.

Se miraron y me dijeron que me sentara con ellos a tomar una copa mientras el marido apagaba el televisor. No me apetecía mucho pero eran solo las doce y media de un sábado y me pareció una descortesía no aceptar.

Me senté en un sillón y el marido me preguntó que me apetecía tomar. Me sirvió un gin tonic y se sentó junto a su mujer. Al sentarse se acomodó el pantalón y me pareció ver su entrepierna abultada y deduje que no llevaba ropa interior y debía estar medio empalmado. Deduje que les había interrumpido el polvo y no entendí que no me hubieran despachado rápido en vez de invitarme a tomar una copa con ellos. La película que estaban viendo era un indicio claro de mis sospechas.

El marido se sentó junto a su mujer y le pasó el brazo por los hombros. Ella se dejó caer hacia adelante sobre él y apoyó la mano sobre su muslo. Hasta ahí todo normal, éramos tres adultos tomando una copa y charlando de cosas triviales como la marcha de mis estudios y mis planes de futuro una vez acabara la carrera al año siguiente.

Como quien no quiere la cosa, ella empezó a subir la mano hacia su paquete hasta que fue evidente que la tenía sobre el pene y se lo acariciaba despacio. Empezaba a sentirme incómoda con la situación y ellos conscientes me propusieron abiertamente una sesión de sexo entre los tres.

Les dije que no me apetecía porque estaba cansada para no quedar de estrecha aun cuando he tenido sexo varias veces con más de una persona. Ella se levantó y vino hacía quitándose la bata. Fui a levantarme y ella fue más rápida. Se sentó en mis piernas con los muslos a los costados de mí cadera y me puso las tetas delante de la cara. La retiré hacia un lado para evitar el contacto pero fue inútil, ya las tenía pegadas.

Al ver que yo no reaccionaba como ella deseaba le dijo al marido que añadiera un aliciente. Este sacó un billete de doscientos euros y se lo metió en el sujetador mientras me decía que no me sintiera ofendida por el dinero porque era una atención para ayudarme económicamente y no un pago por estar con ellos. Ella se sacó el billete y me lo metió en el bolsillo de la camisa aprovechando para cogerme el pecho.

Volvió a poner sus tetas sobre mi cara, esta vez aplastándolas, cuando me percaté de que el marido tenía la polla fuera del pantalón y la acercaba a mi boca. Caliente como había llegado a casa y verle la polla tan grande, sobre todo gruesa, me dije que era mejor tenerla dentro, aunque compartida, que hacerme una paja a solas. Acepté la polla abriendo los labios y empecé a mamársela apreciando como crecía dentro de la boca.

La señora se levantó y empezó a darle azotes en el culo mientras yo seguía con lo mío. Me la metió hasta la garganta cuando ella le metió dos dedos en el culo y empezó a follarle hasta que a punto de correrse y paró.

Me desnudaron entre los dos mientras me pasaban la lengua por todas partes. Una vez desnuda me chuparon los dos el coño al mismo tiempo.

El señor se sentó en la butaca y yo encima dándole la espalda. Mientras me penetraba, la señora me lamía el clítoris con la lengua. Me corrí dos veces seguidas antes de que me la sacara para correrse en la boca de su mujer. Se tragó todo lo que el marido expulsó mientras se masturbaba ella misma hasta que se corrió.

Nos incorporamos y me dijeron que me podía ir a dormir si quería. La verdad es que hubiera preferido seguir un rato más porque la ocasión prometía, pero entendí que querían seguir solos y acepté su sugerencia.


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